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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Feb152006

En Coronango, Puebla

Reunión con adherentes en Coronango, Puebla

Coronango, Puebla.
Reunión con adherentes.

16 de febrero de 2006.

Bueno, buenas tardes compañeros, compañeras. Gracias por habernos esperado. Gracias por la palabra que nos dieron —incluyendo las críticas— y gracias por ahora prestarnos el oído.
Voy a empezar como es nuestro modo zapatista, al revés, por lo que suponemos nosotros —no sólo los zapatistas, sino los que estamos en la Otra Campaña— por qué es que estamos reunidos aquí ustedes y nosotros. Y es este responsable, que decimos nosotros de nuestros dolores, de nuestros sufrimientos, de lo que estamos padeciendo, que es el capitalismo. Voy a tratar de explicarlo así como lo explicamos nosotros allá en las comunidades, sobre todo por atención a los compañeros y compañeras que han pasado aquí, y a los que no han pasado y que no han hablado que son trabajadores del campo, campesinos o indígenas, o ambas cosas.El capitalismo no tiene llenadero compañeros, o sea que no se va a detener frente a nada. Lo que mueve al capitalismo es obtener ganancia. Le dicen capitalismo porque los capitalistas son los que tienen la propiedad de las cosas. Son los que tienen la tierra, las máquinas, los gobiernos, las materias que se usan para hacer las mercancías. Entonces, están de un lado ellos, los que tienen el dinero y son propietarios de las cosas, y del otro lado hay el que no tiene nada, más que su trabajo, su capacidad de que sabe sembrar la tierra, o sabe manejar un carro, o sabe manejar una máquina de coser, o sabe hacer algo.Y entonces lo que hace el capitalista es “echa trato”. Según dicen las leyes, echa un trato justo, equitativo, igualitario con el que sabe trabajar. Y el que sabe trabajar —dice el capitalismo— es libre, si no quiere pues no trabaja, si no quiere no se contrata. Pero si se contrata, entonces tiene que seguir las órdenes o las indicaciones del que tiene el dinero, o sea del capitalista.Bueno, entonces cuando está trabajando el campesino o el obrero, cuando está haciendo las cosas, está haciendo cosas que valen más. Por ejemplo, no es lo mismo tener la tela, los botones, el cierre y el hilo a tener ya un pantalón de mezclilla. Pongo el ejemplo de la mezclilla porque es que se produce mucho aquí en Puebla en las maquiladoras. Y eso que está ahí suelto tiene un valor que no es mucho, pero ya cuando está hecho pantalón pues ya vale dinero. Pero, ese trabajo que hizo el obrero, la costurera, la maquiladora o el maquilador no es lo que le pagan. Sólo le dan el salario para que puede sobrevivir, para que puede llegar al día siguiente. Ese pantalón se va al mercado, lo vende el que es el dueño de las cosas y tiene una ganancia.Entonces el capitalista cuando tiene ganancia quiere más y más. Entonces, empieza a acumular, o sea a juntar más dinero, más paga, más plata o más varo como dicen los chavos. Y en lugar de conformarse con eso, quiere todavía más y más. Con esto quiero decirles que el capital… el capitalista no es racional, no está pensando qué es lo que va a estar bien o va a estar mal. Lo que a él le interesa es obtener dinero, no importa lo que destruya.

Y esto viene a cuento por la cuestión de la naturaleza, de la tierra. Como los compañeros de Tierra Fértil o como dijeron los compañeros del Frente Mixteco, Popoluca y Náhuatl que como en esta situación en la que estamos se está destruyendo la naturaleza. Y uno no puede entender cómo es posible que estén destruyendo la naturaleza, contaminando el agua, contaminando la tierra. Y uno puede pensar que es que no saben, que es que no se dan cuenta de lo que están haciendo y por eso lo hacen. No compañeros y compañeras, sí lo saben y no les importa. No les importa con tal de ganar el dinero que van a tener.

