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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Oct142006

Jornada del 12 de octubre, en Mochicahui y en Los Mochis, Sinaloa.

Durante el acto público en Mochicahui Lea aquí la transcripción

En la reunión con estudiantes de la Universidad Autónoma Indígena de México Lea aquí la transcripción

Mitin público en Los Mochis Lea aquí la transcripción

Descarga de audios y textos al final del artículo

Traslado a La Paz en el ferry

Palabras del Delegado Zero, acto público en la plaza de Mochicahui.
Sinaloa.
12 de octubre del 2006

Buenas tardes, les agradecemos la paciencia para esperar la palabra que traemos de varias partes. Agradecemos a las autoridades yoreme la invitación y a la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma Indígena de México.

Uno se puede estar preguntando de qué se trata todo esto. Déjenme tratar de explicarlo.

A lo mejor alguien que esté escuchando es anciano o es anciana, y se da cuenta que lo están tratando como si fuera una batería o la pila de un radio que ya no tiene carga, y después de años y años de estar trabajado y estar luchando, ahora lo quieren hacer a un lado como si ya no sirviera. Lo quieren echar a la basura, no importa si es hombre o mujer, si ya tiene edad, si ya no sirve —como dicen ellos allá arriba—, entonces se tratan de deshacer de él. Tal vez su familia se acuerde y tenga memoria y lo cuide, precisamente como pago y como honra a toda la vida de trabajo que tuvo. Pero allá, los políticos y los grandes poderosos, para ellos, sólo están estorbando y están esperando a que se mueran. Tal vez piensan verlos en una esquina pidiendo limosna, tal vez ni siquiera eso, ya no cuentan para ellos porque ya no le pueden sacar ganancia.

Tal vez me está escuchando una mujer de edad media, que está luchando en su casa o en su trabajo y que ve, en cada momento, que la paga que tiene para poder sobrevivir, para darle a su familia, se va reduciendo. Y no entiende porqué todo el día está trabajando, en la casa o en un lugar, o en la escuela, y como quiera, no puede cambiar de nivel de vida. Y ve cómo arriba los políticos de un día para otro se empiezan a enriquecer. Y luego ve que en las noticias sale que son unos ladrones, y ve que nunca pisan la cárcel, ve que nunca tienen castigo.

Tal vez me escuche un señor también de edad media, trabajador, maestro, vendedor de la calle, campesino, pescador, indígena yoreme. Y ve también que todo el día está trabajando, y como quiera no alcanza la paga. Ve que tiene que estar arañando el bolsillo para sacarle unos cuantos pesos, y como quiera no resulta nada bueno. Ve cómo la autoridad lo humilla, la policía, el funcionario, los políticos. Y ve cómo se burlan de él en los medios de comunicación: se burlan de su color, de su forma de hablar, de cómo visten. Y ve que sólo en las noticias hay atención para los grandes señorones, los trajeados, los de corbata, los grandes políticos, no importa las tarugadas que digan, como ése que dice que es presidente de México que se llama Vicente Fox.

Y tal vez me escuche también una mujer joven, y vea en el futuro de su madre anciana, de su abuela, su propio futuro: ahora sirve porque puede satisfacer el deseo sexual de alguien, porque puede trabajar, porque puede parir hijos, porque puede aprender a cocinar o no. Es también una mercancía, es también una cosa para el resto de la gente. Y ni siquiera se puede arriesgar a vestirse como quiera, porque tiene que andar con el pendiente a la hora que sale a la calle, de día o de noche, de que le falten al respeto, de que la agredan, o incluso de que la violen o la maten, y que no tome en cuenta tampoco eso.

Y tal vez me escucha también un joven, y ve cuenta también que no importa lo que se esfuerce para poder estudiar, como quiera la universidad cada vez es más cara, la preparatoria, la secundaria, la primaria. Y al final, después de estarle dando y dando, no encuentra trabajo.

Y tal vez es un trabajador, hombre o mujer joven, y ve también que le empiezan a quitar la tierra, que el producto que siembra o el producto que pesca no tiene precio. Y de una u otra forma empieza a plantearse que tiene que dejar esta tierra, tiene que dejar Sinaloa, tiene que dejar México, e irse a otro país: en otra cultura, con otra lengua, a buscar algo de dinero y algo de comida, para poder mandarle a su familia que queda acá, en los Mochis, o en Sinaloa.

Y hay un niño, una niña, que me está escuchando, que ve que ya no va a poder ir a la escuela, porque sus papás le dicen que ya no hay dinero. O ve que es valorada también —hombre o mujer, niño— nada más por su color. Ve también que se le pone a competir uno a otro entre los niños, ve que no tiene que ser su trabajo aprender y jugar, sino ya desde pequeño tiene que aprender a trabajar y a llevar algo a comer.

Y uno se pregunta: ¿cómo vamos a resolver esto? Si es posible, o si es un sueño un mundo donde las mujeres jóvenes puedan salir a cualquier hora del día y caminar sin temor a ser agredidas.

Un joven que se pueda vestir como quiera, escuchar la música que quiera y hablar como quiera, sin que lo traten como delincuente.

Un anciano que sea mirado con respeto, una anciana que sea escuchada con admiración.

Un trabajador que vaya con felicidad a trabajar y regrese con un pago justo a su casa, que pueda ir a la escuela —si no ha ido—, que pueda ir al cine, que pueda divertirse, que pueda hacer algo sano y feliz, sin necesidad de tener la angustia de qué va a hacer al día siguiente. Y lo sabe cualquier trabajador o trabajadora: ni siquiera está seguro si va a tener el empleo mañana, ni siquiera firmó contrato, y si firmó un papel, es el de su renuncia. Y a la hora que quiera el patrón le puede decir: “¡vete!”, sin indemnización, sin jubilación, sin ninguna prestación social.

Y aparte hay que enfermarse, porque a menos que seamos de acero inoxidable, nos enfermamos. Y ¿en dónde está tomado en cuenta la medicina, el doctor? Dice el Fox que hay seguro popular, lo sabemos que no es cierto, lo sabemos que hay que pagar por la medicina y hay que pagar por el doctor. Y a lo mejor son enfermedades graves y es mucho tiempo y medicina muy cara, ¿de dónde va a salir? Y si alguien se enferma y falta al trabajo, ¿acaso el patrón va a tener consideración de uno? Decir: “bueno está bien, te enfermaste, no importa que no hayas llegado”. No, o te corren o te descuentan el día.

Y así cada día y cada noche. Y cada noche que se acuestan a dormir está la angustia de qué va a pasar al día siguiente, por uno mismo, por los hijos, por los hermanos, por los padres, por los abuelos. Siempre una angustia tras otra y nunca la tranquilidad de poder saber que se va a vivir bien, con felicidad, con justicia, con libertad.

Y entonces vienen los políticos y nos dicen: “si votas por mí, yo te voy a resolver ese problema”. Y a lo mejor les creemos. A lo mejor vamos y decimos: “sí, está bien el PRI, o está bien el PAN, o está bien el PRD”. Y pasan tres años y no pasó nada. Y pasan seis años y no pasó nada. Y pasan diez, doce, veinte, treinta años, y van brincando los políticos de un lado para otro, y las condiciones en nuestras casas, en nuestro trabajo, en la calle, siguen siendo las mismas, hasta que uno deja de creer.

Y de pronto llegan unos que dicen que son de la Otra Campaña. Y llega uno que tiene la cara tapada y ni siquiera sabemos cómo es. Y nos empieza a hablar y a decirnos que tenemos que organizarnos y estar juntos. Y viene desde Chiapas, desde las montañas del sureste mexicano, que están en la otra orilla de este país. Y nos empieza a hablar de un lugar de Sinaloa que se llama Dautillos —que es una comunidad pesquera— y otra que se llama Teacapán —también comunidad pesquera—. En el Dautillos están viviendo entre basura. El Dautillos queda en Novalato, como a cuarenta minutos de Culiacán, no en Chiapas, queda aquí en Sinaloa.

Y aquí están los yoreme, los mayos, en Sinaloa, que ni siquiera son reconocidos por el gobierno que son indígenas, porque el gobierno dice que en Sinaloa no hay indígenas, puro yori, puro mestizo, puro ladino, pero estamos viendo que no es cierto.