Entonces, si alguien les dice:
—Es que si tú pones esa fábrica al lado de ese río, a la hora que estés lavando el pantalón de mezclilla todo el colorante se va a ir al río y lo va a contaminar y vas a destruir ese río.
El capitalista dice:
—No me importa, yo lo que quiero es ganar ese dinero que voy a tener poniendo la fábrica ahí. Porque le voy a pagar poco a las obreras, a las costureras que estén ahí, y voy a vender caro mi producto.
Y entonces, aunque ustedes le digan:
—Pero es que si contaminas ese río entonces va a sufrir mucha gente.
No le importa. No le importa al capitalista que está poniendo las marmoleras en la zona Mixteca, Popoluca y Náhuatl —como nos explicó el compañero— si con eso va a destruir más la tierra y la va a erosionar. Aunque vayan y le digan:
—Oiga señor, si usted hace eso toda esta gente va a quedar sin tierra para sembrar, o lo que siembre no le va a dar.
—No me importa, a mi lo que me importa es sacar esa piedra y venderla. Hacer monumentos o hacer adornos para las casas ricas, y eso es lo que me importa.

Entonces, el capitalismo no tiene una lógica, no tiene una razón, no es racional, no piensa las cosas antes de hacerla. Lo único que le importa es obtener ganancia. Y entonces, lo que está pasando en el capitalismo actualmente es que cada vez quieren más y más y más.

Y por eso, nosotros donde estamos pasando lo que estamos diciendo es que si antes como campesinos, o como seres humanos cualquiera, decimos: “Bueno, allá arriba se están robando el dinero los políticos, o allá arriba se están haciendo más ricos los empresarios. Y yo aquí estoy pobre. Pero, pues aquí está con mi pedacito de tierra o aquí está mi casa o aquí está mi trabajo. Y ahora vemos que también quieren ese pedazo de tierra. También quieren ese lugar donde trabajamos. También quieren el manantial donde nuestro pueblo saca el agua.
Y nosotros seguíamos pobres, pero ahí teníamos el agua. Y allá estaban los ricos y nos dejaban en paz. No nos tomaban en cuenta, nos despreciaban porque éramos indígenas.

Pero ahora vienen y quieren ese manantial de agua. Quieren esa tierra, aunque parezca que no tiene nada que producir. Ya no se trata, nada más, de ganar lo que ya tienen allá. Sino ahora van a conquistar completamente todo el país. Incluso las partes más olvidadas. Principalmente las zonas rurales con pueblos indígenas. Porque los pueblos indígenas, por su modo, tienden siempre en una relación a la tierra a protegerla, a quererla. No es lo mismo que el capitalista que ve el pedazo de tierra y dice: calcula tanto por tanto, esto bla, bla, bla… “Eh, aquí hago un edificio voy a ganar tanto dinero, o aquí voy a sembrar de esta cosa, le hecho fertilizantes, le echo agroquímicos y me va a rendir tanto por hectárea”.

El campesino indígena y el campesino que realmente quiere la tierra no se relaciona así con la tierra. Es otra relación más de cariño de amor, como si fueran parientes —por decirlo de alguna manera—. Porque la tierra tiene no sólo la capacidad de darle de comer, sino también tiene la capacidad de guardarle la memoria. A veces en los muertos, a veces en las tradiciones.

Y entonces, por este mismo modo de las comunidades campesinas, rurales, de las comunidades indígenas, esta tierra se ha conservado ahora y ha conservado su pureza en el ambiente, su entorno natural —como se dice pues— que es que el agua sigue siendo limpia. Por ejemplo, donde llega una comunidad a instalarse organiza la distribución de la comunidad para que el agua que se toma no sea la misma donde se bañan o si se lava. Así es el modo que ya enseñaron los antiguos.
Y entonces, los capitalistas dicen: “Lo que hay que hacer aquí es que todo sea una mercancía. Y empieza a avanzar y a avanzar. Y sí, hace unos años el agua no era una mercancía. Vaya si se acuerdan los que tienen más edad, si va uno caminando por la calle y hace mucho calor en una casa pide: oiga ¿me regala un vaso con agua? Y te lo daban. Ahora tienes que comprar la botella.
Entonces, todo lo está convirtiendo en mercancía, entonces ese manantial de agua se convierte en una mercancía, entonces hay que conquistarlo. ¿Quién es el que estorba ahí, el que está molestando? Pues la comunidad campesina, o la comunidad rural, o la comunidad indígena. Como nos explicaron los compañeros de aquí de Coronango, que nos dicen: “lo que está pasando es que se está rompiendo la comunidad, están entrando cosas que no entendemos, o que sí entendemos pero que están destruyendo nuestra vida comunitaria. Antes estábamos de una forma y sí teníamos problemas, pero ahí la llevábamos. Pero, ahora que está entrando todo esto nos están saltando problemas que no conocíamos y se está rompiendo el espíritu de comunidad”. Que es un espíritu colectivo, donde en la comunidad se resuelven las cosas. Entonces dice: “está entrando todo esto y ahora resulta que a cada quien le importa lo que a él le corresponde, ya no a la comunidad”. Y si antes el reflejo en la comunidad rural era que uno sobrevive si sobreviven todos, ahora es la idea ésta de que sálvese quien pueda.

Y no se trata sólo que lo está haciendo el capitalista. Lo hace el gobierno que está al servicio del capitalista. Y entonces ya las tierras ejidales y comunales las están haciendo en pequeña propiedad con esto del Procede. Entonces les dicen: “bueno, pues si nosotros te vamos a ayudar, te vamos a registrar. Pero ahora como pequeño propietario.

Y las comunidades indígenas no están formadas por pequeños propietarios. La mayoría de las comunidades campesinas no están formadas por pequeño propietarios, sino por ejidos y tierras comunales. Entonces, se empieza a partir cada individuo, cada familia y cada quien ve por lo suyo. Y es más fácil romper la comunidad y comprarle a uno, y luego a otro, y luego a otro. Porque lo que defendía la tierra era ese colectivo y ya no existe o están tratando de destruirlo.

Entonces, cuando uno se da cuenta, la tierra en la que nació, la que nacieron sus padres, sus abuelos, sus tatarabuelos, lo que lo hace ser a cada quien uno, ahora es una propiedad privada. Y ahora el que está ahí puede decidir si te deja vivir en la tierra que tú creciste, que tú cultivaste, que tú trabajaste o te vota. Y donde tú sabías que hay un… que había un manantial de agua, ahora hay… va a haber un centro turístico al que nunca vas a entrar. Tal vez vas a entrar como empleado. Las mujeres entrarán como sirvientas, como mucamas, los hombres a cargar las maletas o a servir de meseros en la mesa. Tal vez, porque ahora las empresas turísticas que están entrando entran con todo y los empleados. Los traen de otro lado para no tener problemas con la comunidad.
Entonces, uno empieza a ver que se están juntando estos problemas de la comunidad con este otro gran problema que decimos que es el capitalismo. Me estoy refiriendo más a este punto porque en cada lugar este capitalismo empieza a producir eso. Como decía la compañera maestra, incluso en las relaciones interpersonales: en la familia, en la vivencia de cada uno empieza a romperse algo que antes no estaba roto. Y el problema es que así el que está en la comunidad ve esto. Los que están estudiando, los profesores, los investigadores de la universidad ven esto. Los que hacen trabajo de defensa ecológica, como los compañeros de Tierra Fértil, ven esto y dicen: “aquí se está jugando algo muy grande y hay una fuerza muy poderosa que tenemos que enfrentar”. Y sienten, con todo y el heroísmo y el sacrificio que están haciendo cada quien su lucha, que no basta. Así nos sentimos nosotros. Por eso venimos acá a escucharlos.