¿Y si nosotros juntamos este dolor?, y en lugar de pensar que alguien va a venir a resolverlo —el encapuchado o el que tiene el rostro descubierto—, porque el problema aquí no es el rostro. Porque ustedes conocen el rostro de Fox y saben también que es un hijo de la fregada. Y conocen el de Calderón y todos sabemos lo qué va a hacer en el gobierno. Y conocemos el rostro del gobernador y del presidente municipal, y sabemos que se va a enriquecer: que si no tenía casa, va a tener dos o tres, que si no tenía auto va a tener varios, hasta varias mujeres y varias familias que va a estar manteniendo. Y uno se pregunta ¿de dónde saca el dinero? Y nos damos cuenta que no tiene un trabajo, ni siembra, ni trabaja, ni produce, ni vende, simplemente está sentado en un lugar o se pone de pie y se pasea y le sacan fotos los periodistas y sale en los noticieros y nada más. Y por eso le están pagando un dineral.

Y uno se pregunta ¿por qué el que no trabaja tiene, y por qué el que sí trabaja no tiene? Y entonces uno tiene que escoger, compañeros y compañeras, si vamos a esperar que aquí a esta comunidad, o aquí a este estado de Sinaloa, va a llegar alguien y les va a prometer mentiras. Y las mentiras, lo saben bien los yoreme, y lo sabemos bien todos lo pueblos indígenas de este país, no sirven para comer, sirven para engañarse nada más.

Lo que nosotros les estamos diciendo es que no crean en nadie, en nadie que no sean ustedes. ¿Quién puede conocer mejor que ustedes las necesidades de este pueblo, de su trabajo y de su casa? Que entre todos se organicen y ustedes planteen, así como la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma Indígena de México está planteando sus necesidades, y que luchen, pero ya no luchen solos.

Que se sepa en todo el país lo que está ocurriendo aquí, no sólo con los indígenas yoreme, con los mayos, también con las amas de casa, con los jóvenes, con las mujeres, con los ancianos, con los trabajadores, con los empleados, con la gente que vende cosas en la calle para poder sobrevivir. Y a la hora que luche, tenga una hermana, un hermano, alguien que apoye en otra parte del país que es también mexicano, como somos nosotros indígenas de raíz maya, allá en las montañas del sureste mexicano.

Si nosotros nos organizamos para pelear y tuvimos el apoyo de ustedes para conseguir el respeto para los derechos y la cultura indígena, sepan que nos traicionaron los políticos, todos, no hubo uno que apoyara, aunque hablaron muy bonito y dijeron que sí iban a respetar a los indígenas. Todos: PRI, PAN y PRD dijeron que no, que los indígenas sólo sirven para pedir limosna, que los indígenas sólo sirven para dar lástima, que sigue siendo un delito en este país tener un color, tener una lengua y tener un tamaño que no es el de ellos.

Y sigue siendo un delito ser mujer joven. En todas partes hemos escuchado que a las mujeres las agraden, las violan y las asesinan, así como agredieron y violaron a las mujeres jóvenes en Atenco que son como la mayoría de las que están aquí: jóvenes que tenían ganas de luchar.

Y los trabajadores, los campesinos, los indígenas, también, en todas partes somos los mismos, hablamos diferentes lenguas, pero en todas partes somos despreciados. Aquí con nosotros en la Otra Campaña viene gente de varias organizaciones, grupos y colectivos. Varios de ellos se dedican a recabar su voz, a tomarles fotos, videos, pero no para que salgan en la policía, sino para que los conozcan y los vean a ustedes en otras partes de México. Hablaba con los pescadores de Dautillos —del camarón—, de todo lo que sufren, que es el mismo sufrimiento que tienen los chiapanecos de la Costa del Pacífico, que también tienen esos problemas.

Y a la hora que los vean a ustedes —gracias a estos compañeros que se llaman de medios alternativos o de medios libres—, otras gentes los van a ver en otras partes de Sinaloa, y del país, y de México, y del mundo. No se va a quedar aquí. A lo mejor van a buscar en las televisiones comerciales o en los periódicos a ver si salieron y no contaron.

Y aquí lo que cuenta en esto de la Otra Campaña no es el Marcos, no es el EZLN, lo que cuenta es la gente como ustedes. Porque ustedes pueden hacer la cuenta de cuando pasaron los políticos aquí, que llegaron y les prometieron una cosa y otro, y se fueron. Ni siquiera los miraron, ni siquiera se dieron cuenta si los estaban escuchando. Y ninguno de ellos se tomó la molestia de preguntarles qué necesitan, cómo están viviendo en su casa, cuánto les están cobrando de luz, del teléfono, de predial, de renta, del agua, del drenaje. Porque si les hubieran preguntado, ustedes les hubieran dicho la verdad: “no se puede, no alcanza, ya no más, ya basta, ya no aguantamos”. Eso lo dijimos nosotros el primero de enero del 94, indígenas.

Y yo no soy el jefe de esa organización, es gente como ustedes. Y les aviso porque es la primera vez que venimos, pero vamos a volver a venir, porque para nosotros Sinaloa es también México, no nada más Chiapas.

Y cuando volvamos otra vez, van a ver ustedes a mis compañeros y mis compañeras jefes y jefas. Y van a ver que son señoras como ustedes, hombres como ustedes. La mayoría de ellos no habla español, la mayoría de ellos nunca fue a la escuela, la mayoría de ellos tiene que trabajar igual que ustedes para poder vivir. Son campesinos que trabajan la tierra, pequeños artesanos, vendedores ambulantes, que saben lo que es el dolor de abajo.

Y no van a venir a decirles qué hacer, ni les van a venir a dar órdenes. Van a venir como venimos nosotros: a escucharlos y a conocerlos, y a decirles que hay que organizarse a luchar aquí. Y el que tiene que mandar aquí son ustedes, nadie más, ningún político de fuera, ni de otro estado, ni de otro país, sino que la misma comunidad de aquí. Así como los yoreme se están organizando para mandarse ellos mismos, para que nadie más los mande.

Y entonces uno se pregunta: “bueno ¿y si no hago eso qué?”. Porque a lo mejor alguno que me está escuchando dice: “pues cada quien se rasca con sus uñas”, pero ya lo vieron en tanto años que no resulta. Si cada quien se preocupa de su propio problema, no lo resuelven. Las cosas que tienen es porque les costaron trabajo: su casa, sus muebles, su ropa, su trabajo, lo poco que tengan para poder vivir, lo consiguieron ustedes, no vino nadie, ningún candidato ni nadie de fuera a regalárselos. Ustedes lo tuvieron que conseguir con su trabajo. Entonces nosotros preguntamos: si ustedes tienen lo que tienen porque lucharon, entonces ¿por qué conformarnos con que otros se estén quedando con los que nosotros hacemos?

Porque ustedes pueden ver lo de Sinaloa, nosotros ya vimos —estamos terminando hoy de recorrer una parte del estado—. Y lo que vimos son grandes casas donde viven los políticos, grandes autos en donde se mueven los políticos, lugares limpios y muy hermosos que es donde viven los políticos. Y donde está la basura es donde vive la gente pobre, donde está el desprecio es donde vive la gente pobre.

Y fuimos y les preguntamos porqué estaban pobres. A lo mejor uno puede pensar que son pobres porque quieren, porque dios así lo quiso o porque fue su destino, o tuvieron mala suerte. Pero no, es gente que trabaja y esa gente que trabaja no tiene nada, entonces ¿por qué el que no trabaja sí tiene? Y viera que sólo fuese en Sinaloa, pero en los veintidós estados que hemos recorrido es igual, y estoy seguro que en los diez estados que nos faltan de recorrer va a ser igual.

Y a lo mejor dicen aquí, en esta comunidad: “pues si nos organizamos nosotros somos muy pequeños, ellos son muy poderosos”. Pero si unimos toda la fuerza de Sinaloa con toda la fuerza del resto del país, las cosas van a cambiar.

Compañeros y compañeras: y si no lo hacemos, todo esto va a ser destruido. ¿Ustedes creen que los ricos quieren vivir con nosotros? Si nos desprecian, no les gusta como olemos, no les gusta el color, no les gusta la forma en que vestimos, quieren que nos vayamos a otra parte o que nos muramos. Por eso hay tanta gente en Estados Unidos trabajando, porque la han despojado de la tierra, porque la han enfrentado uno con otro, así como nos platicaron. Nos platicaba la compañera de Carrizo Grande: “hacer que se peleen entre los de la misma comunidad en lugar de resolver el problema y entonces ellos quedarse con todo”. Por eso que les están quitando las tierras comunales y, a cada quien, a cada uno de nosotros nos están quitando algo.