Aún con todo lo que hemos logrado, como Ejército Zapatista de Liberación Nacional, para las comunidades zapatistas. Que es mucho, mucho más que lo haya hecho cualquier gobierno, y ha sido posible por el apoyo de gente como ustedes. Aún así sentimos que no basta, que el enemigo que estamos enfrentando así como está rompiendo las comunidades, la vida colectiva, las relaciones interpersonales, la sociedad y la está volviendo a acomodar de otras partes. Es como si en este momento cayera encima de esta asamblea una reja, donde cada quién quedara separado. Pero en las rejas todavía te puedes ver, como en el zoológico, en esta reja del capitalismo no te puedes ver ni escuchar. Y en todo momento te está diciendo: Estás solo. Soy todo poderoso. Soy omnipotente. Y no está hablando dios, está hablando el capital: no puedes nada contra mí.
Y sí, como no ves nada más, más que tu propia lucha, tu propio sufrimiento, tu propia desesperación. El darte cuenta… porque estamos aquí porque nos hemos dado cuenta. Es cierto, hay mucha gente afuera que no se ha dado cuenta, pero ahorita el problema somos nosotros los miembros de la Otra Campaña. Porque nos estamos preguntando qué vamos a hacer. Entonces uno siente esa desesperación de que ya sabe lo que está pasando y algo tiene que hacer, y se siente y se sabe solo. Porque eso es lo que está haciendo pues este sistema.

En todas partes: en la escuela, en la calle, en el trabajo, en el campo, en las elecciones que va a haber. En todo eso te están diciendo: tú estás solo y sólo tienes un remedio que es doblegarte, bajar la cabeza y resignarte. Resignarte a ver destruida la naturaleza, a ver destruida la tierra, a ver destruida tu comunidad, a ver destruidas tus raíces y a ver destruido tu ser humano, lo que te hace ser humano. Y entonces, entiendes que todo esto de que está haciendo una mercancía todo, también empieza a convertir en mercancías a las personas. Y no me refiero sólo… perdón… No me refiero sólo a que uno tenga que vender su fuerza de trabajo para poder hacer mercancías, también me refiero a que empieza a convertirse en una mercancía la dignidad.

Y entonces, está todo este juego donde el mejor ejemplo, pero no es el único, el mejor ejemplo es la cuestión electoral. Cuando se trata de comprar la decisión de alguien es comprar su dignidad finalmente, con una despensa, con una gorra, con un gran anuncio, o con un chantaje como el que explicaban los compañeros que hablaron hace rato de que: “bueno, pues es que la gente dice que es que hablas muy feo de la gente. No seas rencoroso, perdónalos que no lo vuelvan a hacer”. Se trata pues de este chantaje y de empezar a convertir esa dignidad, de empezar a voltearla.
Por ejemplo —voy a poner un ejemplo—, aquí no hay muchos, pero nosotros los gorditos estamos contentos así como estamos gorditos. Pero entonces cubren allá arriba que no sirve estar gordito, que más mejor así flaco, ñango y lombriciento ¡A verdad! Me vengué… Pálido, ojeroso, todo jodido. Bueno pues así está la moda, ni modo. Entonces te dice: “estás mal como estás. Tienes que avergonzarte de la lonjita, de la panza de la… —¿cómo le llaman aquí? ¿Cómo se hace aquí?— ¡la chaparrera!, esas cosas. Y entonces yo te doy la mercancía para que adelgaces”.

Entonces dice compra esto, compra… Entonces, ahora sale más caro adelgazar que engordar. Por todos los aparatos. Aunque te ataques de garnachas te sale más barato que todos los productos que hay para adelgazar. Aunque luego resulte que no, no importa. Porque siempre te van a poner el anuncio uno que está acá, bien de las de acá… Una chamaca así bien esbelta. Ya si le preguntas afuera te va a decir que ella no toma esas cosas pues. Ya así nació o usa otras cosas, pero eso no importa. Entonces empiezas a consumir también para convertirte tú en otra persona. Entonces ya no importa tú quién eres, sino cómo debes de ser.
Entonces, empieza a imponer todo eso en otros lados. Fíjate cómo se está juntando la marmolera con la destrucción de la ecología, con la destrucción de los pueblos indios, con la explotación de los trabajadores maestros, con las maquilas y con los gorditos y las gorditas pues. Aquí no hay, pero he visto en otros lados…

Entonces, se empieza a juntar todo esto y eso nos ayuda a explicar de que cada quien empiece a decir: “no pues es que aquí hay un sistema que es el responsable de todo esto, y hay que enfrentarlo, y no puedo solo”. Y empieza uno —y es lo que estamos haciendo en la Otra Campaña— empieza uno a tratar de hacer un hoyo, un agujero, un orificio en esa cárcel, en esa celda en la que estamos donde sólo cabemos cada uno, y empezamos a darnos cuenta de que al lado hay otro, y luego hacemos en el de enfrente y hay otro y al lado otro. Y resulta que empezamos a gritarnos o a hablarnos, a escucharnos, y empezamos a adquirir la conciencia de que no estamos solos.
La primera etapa de la Otra Campaña es esto, descubrir que no estamos solos ni en nuestra desesperación, ni en nuestra rabia, ni en nuestra indignación y sobre todo que no estamos solos en lo que estamos luchando. Y sí, parece difícil que haya que juntar lo que hace Tierra Fértil con los Mixtecos, Popolucas y Náhuatl. Pero sí tiene que ver, porque el responsable de la desgracia de uno y de la opresión que enfrenta el otro es el mismo. Y sí empezamos a encontrar todo esto en la Otra Campaña, que eso es lo que propone la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Lo que está proponiendo es: veamos cada quien quién es, en dónde está y cómo ve su problema. La Sexta Declaración no dice: si tú piensas que tu problema de gordura es porque comes muchas garnachas todo… No. Ni tampoco dice: si tú ves que tu problema de que se está destruyendo la naturaleza es por una maldición de dios, porque nos hemos portado mal y nos está castigando. Si tú piensas que se esté teniendo problema es porque tienes mala suerte. Entonces toda esa gente no la estamos invitando y la hay, la hay que piensa así.

A la que estamos invitando es a la que se da cuenta: no, aquí dios no tiene que ver nada con eso, no es el responsable de esa destrucción. Ni es mi mala suerte que me estén explotando, ni es la buena suerte del rico que tenga mucho dinero. El rico tiene porque me lo quitó a mí y a muchos como yo. Porque me despojó de la tierra, me despojó del trabajo y ahora me despoja de la dignidad.
Entonces, se empieza a hacer este acuerdo común, que es lo que hace la Sexta Declaración. Empieza a mandar como un papelito debajo de la puerta de la prisión de cada quien y está la pregunta: ¿cómo ves? Y entonces cada quien contesta como dice la Sexta Declaración: Pues yo voy a contestar esto soy, aquí estoy, así veo el mundo y así veo a mi país México, mi estado Puebla, mi municipio, mi casa, mi calle, mi escuela, mi centro de trabajo. Empieza uno a contestar todo eso y dice:
—¿Tú que contestaste?
—Igual.
—Lo que cambia es qué soy y en dónde estoy, pero yo pienso que es el sistema capitalista el que me está molestando.
Tú también, tú también, tú también… Entonces empezamos a hacer ese acuerdo y ya que nos pasamos el papelito por abajo de la puerta pues ahora decimos:
—Bueno, pero tú ¿quién eres?