Y hay algo muy importante que nosotros podemos decir si no los quitan o no, que se llama la dignidad. Y la dignidad, a lo mejor suena una palabra dura o diferente, pero quiere decir: el respeto a uno mismo y el respeto al otro.

¿Ustedes creen que ellos que están allá arriba nos respetan? Ni siquiera contamos para nada. A la hora que hay que votar, entonces sí, y después ya nada. Qué les importa a ellos si la luz subió si no la pagan, qué les importa si se corta el agua si no la usan, qué les importa si la escuela no tiene instalaciones si sus hijos no estudian ahí, estudian en universidades en el extranjero.

Y qué les importa si a ustedes los humillan. Las mujeres en el trabajo, si el jefe les dice que tienen que hacerle un favor para poder conservar el empleo.

Que le dicen pues al trabajador si le quitan su trabajo, si le reducen el salario, si no le dan vacaciones ni aguinaldo, no les importa porque ellos no son los que están trabajando.

Entonces: o luchamos y nos organizamos entre nosotros o no lo va a hacer nadie. Nosotros ya lo hicimos, no estamos contando un sueño.

Allá en las comunidades indígenas zapatistas nunca llegó el gobierno, nunca se acordó de nosotros, no existíamos, así como aquí en Sinaloa el gobierno no sabe que existían los mayos —todavía no sabe, a lo mejor se va a enterar después de esto—, allá tampoco existíamos nosotros para nadie.

Si tanto tiempo estuvimos luchando y sobreviviendo sin gobierno, ¿ahora para qué lo queremos? Nosotros mismos nos mandamos, nosotros ponemos nuestras autoridades y no queremos pues que nuestros dirigentes se corrompan, que se hagan ricos. Si entra algo de paga es para hacer una escuela, un hospital. Y la tenemos, así como los compañeros tienen aquí la universidad indígena, allá tenemos escuelas primarias y secundarias, hasta ahí llegamos, pero tenemos hospitales. ¿Saben qué?, en nuestras comunidades la salud es gratuita, no se le cobra, y antes ni siquiera había hospital. Y ahí ser indígena es un orgullo, no hay nadie que se arrepiente, porque ahí cualquier indígena luchó porque lo respetaran, muchos de nosotros con las armas, otros no, nada más organizándose.

Y nosotros no los estamos llamando para que se levanten en armas, no les estamos diciendo: “pónganse un pasamontañas, agarren una arma y váyanse a la sierra a pelear contra el gobierno”. No, nosotros los estamos llamando a luchar pacíficamente, aquí, que se organicen. Y no le van a quitar nada a nadie, es su derecho por el que van a demandar, es su derecho por el que se van a organizar. Y a lo mejor dicen: “eso ha pasado ya antes”. Sí, pero lo que no ha pasado es que lo hagamos todos juntos, los de abajo en este país. Y entonces veamos si nos podemos organizar así, y van a ver que entonces vamos a preguntar: ¿para qué queremos PRI, PAN y PRD? No los queremos para nada. Y todo ese dinero que se están robando se va a poder invertir aquí, en esta comunidad, en este estado, en esta parte de este país, y va a ser para la gente de abajo.

Y va a llegar el día, porque va a llegar, en que el niño sólo se preocupe de estudiar y de jugar.

En que el joven pueda oír la música que quiere y vestirse como quiera sin que lo traten como delincuente.

Que la mujer joven pueda divertirse, vestirse y ser ella, sin temor de ser atacada.

Que el trabajador sea respetado como el mejor de este país, porque es el que lo hace andar.

Y que los ancianos sean saludados y respetados como alguien que nos enseñó el camino y nos enseñó lo que es de la vida.

Es ese mundo y es ese México el que queremos nosotros. No uno en donde esté Marcos mandando u otro, sino uno donde la misma gente se mande a sí misma y pueda vivir con libertad, con democracia, con justicia.

A eso los estamos invitando, ustedes véanlo, píenselo. Nosotros no les estamos pidiendo que se vayan a ningún lado: aquí en su colonia, en su escuela, en su centro de trabajo, vean y empiecen a ver las cosas de otra forma, empiecen a juntarse y sin que nadie los mande, sin que nadie dirija, organicen entre ustedes y echemos trato.

Vamos siendo compañeros y apoyándonos. Y a la hora que ustedes luchen por algo, nosotros, allá en las montañas del sureste mexicano y estos compañeros que viene de la Otra Campaña, en otras partes del país, van a levantar la voz junto con ustedes. Y va a empezar a darse otro rostro a Sinaloa, no el que sale en los periódicos, de que pues el narcotráfico —que ya mataron a uno y ya mataron a otro—, o el de los políticos —que ya se robó tanto dinero, que ya se escapó—, sino va a salir en nuestras noticias, en las de abajo: que la gente de Sinaloa, la gente de abajo se está organizando y está luchando por lo que merece, que es un Sinaloa mejor.

Gracias compañeros, gracias compañeras.

Mochicahui, Sinaloa
Reunión con estudiantes de la Universidad Autónoma Indígena de México

12 de octubre del 2006

Bueno, compañeros, compañeras: otra vez las gracias, como dijo el compañero de Guadalajara, porque nos están recibiendo. Hay algunas preguntas y algunos problemas que hay aquí. El fundamental que es: ¿qué es la Otra Campaña y de qué se trata? o el plan —como dicen ustedes— lo voy a dejar al final.

Como pueblos indios tenemos un problema, lo explicó el compañero Juan Chávez que es purépecha del Congreso Nacional Indígena. Miren, en las mediciones que hay en el gobierno, un pueblo progresa si deja de hablar lengua india. Hay una estadística que dice: “la situación de desarrollo y progreso de una comunidad” Y el criterio para decir que esa comunidad está desarrollándose es: cuando más gente habla español y menos gente habla lengua indígena.

Entonces, lo que está diciendo aquí el gobierno en México es que, el ser indígena es ser subdesarrollado. Y que en el momento en que los indígenas dejen de serlo, entonces van a avanzar. De hecho es lo que permea —o sea, lo que hay más— en la cultura en México. Ser indígena significa: subdesarrollo, ignorancia, pereza. Y dejar de ser indígena quiere decir: progreso, cultura, inteligencia.
Así lo han vendido, y por eso se exige mucho a los indígenas, por medio de la burla, del racismo, del desprecio, de que renieguen de su propia cultura. Esto parte de una ignorancia fundamental: lo que los pueblos indios significan para este país, una parte. Porque gracias a los pueblos indios hubo la primera independencia, gracias a los pueblos indios hubo la Revolución Mexicana. Y gracias a los pueblos indios se han dado las grandes transformaciones en este país.

Pero eso se les olvida. Aparece Hidalgo, pero se olvida todo el ejército indígena que fue el Ejército Insurgente de la guerra de Independencia. Se habla de Villa y de Zapata y se olvida de todos los pueblos indios que se alzaron junto con ellos que fueron los que derrotaron al ejército federal. Y ahora, se habla de Marcos y se olvida de las comunidades zapatistas que son las que han levantado y organizado todo lo que tenemos allá ¿no?

Esto es importante porque los medios masivos de comunicación manejan la información como si fuera una mercancía: entonces, lo que vende sirve; y lo que no vende no sirve. Estos compañeros de los medios alternativos, su característica fundamental es que la información no es una mercancía. No reciben paga pues, no venden la noticia, ni venden su trabajo. Es su forma de lucha y ésta va a ser una característica fundamental en la Otra Campaña: que cada quien que entra está aportando su forma de luchar.

Yo he escuchado aquí ahorita, y en el mitin y cuando estábamos haciendo el recorrido por la universidad, que están demandando que necesitan apoyo, para su lucha, para tener mejores instalaciones. El problema ustedes lo conocen mejor que yo, va a ser que cuando esta lucha se levante, va a venir el gobernador o el presidente municipal de El Fuerte, se va a tomar la foto y va a decir: “esto es lo que hacemos por los indígenas”. Y anda vete, ya no vamos a saber si en la construcción es un cascaron, o si sí tiene los servicios.