Y eso está haciendo la primera parte de la Otra Campaña. Por eso se trata de que primero hablen ustedes. Los que hablaron y los que no hablaron pues va a llegar la oportunidad de que hablen. Y entonces, el que está en la celda de al lado que se llama Oaxaca, o en la otra celda que se llama Veracruz, o en la otra que se llama Tlaxcala, o en la otra que se llama Distrito Federal escuche la voz de ustedes, y ese lo escuche a otro, y otro, y otro, y otro. Y llegue hasta Baja California por un lado y hasta Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Yucatán por el otro. Entonces empiece a producir esto, que se empieza realmente a desmoronar la barrera o la celda que tenemos entre uno y otro.
Pero ahí no acabó. Porque sí, ya descubrimos —como dicen luego en las marchas— que somos un chingo. Pero, como quiera pues, no están cambiando las cosas. Se sigue destruyendo la naturaleza, siguen despojándonos de la tierra, nos siguen dando malos salarios, siguen subiendo las cosas, sigue despreciándose a la mujer, síguese persiguiendo al joven, síguese convirtiendo al niño en una mercancía, se sigue despreciando a los ancianos. Pero ya nos dimos cuenta que somos un buen tanto y entonces lo que sigue es gritar, gritar ¡ya basta!

Y aquí va la respuesta: civil, no nos estamos refiriendo a los ciudadanos. Civil es que no es una lucha militar. Eso siempre se dice cuando uno va a hacer algo: ¿cómo lo vas a hacer? Lo voy a hacer por medios civiles, no militares. A eso se refiere, no a que estemos hablándole a todos los ciudadanos. Porque sí, en la Otra Campaña no le estamos hablando a todos los ciudadanos, estamos hablándole sólo a la gente humilde y sencilla que es pobre, que está siendo explotada, que es perseguida, que es humillada.

No le estamos hablando a los grandes políticos, ni a los grandes propietarios, esos no están en la Otra Campaña. Lo que estamos invitando es a estos como los que estamos aquí, y como los que hemos visto en todo el recorrido de Puebla y en el recorrido de los otros siete estados que llevamos. Y como vamos a hacer en los otros veinticuatro estados que nos faltan hasta recorrer toda la república.

Y entonces, con esto que les estoy diciendo, yo les quiero decir que éste es su lugar, éste aquí, en la Otra Campaña. Y no se trata de cómo le vamos a hacer con los homosexuales y lesbianas. Será que los vamos a aceptar o no. Qué tal que se nos pega. Cosas así pues, que piensa el común de la gente pues. Sino que aquí tienen un lugar y ellos van a construir ese lugar, ellos y ellas van a construir ese lugar, y no va a ser una concesión de nosotros. Así como no es una concesión, o una gracia, o una caridad que tengan un espacio las mujeres, ni que tengan un espacio los jóvenes, ni los niños, ni los pueblos indios, ni los obreros, ni los campesinos.

Porque lo que está construyendo la Otra Campaña es el respeto, el respeto al otro que está como nosotros, y el coraje e indignación contra el que vive a costa de nosotros. A costa no sólo de nuestro trabajo, sino también de nuestra muerte, de nuestro dolor, de nuestras lágrimas y de nuestra cárcel, nuestra o de los que son como nosotros. Porque aquí están nuestros compañeros que defienden presos políticos y están por la libertad de ellos, igual que nosotros. Entonces esas dos cosas son las que nos unen, y cada quién tiene que construir su espacio en la Otra Campaña, construyendo su palabra y construyendo el oído.

Y así, los compañeros que hacen trabajo de la defensa de los recursos naturales, a lo mejor, se desesperan escuchando a los trabajadores del seguro social, o de la coordinadora nacional de trabajadores de la educación, y al revés. Pero se trata que hay que escucharlo porque unos y otros han entendido que el responsable es un sistema, y que ése es al que hay que transformar. En ambos casos es muy claro, porque los compañeros profesores y maestras saben no sólo que el problema que cargan no es porque hay un mal gobernante, el gobernante se encarga de hacer que eso vaya mal.

Y así como la destrucción de la naturaleza no es porque el gobierno no esté haciendo su trabajo, el gobierno está haciendo el trabajo de destruir la naturaleza. Eso es lo cómico, si se ve así bien, y lo que da más coraje. Que las instancias del gobierno que deberían cuidar la naturaleza son las que lo están destruyendo con los permisos que están dando para destrucción. Que quien debería defender los derechos laborales, preocuparse por la educación de los niños, porque fuera integral no sólo en la escuela, sino en la calle, en la familia todo eso, es el gobierno que es el mismo que está destruyendo la educación. El mismo que está rechazando a miles de estudiantes cada vuelta, y el mismo que está favoreciendo un sistema para que todos los egresados salgan con un título y… a ponerlo en la pared, porque no va a haber empleo. Ese es el problema.

Y es el mismo gobierno que dice que respetar a la mujer es respetar a Marta Sahagún como co-presidenta del país, pero abajo favorezca todas las leyes y humillaciones cuando una mujer es agredida, por ejemplo. Cuando sufre agresión o violencia, que va al Ministerio Público y lo primero que dicen: “no pues es que te estás vistiendo así mija. Tú… tú lo querías”. O si te pegó tu marido: “pues es que pa’ que le respondes. Pa’ que le hablas fuerte pues”.

Todas esas cosas que abajo siguen manteniéndose a pesar de tantos años, y a pesar de que Martita se vista muy bien, o Elba Esther Gordillo esté ahora peleándose con Madrazo… ¿Qué otra mujer hay por ahí? Creo que hay algunas otras por ahí muy pupurufas —decimos nosotros—. Y que se presente que la liberación de la mujer es eso, y no lo que está pasando abajo. Si la… si el reflejo de los jóvenes de buena familia, de buena edad, son los hijos de Marta Sahagún, los Sahagún Bribiesca, o son los jóvenes que están luchando por mejor educación y que son los que van a la cárcel.
Si los obreros que son los buenos son los que venden a los movimientos, como Hernández Juárez, como Vega Galina, los líderes del Tercer Diálogo Nacional —dicho sea de paso—, o si son los buenos trabajadores los que se están juntando con otros para no perder sus derechos laborales, ya no digas pues para tomar lo que es suyo en sus manos, que es la producción.

Si los campesinos buenos son los campesinos… los líderes campesinos que fueron los que aprobaron la reforma al Artículo 27 y acabaron con la lucha de Zapata en un plumazo, o los campesinos que están tratando de arrancarle algo a la tierra para no irse al otro lado a trabajar.
Si los pueblos indios están representados por Xóchitl Gálvez, que cada vez se pone unos vestidos más caros porque los manda a hacer especialmente, o si la imagen de los indígenas es la imagen de la Comandanta Ramona, ya finada hace un mes.

En todas partes está esa disputa, ese choque entre el México de abajo y el México de arriba. Y el México de arriba nos está diciendo: “Sht, sht. No, no. No voltees para allá. Mírame, mírame, mírame. No pierdes… no dejes de verme, no dejes de escucharme”.
Porque si empiezas a voltear a los lados, empiezas a descubrir: no pus allá también, allá también, allá también. Resulta que no estoy solo. Y si puedo habar con el otro, ensayar a que me escuche y corresponderle: yo también te voy a escuchar.

Como dijo la maestra, hay que aprender a oír. Pues empezamos a descubrir los puentes comunes. Y empezamos a descubrir no sólo que no estamos solos, sino que tenemos este poder del que hablaba anoche, de poder crispar el puño como muchos. Y entonces sí, olvídate de qué es lo que está pasando arriba. No importa si no sale en la televisión, si no sale en el periódico, en el radio porque lo que estamos disputando acá abajo es lo que está sucediendo realmente.
Y si prescindimos del México de arriba… Tengamos un sueño: supongamos que no hay ningún político, ningún empresario. Y van a ver cómo el país sigue produciendo y sigue trabajando. Y supongamos que nadie de los de abajo existe, y no se mueve nada. Vaya ni siquiera la cámara de televisión para ver las tarugadas que dice Fox, ni tiene a quién hablarle.