Porque ahí la información se convirtió en una mercancía. El apoyo que necesitan para su movimiento no va a venir de afuera, ni del de arriba. Va a venir de la gente de abajo. Y esa gente de abajo no se va a enterar por la televisión comercial ni por los periódicos comerciales. A lo mejor algún reportero logra colar una nota y cuenta la historia de la Universidad Autónoma Indígena de México, y la historia de los yoreme, y la historia de los mayos, y cómo se organizan aquí, como hay gente de varios países, de varios estados y de varios pueblos indígenas de nuestro país aquí luchando, por hacerse de una educación. Y como decía la compañera: no para enriquecerse, sino para regresar a las comunidades y aplicar esos conocimientos.

La forma en que se van a enterar en Chiapas, en Oaxaca, en Veracruz, en Chihuahua con los raramuris, los mayos de Sonora, los yaquis, los pimas, los seris, los pápagos, los cucapás, pueblos que ni siquiera sabíamos que existían y nadie nos lo vino a decir, son ellos mismos que se levantaron y dijeron: “yo soy”. Pero pudo llegar la palabra a otros lados, gracias a gente como estos que son de los medios alternativos, que no les importa si la noticia es famosa o si va a vender. Aquí no importa qué dijo Marcos, sino que dijeron los chiapanecos, los oaxaqueños, los nicaragüenses, venezolanos y ecuatorianos que estuvieron aquí en esta reunión.

Y eso lo van a escuchar otros indígenas en otras partes, gracias a esos medios alternativos. Esa va a ser una de las características de la Otra Campaña: que sea posible que se comuniquen entre la gente de abajo, no entre los grandes políticos y los grandes empresarios, sino la gente de abajo, la que no cuenta allá afuera. Que sea posible escuchar su historia de lucha y sus aspiraciones.
En este caso, en el caso de ustedes, está la historia de su lucha para lograr construir esto, para echarlo andar, para hacerlo funcionar con objetivos nobles, no puedo calificarlos de otra manera. Y además, las dificultades que tienen, porque es necesario que una escuela tenga maestros, además de estudiantes. Porque luego puede haber maestros y escuelas, pero no va a haber estudiantes, porque no hay la paga para poder llegar. Porque lo sabemos bien que en este sistema no basta querer aprender, hay que tener dinero para poder aprender.

Y luego sigue la siguiente parte del problema que es: los que estudian y aprenden y terminan una carrera, y luego de qué van a vivir. No es tanto el problema de qué van a vivir: ¿cómo van a aplicar lo que aprendieron? El problema que planteó el compañero que estudia Derecho. El problema que se va a enfrentar al salir afuera es: o se hace un abogado corrupto —o sea exitoso—, o pone al servicio de su gente sus conocimientos.

Y nos vamos a empezar a dar cuenta de que hay esta disparidad: de que no es cierto que somos todos iguales ante la ley. La justicia en México no procede por la racionalidad que está en el libro de la Constitución Mexicana, procede con la racionalidad del dinero. Y la racionalidad del dinero es: el que tiene manda, y el que no tiene obedece. Es decir: el que tiene dinero gana, y el que no tiene dinero pierde.

Entonces, si para ellos allá arriba nosotros vamos a ser mejores seres humanos, si dejamos de ser lo que somos. O sea, el zapoteco tiene que dejar de ser zapoteco; el huichol dejar de ser huichol; el tzeltal, el chol tiene que dejar de ser eso. Y a veces no sólo renegar de su ropa, de su cultura, de todo lo que enseñaron, sino a veces renegar de su color. Y entonces, que se sienta mal por ser moreno, o por tener una estatura o un físico que, según los patrones que hay allá afuera —los patrones de belleza—, no es bello, aunque dentro de nuestros pueblos eso sea la belleza.

Entonces, por todos lados nos están diciendo: “deja de ser lo que eres” como pueblos indios, pero también como jóvenes. Estos compañeros que pasaron ahorita, pues ahora sí que estamos entre compañeros y no hay problema, pero si salen afuera inmediatamente los ven y luego, luego se cuidan la bolsa para ver si no les van a quitar la cartera. O imaginan inmediatamente que son narcotraficantes, o cualquier cosa, nada más por una forma de vestir o de tener el cabello. Y nadie se preocupa por conocer la historia de Raquel, por ejemplo, o de los otros compas que han pasado, o los que no pasan porque su trabajo es escuchar, no hablar. Igual, nadie se preocupa de conocer la historia de cada uno de nosotros, más que la Otra Campaña. Esa es la diferencia. Y no sólo de conocerla, sino de que otros la conozcan a través de estos compañeros de los medios alternativos.
El México que nos estamos proponiendo nosotros no es un cambio de leyes, no sólo un cambio de leyes. Es un cambio fundamental de cómo está organizada la sociedad. Y un cambio fundamental en los valores del ser humano. Si hasta ahora vale el que tiene, ahora se trata de que valga el que sea, el que es uno mismo. Y el que es indígena, que valga como es indígena. Y el que es joven, punk, libertario, anarquista —cualquiera que sea—, que valga por eso, por lo que aporta a la sociedad, en ese sentimiento de solidaridad que es el que allá afuera no vale.

Allá afuera es a ver a quién aplastas, y a ver cómo le haces y así vas a poder avanzar. Y no importa qué crimen cometas, el chiste es que tengas las palancas para librarla. Y lo van a saber como abogados, como ingenieros, como lo que sea. La compañera se preocupa del medio ambiente. ¿Qué es lo que nos dicen en los periódicos, las noticias y todo eso? Que nosotros desperdiciamos el agua si a la hora de tomar un vaso de agua se nos caen unas gotas. Y se nos hace responsables a cada uno de nosotros de la destrucción de la naturaleza. Compañeros: el que está destruyendo y desperdiciando el agua no es el que lava su jardín. Son las grandes empresa como la Coca Cola, que están robando el agua de los manantiales y la están convirtiendo en mercancía. A veces como una botella —como las que nos pusieron allá arriba, que ven que yo siempre la bajo—, que es una mercancía, y a veces a través de un refresco.

Los que están destruyendo las aguas son las grandes empresas hoteleras, que invaden comunidades indígenas, y sobre esos ríos y manantiales construyen centros turísticos que son ensuciados y destruidos por la gente que viene de fuera, los turistas. Les digo esto porque hace rato me preguntaron los medios comerciales allá cuando estábamos en el otro edificio, que por qué había muchos extranjeros en la Otra Campaña. Les dijimos: bueno, primero no es cierto, la mayoría son mexicanos, pero ojalá vinieran más extranjeros porque junto con nosotros estamos viniendo a aprender, a aprender de los yoreme, a aprender de la Universidad Autónoma Indígena de México. ¿Y a aprender de qué lugar? De cada lugar que vamos. Pero ellos no vienen a destruir nada, al revés, vienen a hacerla florecer la palabra de ustedes, y hacerla que renazca en Australia, por ejemplo, que queda algo lejos de acá. Y nadie más lo va a hacer, más que la Otra Campaña. Ni el PRD, ni el PRI, ni el PAN.

El PRD va a sacar cuentas y decir: “a ver cuántas credenciales de elector hay aquí, ¡Ah! son votos, ¿cuándo hay elecciones en Sinaloa? tal día, a ver a quién ponemos de candidato”. Y al rato le van a ofrecer a Doña Julia que sea candidata, si es que va a jalar los votos. Y no le importa las demandas indígenas. Y no le importa las demandas de la Universidad, ni las demandas ni las expectativas de cada uno de ustedes.

Nosotros decimos: se trata de que esa voz de ustedes, donde cuentan su historia, sus necesidades, llegue a otras partes, y tampoco se quede en el oído, porque entonces ahora que se escucha de esta lucha de ustedes —gracias a estos compañeros de los medios alternativos—, otros van a decir: “oye ¿qué paso con los yoreme allá de Sinaloa, del norte?”. No pues siguen sin hacerles caso. “Oye pues hay que hacer algo para que su voz se escuche”. Y en una parte y en otra, gente de abajo —no van a ser grandes políticos— va a empezar a hacer algo, a levantar la voz también por ustedes, como nosotros pedimos que la levanten por otros, no sólo por nosotros.

Está el compañero Octavio que es del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, que es de Atenco. Ahí tenemos un dolor nuestro, no sólo de ellos, sino también nuestro. Son mujeres como ustedes, estaban ahí llegó la policía y las empezó a golpear porque eran mujeres, no porque eran rebeldes. Y las humillaron por se mujeres, porque tienen cuerpo de de mujer. Y las violaron como mujeres, nada más por eso, por la gana de decir: “yo mando, yo tengo la fuerza”. Ese fue su único delito, y por eso llevan todos los meses que llevan en la cárcel.

Y una de esas mujeres es una indígena mazahua, se llama Magdalena. Ella es mazahua, trabaja en la Ciudad de México —trabajaba— como trabaja la mayoría de los indígenas en la Ciudad de México, como vendedora ambulante. Y nos contaba la historia de cómo llegaba la policía y los golpeaba. Si tú te preguntas ¿quién mandaba la policía ahí? yo te digo que es la del PRD. Y si te digo quién era el gobierno: Andrés Manuel López Obrador. Ése que dice que es la esperanza y que es el futuro pues para los pobres. Ése fue el que golpeó a esa gente, cuando era vendedora ambulante.

Ella junto con su grupo de indígenas mazahuas que trabajan ahí dice: “yo quiero entrar a la Otra Campaña, no voy a dejar de ser mazahua, porque la Otra Campaña me dice que me respeta. Ni voy a dejar mi organización porque la Otra Campaña dice que respeta a cada organización”. Voy a entrar a la Otra Campaña porque así me voy a unir, por ejemplo, con los yoreme de Sinaloa. Y entonces vamos a luchar juntos porque nos respeten como indígenas. Pero no que todos seamos mazahuas, ni todos yoreme, ni todos tzeltales, ni todos tzotziles, ni todos choles. Sino que cada quien sea lo que es, y nos respeten como lo que somos, y nos valoren como lo que somos.

Unos días antes de ser detenida, Doña Magdalena habló en el mitin del primero de mayo, que fue ahí en el zócalo de la Ciudad de México. Había mucha gente, no sé cuánta pero es de los mítines más grandes que ha hecho la Otra Campaña. Y ahí habló y dijo: “por esto vale la pena morir”, casi textual. Porque como quiera uno se puede morir por cualquier cosa, y aquí nos estamos muriendo por una causa. Tres días después estuvieron a punto de matarla. Y desde tres días después, hasta la fecha, está en la cárcel porque es sospechosa de ser de Atenco. Y ella no vive en Atenco. Ella es mazahua, es de otra parte y está en el DF, no en el estado de México. Y simplemente porque estaba ahí, y porque estaba ahí para apoyar a los compañeros y compañeras de Atenco, nada más.

Es como si aquí hay una represión, y a Raquel o a cualquiera los agarran, por que es sospechosa de ser yoreme. Y su único delito es que esté aquí con ustedes, apoyándolos en la lucha por la Universidad Autónoma Indígena de México. Y eso es lo que está pasando en todo el país. A veces sale en la noticia, a veces no sale. Pero lo que sí está pasando es que se están dando todas estas uniones.

El problema que van a tener ustedes como egresados de la universidad, cuando regresen a sus comunidades, es que van a topar pared. Se van a encontrar con que el sistema judicial, jurídico pues, la destrucción de la naturaleza y todo eso tiene una ley de respaldo. El que te está destruyendo la naturaleza, son las autoridades de Semarnat, las que se suponen que tienen que cuidarla. Ellos están dando las leyes para que puedan entrar las empresas hoteleras.

Mira, fuimos a Quintana Roo, ahí hay indígenas mayas, mero mayas —nosotros somos de raíz maya pero no mero maya—. Entonces, hay unos pescadores mero ahí donde entran los huracanes a cada rato. Entró el huracán y les destrozó todo. Y sabes ¿para dónde fue la ayuda de Fox? Para los hoteleros. Y los campesinos y los pescadores a ver cómo le hacen. Tienen una playa muy bonita, la tenían. Entonces, les gustó a los hoteleros para apoderarse de ella y poner un hotel. Pero es tierra ejidal, se supone que no se las podían quitar. Y entonces, empezaron a hacer mañas de leyes, del sistema jurídico, para despojarlos. Y les pusieron una barda, como la que están poniendo en la frontera para que no pasen los mexicanos. Ésta era en México, para que no pasaran los mexicanos. Y está la playa y hay una barda que la rodea. Y los que eran propietarios de esas tierras, están de este lado de la barda. Y del otro lado de la barda están los ricos que la compraron, con engaños además.

Y cada vez que éstos, los indígenas de este lado se organizan para reclamar esa tierra: a la cárcel, los golpes, las amenazas. Y no se rinden: una y otra vuelta. Y hasta ahora estaban solos. Ahora ya no están solos. Y a lo mejor poco podemos hacer levantando la voz, pero es mucho más que ignorarlo. Y hasta ahora lo ignorábamos. Igual va a ser, el problema no va a ser el sistema jurídico pluricultural, o el problema de las leyes. Y lo dijo perfectamente el compañero: “una cosa son las leyes, y otra cosa es quién las hace y quién las cumple”. Y a veces que no basta aunque haya buenas leyes, si los jueces son corruptos, si la policía es corrupta o criminal, como ya conocemos. Y si todo el sistema judicial está hecho para beneficiar al rico y afectar al pobre.

Lo que nosotros pensamos es que vamos a ir topando pared cada quien en su lado. Ustedes como Universidad Autónoma Indígena, nosotros como pueblos indios zapatistas, los purépechas de Juan y de Chava también en sus demandas, los compañeros de medios alternativos. Cada quien en su lugar va a ir topando pared. Porque hay un sistema que es el que se encarga de perseguirlos a ellos por cómo se peinan y se visten, de impedir que ustedes aprendan, de impedir que cuando ustedes regresan puedan aplicar en beneficio de su pueblo lo que aprendieron, que a nosotros nos impide ser respetados como indígenas, y todo lo que cada uno está topando. Es el sistema.

Entonces, nosotros decimos: lo que tenemos que hacer es destruir ese sistema. Es el que hace que Ulises Ruiz esté en Oaxaca, cuando nadie lo quiere, ni su mamá lo quiere, ya lo dijo —yo creo que lo dijo porque como a cada rato le mientan la madre, pues ya la mamá ha de decir: no, yo no lo conozco—. Es el mismo que puso a Fox, es el mismo que puso a Fox, que pone a Calderón, que pone a los gobernantes que hay y a los grandes empresarios que son los que están despojando de la tierra.

Entonces, nosotros decimos: hay que sacarlos. Hay que sacarlos y organizarnos entre nosotros. Que en esta Universidad, así como está, la comunidad decida qué hacer. Pero no se resuelva sólo el problema en qué van a estudiar y que tengan la comida, y que tengan el hospedaje y los libros y buenos maestros. El problema es también que cuando salgan, haya trabajo. Y el trabajo sea digno. Porque luego se van a encontrar que igual que alguien que sale de una universidad reconocida, no van a aplicar lo que aprendieron.

Entonces, nosotros decimos que hay que hacer las dos luchas: la lucha particular que cada quien está llevando. Por ejemplo ustedes aquí en la Universidad Autónoma Indígena de México. Y la lucha general, donde nos unimos entre todos. Así conservamos nuestra identidad, nuestra demanda, nuestro sueño particular, y nos hacemos el sueño general. El que nos va a permitir a todos poder descansar, luchar, trabajar, con libertad, que eso es lo que queremos.

Entonces, en este caso, las palabras que han dicho ustedes, no dependen de que si yo me acuerdo, o si nos vamos y luego hay mucha gente que se acercó y ya no se va a acercar. Sino que la Otra Campaña los va a mantener vivos. Y no es que vamos a pedir cuota. Lo único que les vamos a pedir es que el oído que recibieron, lo regresen. Y que escuchen ahora que pasemos con los mayos, yaquis, seris, y pápagos en Sonora, los escuchen ustedes. Y a lo mejor van a encontrar muchas cosas.

Que así como escuchan a Oaxaca ahora que se está levantando por las noticias, la sigan escuchando aunque ya no esté en las noticias. Y que escuchen a las comunidades zapatistas, con o sin Marcos, incluso por encima de él. O más allá de su pasamontaña. Y luego, que cuando lleguemos a la frontera y encontremos en Tijuana, en Ensenada, y todo eso, a otros mexicanos que no son indígenas y que también están luchando por lo mismo. Porque tienen su sueño particular, y tienen una pesadilla general, que es el sistema capitalista.