Entonces poco a poco empieza a crecer esta conciencia. Bueno y ¿qué va a pasar si él no está? y ¿qué pasa si yo no estoy? ¿Qué pasa si yo en lugar de estar solo me junto con otros y con otros, y con otros, y dejo de voltear hacia arriba y empiezo a voltear hacia abajo? De eso se trata la Otra Campaña, de voltear hacia abajo que es de por sí donde estamos, como pueblos indios, como mujeres, como jóvenes, como estudiantes, como ancianos, como niños. Y ahí encontrar eso, y en eso que estamos encontrando no sólo empezamos a encontrar al enemigo —porque hay que decirlo con todas sus palabras: es el enemigo este sistema, y hay que acabar con él—, sino empezamos a acordar las formas de cómo hacerle.

Y ¿qué va a pasar después? Nosotros decimos qué va a pasar después: cuando quede cabal todo —o sea quede como debe de ser—, pues tiene que haber una nueva ley que es la Constitución, una nueva Constitución. Por eso se dice otra forma de hacer política, escuchar lo que dice la gente. Un Programa Nacional de Lucha que vengan ahí las demandas de la gente, no lo que viene a decir Marcos, o lo que viene a decir Andrés Manuel, o Felipe, o Roberto. —qué familiar soy ¿verdad? ¿Viste que no hay rencor en mi palabra? ¿Ahora sí? Ni resentimiento—. Bueno, sino qué dice la misma gente.

Porque nosotros qué le vamos a decir qué necesita Puebla. Me van a decir: tú cómo sabes, si tú vienes de Chiapas. Y además desde las montañas, vas a empezar a vender pasamontaña, aquí no necesitamos pasamontaña. Entonces que la misma gente diga aquí, la misma gente del campo diga qué necesita el campo. Ahora resulta que el que dice qué es lo que necesita el campo es uno que no es campesino, que es un terrateniente pues. O el que dice qué necesita el obrero nunca ha hecho trabajo en una fábrica, y así en cada situación.

Entonces, el segundo punto es el Programa Nacional de Lucha y el tercer punto es: bueno, y ¿dónde vamos a quedar otra vez de nuevo?, ¿cómo vamos a quedar arreglados?. Pues una nueva Constitución, porque la que tenemos ahora no sólo no sirve para nosotros, sino que sirve para que esto se siga destruyendo.

Y entonces decimos… nosotros decimos: así lo que cada quién se está dando cuenta —que yo lo siento a la hora que escuché su palabra, y estoy seguro también cuando escuché su silencio—, que están sintiendo que lo que se está rompiendo, si se acaba de romper, ya no tiene remedio. Nosotros decimos que eso que sentimos que va a desaparecer es lo que nosotros llamamos Patria. Lo que nos hace ser lo que somos, aún aunque seamos diferentes todos.

Nosotros decimos, por eso, se trata ahora de encontrar acaso la última oportunidad para que este país se salve.

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1 Comentario »

  1. me parece muy bueno el comentario y es verdad que muchas veces lo que el mexico de ariba queire es que cada vez menos sepan las personas de abajo para poder ser manipuladas por ellos mismos ademas de que entre mas separados estemos o mas distancados y nos veamosnosotros como enemigos muchisimo mejor para ellos porque no hay alianzas entre nosotros no hay apoyos no hay fraternidad y esto es lo que hace que estemos apaciguados sin hacer frente a los problemas tan graves que estamos sufriendo el despojo las humillaciones y sobre todo un mundo en destruccion y con todos los derechos acada vez en su mayoria por empresas privadas ahora resulta ser que ya nada es nuestro y estamos volviendo al principio de todo dejarnos conquistar no quiero ni imaginarme lo tristes que han de estar todos aquellos que lucharon por años tratando de ver un mexico libre y conpariendo esas riquezas que poseiamos ahora no tenemos nada pero no por eso tenemos que seguir dejandonos aplastar es hora de levantarnos y cmo dices mirar lo que realmente esta pasando sobre todo formar una nueva sociedad responsable y conocedora se su propia historia

    Comentario de ericka — febrero 6, 2007 @ 1:54 pm

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