El plan que tenemos nosotros, a grandes rasgos, es: conocernos entre todos, unirnos —sin que nadie mande, que cada quien se respete—, y esa lucha unida dirigirla contra un enemigo. Derrocar al gobierno, correr a los ricos y hacer otro país, y otra ley: una nueva Constitución. Ta fácil ¿no? Ahí está: u, a, b, c, d… Nomás que cuesta. Y ahorita en la etapa en la que estamos —que habíamos suspendido por lo que pasó que nos explicaba el compañero Octavio en Atenco— es que nos conozcamos en todo el país quiénes son. Donde pasamos están saliendo estás luchas. Porque no es como cuando pasa un candidato que alguien se para y dice: “pues yo necesito techo para mi casa”. Y ya ven si le dan o no le dan.

Aquí lo que está saliendo son historias de lucha, no sólo necesidades. Así como ustedes pueden dar cuenta de eso. Ustedes pueden decir aquí hay una necesidad de educación y de preparación técnica, cultural, científica. Pero hay una lucha que la está resolviendo y está enfrentando problemas. Así en cada parte del país, en cada rincón, hay esas necesidades y gente que está luchando, pero que no se conocía. Y la Otra Campaña lo que está haciendo es que se conozca.
Y luego tenemos que preguntarle a todos: ¿ahora cómo le hacemos? Porque no se trata de qué dice el EZLN, o qué dice Marcos, o qué dicen los compas de los medios alternativos. Sino qué dicen todos. Porque si vamos a hacer otra política, quiere decir que vamos a tomar en cuenta a la gente. No importa quién sea. No importa si habla bien o no habla. No importa si es grande o pequeño. No importa si es joven o es viejo, o es niño. Lo que importa es qué mundo está viendo, y cómo podemos ponernos de acuerdo para que ese mundo sea posible.

Nosotros imaginamos esto: el mundo que está luchando el compañero de medios alternativos es diferente a la del yoreme, y diferente al del zapatista. Para él el mundo tendrá un color, para ustedes otro, y para nosotros otro. Es cuando nosotros decimos: necesitamos un mundo donde quepan todos esos mundos. Porque si el compa de medios alternativos nos dice: “se chingan todos y todos van a ser como yo digo”, ya perdimos. O si ustedes dicen: “todos tiene que ser como los yoreme”, o como los tzeltales, o como los tzotziles… Igual, ya perdimos. Eso no va a ser posible.

Necesitaríamos hacer el acuerdo que se respete su modo de ellos, con libertad y sin persecución. El nuestro, igual. Y el de ustedes, de cada uno de ustedes. A veces, es individual, a veces es familiar, a veces de organización, a veces de grupo. Nosotros decimos: ese mundo sí es posible. Más: no sólo es posible, es necesario. Porque el otro, el que están ofreciendo está llevando a la humanidad a la destrucción. Y destrucción real, no estoy usando una imagen literaria.

Son territorios enteros destruidos. Porque al mismo tiempo, donde hemos pasado y hemos visto estas luchas, hemos visto ríos contaminados —lo platicó Don Juan en su intervención de hace rato—. Los ríos que cubrían el territorio yaqui, completamente contaminados o sin agua. Y él nos contaba hace tiempo, dice: “y yo pasé hace un año o dos y era… daba gusto era agua limpia, y bien bordeado, y todo verde. Y ahorita ya no hay nada o está sucia”. Ahí hubo una destrucción.

A lo mejor en la comunidad pesquera de Dautillos, hace años, estaban los pescadores y estaba normal. Ahorita hay un basurero. Y la basura no la echan ellos. Llega el camión de basura y lo bota por ahí. Lo usan como basurero, y que si lo clausuran. Y ahora la basura que se junta, no llegan a recogerla. Dicen: “nosotros nada más queremos eso, que no nos tengan como en chiquero” —ya ves cuando tienen a los cuches, a los puercos, pues ahí los tienen donde tienen la basura—. Has de cuenta ahí, pero ahí hay mujeres, niños, ancianos, hombres, viviendo.

O la gente que está viviendo también, como en Teacapán —o Teacapan, como le quieran decir—, también dice: “es que aquí no se puede vivir porque es insalubre, pero no hay dónde irse”. No es que digan: bueno, pues me cambio y ahora me voy a ir a Los Mochis a vivir”. No pues es que aquí nací y no tengo para dónde hacerme. ¿Y dónde están las condiciones de salud para poder vivir ahí? O las de trabajo, porque ellos viven del camarón.

Nos están contando la historia ahí en Dautillos de dos pescadores que van en su lancha —es una lancha como del tamaño de esta mesa—. Entonces, andan y los persigue un guardacostas de la marina mexicana, que es un barco que es como del tamaño de la escuela, de este edificio. Entonces, les dice que se detengan. Los va a meter a la cárcel por violar la veda de camarón. Llevaban 40 kilos de camarón. Los iban a meter a la cárcel por eso. Por supuesto, los compañeros dijeron: “no, pues de güey me detengo”. Entonces, se siguieron y les aventaron el barco encima, les rompieron la lancha. Y uno de ellos quedó privado, a punto de ahogarse, y el otro compañero lo agarró y lo llevó nadando a la orilla y ahí lo hizo, le dio respiración boca a boca, lo resucitó pues. Y de los marinos nadie dijo nada. Y ahí mismo, ahí cerquita hay una armadora de camarón —o sea, una gran empresa— con chingo de barcos camaroneros llevando toneladas de camarón en la veda, y nadie les dice nada. Porque se mocha con el jefe de la zona naval, o sea, le da dinero.

Entonces, esa historia no se conoce, pues la tenemos que conocer nosotros. Y tenemos que decir que tiene que cambiar ahí la situación, que es la misma que impide que la Universidad Autónoma Indígena de México tenga presupuesto, instalaciones cabales como necesita. Y es la misma que impide que ustedes cuando regresen a ejercer su profesión tengan un trabajo digno. Y es la misma la que persigue al compa por cómo se peina. Y es la misma que se burla de Raquel por cómo habla. Y la misma que se burla de nosotros porque somos indígenas y, además, nos enorgullece serlo.
Eso es lo que nosotros queremos hacer. Y que sea en todo el país. No que sean los zapatistas por allá y los yoreme por acá, y por allá otros. Sino que todos unidos, respetándonos. Porque en el momento en que alguien quiere ya empezar a mandar, entonces hay alguien que dice: “yo no estoy de acuerdo con que me manden”, porque ese es el germen de la rebeldía. Y la única forma en que entre rebeldes se puedan organizar y unir, es respetándose.

Entonces, la Otra Campaña es lo que está tratando de hacer. A veces podemos, a veces no podemos. Ahí vamos, batallando. Pero es tan grande lo que nos hemos propuesto, que nos obliga a todos a hacernos grandes. Y no me refiero al físico, sino al corazón. Porque el sueño que tenemos nosotros no cabe en cualquier cabeza, ni en cualquier dormitorio. Sólo cabe en corazones grandes y en gente que ve muy lejos. Ésos somos los que estamos en la Otra Campaña. A lo mejor somos pocos, pero estamos decididos a todo. A todo para conseguir eso, porque sabemos que es el único futuro.

Si no logramos nosotros lo que queremos, no va a haber Universidad Autónoma Indígena de México. Ni va a haber comunidad yoreme. Ni va a haber El Fuerte, Sinaloa. Ni va a haber Sinaloa. Todo esto va a ser un gran centro comercial, o un centro turístico. Y nosotros vamos a estar desde afuera, a través de la barda o en un hoyo de la pared, asomándonos a lo que pudo ser nuestro futuro, y es de otros.

Es todo, compañeros, compañeras. Gracias.

Palabras del Delegado Zero, acto público en Los Mochis.
12 de octubre del 2006

Buenas tardes Sinaloa, buenas tardes Los Mochis.

Compañeros y compañeras: hoy terminamos con este acto nuestra visita en el estado de Sinaloa, con éste es el estado veintidós que hemos venido recorriendo en la Otra Campaña. Y queremos agradecer aquí en Los Mochis, que todo momento en que estuvimos en sus tierras sinaloenses, recibimos respeto y atenciones.

En Teacapán, con los pescadores del camarón, en Mazatlán con la comunidad lesbico-gay, con los jóvenes punks, anarquistas, libertarios, con los maestros y estudiantes, investigadores de la Autónoma de Sinaloa. También en Culiacán, también en el Dautillo, con una comunidad de pescadores. En Culiacán con estudiantes y maestros y trabajadores y ahora, también acá, con la comunidad indígena yoreme y ahora con ustedes. Pura gente decente, no políticos, tal vez por eso nos fue bien y nos trataron bien y recibimos la palabra de respeto, porque no hablamos con ningún político. Hablamos con pura gente humilde y sencilla, así como ustedes, y nos contaron la historia, no sólo la historia de su dolor, sino también la historia de su lucha.

Y vimos como a los camaroneros, a familias enteras se les está quitando el trabajo, se les trata como animales y como delincuentes. Si salen a pescar el camarón son detenidos por la Marina y metidos a la cárcel. Apenas tienen unas lanchas para poder conseguir para comer, inmediatamente son puestos, detenidos y puestos en la cárcel, mientras los grandes barcos de las grandes empresas, van y vienen con el camarón, sin que nadie les diga nada.

Vimos también a los jóvenes que nos platicaron cómo son perseguidos por su forma de vestir, por su forma de peinarse.

Vimos a campesinos a que se les ha quitado la tierra.

Vimos a los indígenas también luchando por una educación digna, y también despreciados y humillados nada más por su color y por su lengua y por su cultura.

Y vimos a jóvenes, ancianos, a personas como ustedes, que son trabajadores, y que como todos nosotros, nos tienen como atados a un árbol y que sólo cada vez que hay elecciones nos sueltan una mano, para que marquemos una boleta.

Pero lo sabemos bien que no cambia nada para nosotros, ustedes lo pueden ver en sus hogares y en sus centros de trabajo: sigue subiendo la luz, siguen subiendo los impuestos, el teléfono, el agua. Y no dejan de trabajar menos, al revés, tienen que trabajar más. Según la cuenta, ahorita un salario mínimo anda entre 45 y 46 pesos y para poder vivir decentemente se necesitan 485 pesos al día. Necesitarían trabajar ochenta horas en un día, y no se puede: sólo tiene 24. Y ¿qué es lo que hacen? Que trabaja otro de la familia: la señora, el señor, el hijo que ya está creciendo. Y hay que olvidar la escuela, porque hay que conseguir para comer, y no pueden elegir entre el estudio o vivir, porque uno siempre tiene que elegir vivir.
Y este problema no es nada más de los indígenas, lo sabemos bien, cualquier gente que tiene que trabajar para vivir, hombre o mujer, niño, joven o anciano, ve que no importa cuando trabaje, como quiera a la hora que tiene que poner algo en su mesa, cada vez es menos y cada vez es de peor calidad.

Si son empleados, si son vendedores ambulantes, si son pequeños comerciantes, ustedes saben que hay que mocharse con el funcionario. Y resulta que están trabajando para poder darle una mordida para que los deje estar en la calle y poder vender algo.

Si son empleados les dicen que van a trabajar ocho horas, tienen que entrar a una hora y salen a la hora que el patrón quiere y no les van a pagar horas extras.

Si ya son grandes de edad, llevaron toda su vida trabajando y a la hora de la hora son botados sin jubilación, sin ninguna prestación y, además, con el desprecio porque ya son viejos, porque ya no sirven.

Si son mujeres no pueden andar donde quieran ni vestidas como quieran, porque las pueden agredir o las pueden acosar, violar, o hasta asesinar.

Y los niños ni siquiera pueden vivir con tranquilidad, porque ya sabemos, por las noticias, que hasta miembros de la iglesia y grandes gobernantes y grandes empresarios, se dedican a divertirse con los niños que encuentran, porque no tienen los pantalones para conseguirse a alguien de su tamaño.

Y todo eso lo vamos viendo. Y vamos viendo que los políticos, en cambio, que nada hacen, cada vez son más ricos. No hay ningún presidente municipal, ningún gobernador, ni ningún diputado o senador en todo el país, que salga pobre, sale rico, sale con más cantidad.

Y ustedes, ¿saben cuanto trabaja un diputado? Trabaja cuarenta días al año y recibe un salario de hasta medio millón de pesos al mes. Si es senador, gana un millón doscientos mil pesos al mes. Si ustedes ganan el salario mínimo, tienen que trabajar cien años, cien años completos para ganar lo que un diputado o un senador gana en un día.

Y si ponemos en una balanza el trabajo de ustedes, en horas —incluyendo lo que tardan en llegar a su trabajo—, y en otro platillo de la balanza lo que trabaja un diputado, van a ver que no importa cuántos diputados, senadores, gobernadores, presidentes municipales, presidentes de la República pongan, nunca alcanza a nivelar la balanza de uno solo de ustedes.

Y cada año que pasa y cada sexenio y cada cambio, no importa qué partido es: el PRI, el PAN, el PRD, el PT, Convergencia, el Verde Ecologista, nada cambia eso para ustedes. Y hasta los vemos que son los mismos nombres que nada más cambian de partido, la misma persona a veces es candidato del PAN, a veces del PRI, a veces del PRD y nada cambia.

Y nosotros no podemos seguir esperando a que alguien va a venir a resolver los problemas. Nosotros los que estamos en la Otra Campaña lo que queremos hacer es unirnos todos en un movimiento civil y pacífico. Y que cada quien luche, en su lugar, y que consiga la tranquilidad que necesitamos para poder vivir.
Ustedes saben mejor que yo, que todas las noches no se puede dormir tranquilo, está la angustia de qué va a pasar al día siguiente: si va a haber dinero para poder comer, para pagar la renta, para pagar la luz. Si no hay luz, ¿cómo vamos a hacer para soportar el calor o el frío, o lo que esté llegando? Porque así es con la gente de abajo, se moja sudando o se moja lloviendo, siempre estamos mojados y los de arriba no.

Y la angustia de saber si todavía vamos a tener trabajo, si no hubo un recorte de personal y nos mandan a la calle. Y la angustia si el inspector se va a levantar de buenas, si no va a empezar a hacer un desalojo de los puestos ambulantes. Y la angustia si el policía no va a andar de malas, y nos va a meter multas nada más porque tiene ganas. Y la angustia de que a lo mejor ya no tenemos trabajo, a lo mejor ya no tenemos comida.

Y no es justo que eso esté ocurriendo en las casas de cada uno de nosotros, sea que están en Sinaloa, o que están en Chiapas que es donde estamos nosotros. Y al mismo tiempo ver que otros lo están teniendo todo.

Lo que estamos proponiendo nosotros en la Otra Campaña —que no es nada más de los zapatistas, sino que hay muchas organizaciones acá— es que nos unamos y que mandemos a la fregada a todos los políticos, a todos.

Que caiga el presidente municipal, que caiga el gobernador del estado, que caiga el presidente de la República, donde tienen que caer, que es en la cárcel. Porque todos sabemos que para ser político, aquí en este país, hay que ser un criminal y un ladrón. Y en las cárceles no hay políticos: hay gente humilde y sencilla, que a veces fue metida a la cárcel nada más porque se atravesó, como la gente de Atenco, o como la gente que hay en cualquier parte de la República. Y el gran ladrón, el criminal, el violador de menores, ése está en un gobierno: está en un palacio municipal o en un palacio de gobierno estatal, o en Los Pinos, o en el Palacio Nacional, diciendo que representa a México.

Miren, en el resto del país, hay una imagen de Sinaloa que nosotros vimos que no es cierto, así como en el resto del mundo hay una imagen de México que no es cierto. La imagen que se tiene de Sinaloa es nada más del narcotráfico y el crimen. Y el Sinaloa que nosotros encontramos es un Sinaloa que está peleando y luchando por una vida digna.

Y eso nosotros lo vamos a llevar a todas partes, y cuando salga en las noticias “que ya levantaron a uno y que ya agarraron a otro, y que el narcotráfico” y todo eso, nosotros vamos a decir: “ésa no es Sinaloa, la Sinaloa es otra y nosotros la vimos”. Y vamos a contar de ustedes y vamos a contar de toda la gente que estuvo hablando con nosotros y a la que estuvimos escuchando.

Y en el resto del mundo, la imagen que tiene de México son las tarugadas que dice Vicente Fox —que pocas veces en la historia de este país, nunca, hemos tenido un presidente tan idiota como Vicente Fox, por todas las cosas que está diciendo—. Y es una vergüenza que venga gente de afuera y que diga: “sí, el México de Fox” y piense que todos los mexicanos y mexicanas somos iguales de tarugos que ese güey. Y no es cierto, nosotros lo sabemos que no es así.

Lo que nosotros proponemos compañeros y compañeras, es que unamos nuestras luchas. Es cierto, cada quien en su casa tiene ese dolor y esa angustia, pero no la vamos a poder resolver solos, nosotros ya lo vimos, nosotros nos unimos.

Y voy a contradecir un poco al compañero yoreme que pasó aquí, que dijo que el pueblo yoreme es el único que se cerró. No, tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, mames, zoques, pueblos de raíces mayas, que somos los zapatistas, estuvimos diez años preparando un Ejército de más de cinco mil combatientes y el gobierno nunca nos vio, mas que el primero de enero del 94, cuando ellos estaban celebrando el año nuevo, nosotros les tomamos sus ciudades.

Pero nosotros no los estamos llamando a que se levanten en armas ni a que se tapen el rostro. Nosotros llevamos el rostro cubierto porque es un símbolo, no crean que nos gusta estar así con el calor que hace. El símbolo es doble: porque a nosotros no nos veían, a los pueblos indios de este país, no nos veían hasta que nos tapamos el rostro y peleamos. Y también porque este color, el color negro es el color que somos de la tierra, y es la forma de enorgullecernos de nuestro color. Pero no somos ningún delincuente, los delincuentes son los que están en las casas de gobierno, y lo sabemos muy bien.

Lo que nosotros les proponemos es que ese dolor y esa angustia que tiene cada quien, con la que se levanta, la que carga todo el día y con la que se acuesta, la compartamos y unamos nuestras luchas. Y aquí en Mochis, o en El Fuerte, o en la comunidad yoreme, cuando se preparen para luchar, cuando demanden sus justicias, su libertad, su democracia, los podamos apoyar nosotros en Chiapas y todos los compañeros y compañeras que hay en todas partes —que ya tenemos en todo el país— de esto que se llama la Otra Campaña.

Nosotros no estamos pidiendo que Marcos sea candidato o sea un gobierno. Ni Marcos ni nadie, no queremos que nos mande nadie: ni López Obrador, ni Calderón, ni Madrazo, ni cualquiera que se venga a parar aquí. Queremos que el pueblo de Sinaloa se mande a sí mismo, porque el pueblo de Sinaloa conoce sus propios problemas.

Y no venimos acá a Sinaloa para decir qué hacer. Venimos a aprender de ustedes y créanme que han sido excelentes maestros, todos, toda la gente de abajo. Nos han enseñado bastante los pescadores, nos han enseñado bastante homosexuales, lesbianas, trasvestis, nos han enseñado los punks, los libertarios, los estudiantes, las mujeres y los hombres jóvenes, los ancianos, los trabajadores, los indígenas yoreme. Todos ellos nos han enseñado y llevamos ahora el corazón más grande, gracias a que en Sinaloa nos enseñaron lo que es ser digno y ser rebelde, y no dejarse.

Ojalá y este pueblo, el que hemos conocido aquí en Sinaloa y aquí en Los Mochis, sea conocido en todo el mundo por lo que vale, por lo que es: como un pueblo digno.

Gracias compañeros, gracias compañeras.

 
 

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8 Comentarios »

  1. de antemano les agradecemos mucho la visita que hicieron, ya desde que inició la campaña todo parecia un sueño, traerlos desde aqui en Mochicahui, hay momentos en que necesitamos ayuda de organizaciones, y por supuesto tambien estamos agradecidos con Sinaloa, que nos han recibido aquí, y siendo del sur,y donde muchos gente de otros estados se encuentran aquí., esperamos que no sea la unica ni la última visita que nos hacen. y espero que les haya gustado el ambiente que con los compañeros hicieron. hasta la vista.

    Comentario de jose alfredo vazquez — octubre 14, 2006 @ 8:14 pm

  2. Junto con el sub vamos oyendo la historias de nuestros hermanos del norte, que diferente panorama al que nos pinta el gobierno, que distantes estamos de la realidad. Desde aca un abrazo fraternal a los compas de Sinaloa. Los sabemos y los sentimos.
    Carlos del Jicote Aguamielero

    Comentario de Carlos — octubre 15, 2006 @ 10:42 am

  3. Esos son los hombres que veremos reunidos mas adelante, esas son las gentes,los movimientos, la realidad acaramelada,me encuentro en guadalajara y desde aqui logro ver un pajaro color amarillo encima de un arbol, de esos raros, la gente dice que aca en guadalajara ya no hay de esos, si yo lo estoy viendo, esa es la realidad. habra mas.
    el capitalismo ah muerto

    Comentario de em — octubre 15, 2006 @ 3:54 pm

  4. Quisiera hacer una pequeña critica a cerca del acto en los mochis… yo estuve presente en este y mí critica es para con algunos oradores… los temas de los que hablaron, me parecieron importantes, pero no la manera en que hablaron de ellos.
    En especial cuando le toco el turno al compañero que hablo de Atenco, siendo un tema de importancia pense que el compañero le daria un sentimiento o un tono que hiciera que la audiencia reacionara a su favor. Muy en cambio lo que ocurrio fue que la gente se estava cansando de ver como el compañero leia 5 o 6 páginas sin ninguna emoción aparente, siendo que el compañero dijo ser de ahí de Atenco y por tanto se entiende que el estuvo presente en esos eventos.
    Fue una gran honor tener la posibilidad de saludar al Sub- Comandante y les agradesco el que hayan venido hasta los mochis… y les agradeceria aún mas si vinieran más seguido. Gracias.

    Comentario de Xitlaly García... — octubre 16, 2006 @ 7:04 pm

  5. Vuelvo a repetir una y otra vez,en toda latino américa se esta en las mismas condiciones. Una pequeña parte de la población se enriquece a costa del trabajo de la mayoria, y esa mayoria se empobrese cada vez mas.
    El EZLN es una luz en el camino para aquellos que quieren que la tortilla se vuelva ( Que los pobres coman pan y los ricos mierda mierda)

    Comentario de fernando — octubre 16, 2006 @ 8:14 pm

  6. Apreciables compañeros de lucha, convencido de mi la realidad y de la de mi pueblo, concuerdo con Uds., es imposible seguir soportando la tiranía y el yugo de un gobierno anarquista disfrazado de democracia, es por eso que invito a quien tuvo ese deseo y ese ahínco por cambiar la realidad de la uaim y de su entorno en su tiempo, a asumir de nuevo ese compromiso, a renovar esfuerzos a construir filas y a hacer unidad para el cambio pacifico, no es posible seguir ignorando la realidad, no es posible seguir permitiendo que se le humille al compañero, no es posible dejar que se pisotee nuestra dignidad, tu realidad es igual a la mía la única diferencia es que tu la ignoras y yo no, al hermano indígena se le educa se le lucra.
    Fraternalmente ramiro ibarra

    Comentario de Ramiro Ibarra — octubre 17, 2006 @ 11:52 am

  7. El estilo està no lleno de violencia sino de esperanzas. Esperanzas que permite levantar la mirada hacia donde nos dirigimos con todos y todas.Los carteles estàn llenos de narcotraficantes, secuestradores y otros criminales de la nacion pero entre ellos no vi a ningun gobernador, juez, politicos, ni a ese Buhs como el mas grande criminal contra l@s herman@s latin@s en su nacion… hay esperanzas sobre todo, hay hermanos y hermanas caminando de la mano, hombro a hombro, corazon con corazon que luchamos para que los nuestros en el mañana no tengan que sufrir lo que hoy nosotros sufrimos.

    Comentario de Zocra — octubre 17, 2006 @ 12:12 pm

  8. Yo les agradesco por su visita en la uaim, yo tambien soy indigena del estado de Guerrero y mi lengua es el nahuatl y estamos en el apoyo del Enlace con el Delegado Zero y la Comisión Sexta del EZLN, por que ya basta de tanta injusticia con nosotros los indigenas.
    y como le dige a un amigo que esta en contra de este movimiento, que muy pronto nos gobernaremos nosotros los indigenas.
    y dadie mas nos gobernara.

    Comentario de Natalio Solano — octubre 17, 2006 @ 7:35 pm

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