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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Feb022006

En Coyutla y Xalapa, Veracruz (02/feb/06)

Coyutla
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Xalapa
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Palabras del subdelegado zero en el mitin de Xalapa

Buenas tardes Xalapa, hombres, mujeres, niños y ancianos de aquí de Xalapa y de los alrededores.

Lo que estamos viendo hoy es precisamente de lo que se trata la Otra Campaña. Están los que están arriba a la derecha y están los que están abajo a la izquierda. Y allá arriba a mi derecha nos están pidiendo que miremos para allá, que dejemos sola nuestra mirada, nuestra pregunta, nuestro grito, nuestra indignación, porque allá arriba tal vez nosotros no sepamos dónde está Miguel Alemán, pero sí sabemos dónde debe de estar: en la cárcel.

Y la propuesta que están haciendo que miremos hacia allá arriba a la derecha, donde están viendo cómo se reparten los dineros que nos sacan a nosotros, los puestos, las prebendas y las decisiones que toman allá arriba, es para que individualicemos nuestra mirada, nuestra palabra y nuestro oído. Cuando uno mira para arriba está solo, cuando habla hacia arriba su grito se pierde, cuando escucha solo escucha órdenes. Y nosotros no queremos mirar para allá arriba. Eso es lo que venimos a proponerle a Xalapa: que no mire ya más hacia arriba a la derecha, no vale la pena.

Si alguien quiere que distingamos entre los diferentes partidos políticos, haría bien en pedirles a ellos que se diferencien unos de otros, porque son los mismos que están brincando de un color a otro, según cada sexenio o cada cambio de presidencia municipal. Porque lo sabemos bien que los que antes eran del PRI ahora tienen otro color, o si eran del PAN también de otro color.

Entonces, tal vez, mirando hacia arriba a la derecha nos olvidamos y perdemos la memoria y olvidamos que esta ciudad, Xalapa, fue conocida como la Atenas del Golfo; que florecía aquí la cultura, el arte, el trabajo; que pocas ciudades y pocos lugares en este país podían preciarse del nivel cultural que aquí florecía. Y entonces podemos preguntar: ¿quién convirtió esto en lo que es ahora?, donde el principal beneficiado es el ciudadano automóvil, donde se están construyendo centros comerciales. Y le hacen perder a Xalapa la vergüenza y la memoria, donde los jóvenes estudiantes no sólo tenían la oportunidad de un estudio y un futuro con trabajo, también una vida cultural que los hacia mejores seres humanos y les permitía ir por la vida con verdadera dignidad. ¿Qué fue lo que hizo a Xalapa lo que es ahora?, donde los jóvenes son enseñados a obedecer y si no obedecen son expulsados de sus escuelas. ¿Qué hizo a Xalapa lo que es ahora?, donde las mujeres son hostigadas sexualmente, perseguidas, agredidas no sólo personalmente por los hombres, también por los anuncios publicitarios, por la actitud de una sociedad que le asigna el papel de cosa, de objeto, de adorno más o menos bonito.

¿Qué hizo de esta ciudad de Xalapa, rodeada por los Totonacos y su gran cultura, qué la hizo que se avergonzara de su raíz indígena?, y cada vez que pudiera se convertía otra vez su corazón en blanco, en el blanco del que en el norte domina y manda. ¿Qué hizo de Xalapa que se avergonzara de sus trabajadores?, y viera cómo los persiguen, los golpean y los meten a la cárcel aquéllos, precisamente aquéllos que son los que deberían estar adentro de esa cárcel. ¿Quién hizo esto de Xalapa y quién puede salvarla?

El que lo hizo está arriba a mi derecha, puede cambiar su color, puede cambiar su nombre pero allá arriba no hay más que la desesperanza que continúe y que continúe la destrucción de Xalapa, de lo que fue y de lo que no será si no hacemos nada más.

Y entonces, nosotros lo que venimos a decir es que no miremos individualmente, en nuestra soledad, lo que está pasando allá arriba. Que miremos hacia abajo y hacia abajo miremos también la explotación y el racismo que hay sobre los indígenas totonacos, nahuas, popolucas, que hay en nuestro estado de Veracruz. Que miremos también su rebelión, su forma de organizarse. Que miremos a los campesinos despojados de sus tierras, aferrados a ellas como lo último que queda y acosados por los bancos, por el Procede, por la Secretaría de la Reforma Agraria, por los gobiernos que han convertido el trabajo en el campo en un delito.

Miremos a sus jóvenes estudiantes, hombres y mujeres tratando de recuperar la dignidad y rebeldía que caracterizó a la juventud en Veracruz; que la hizo que fuera mirada con asombro por los jóvenes de otras partes del país, y que son perseguidos, expulsados de las escuelas, estigmatizados, producto de la extorsión de policías de diverso tipo.

Encontremos en ellos, allá abajo, también esa dignidad y esa rebeldía, ese ánimo de buscarse y encontrarse, de crear y hacer florecer esas artes que ahora están perdidas, porque no son producto del presupuesto que allá arriba se están robando, sino que tienen que buscar sus propios lugares para crear, producir y decir sin pena, y poder decir sin pena: soy joven.

Miremos hacia abajo y miremos a las mujeres, las amas de casa en las colonias populares, en la clase media; miremos su dolor y su indignación a la hora de recibir la cuenta de la luz eléctrica, a la hora de recibir la cuenta del agua, del teléfono, del predial y ver cómo todo lo que fue producto del trabajo —la poca paga que se consiguió— se va para aquellos que no tienen más trabajo que ver la forma de humillarnos y de explotarnos.

A lo mejor si miramos hacia arriba a la derecha, a mi derecha podemos preguntarnos: ¿qué trabajo tiene ese que está allá arriba?, ¿por qué gana tanto dinero?, ¿quién se lo paga?, ¿de dónde lo saca?, ¿por qué entra con una cantidad de dinero y cuando sale, sale más rico y más poderoso?, ¿por qué cuando acaban ahí son carne de presidio que está comprando año tras año su impunidad hasta que termina huyendo al extranjero?

Y si miramos otra vez abajo, a la izquierda, encontramos a otro como nosotros; con el mismo dolor, con la misma indignación. Encontramos a los trabajadores petroleros expulsados, despedidos, obligados a ser empleados de la destrucción que está haciendo PEMEX en el campo veracruzano. Miremos a los trabajadores del Seguro Social también criminalizados; miremos a los trabajadores de las empresas también, una y otra vez extorsionados.

Miremos hacia abajo y a la izquierda y vamos a encontrar un dolor como el nuestro, una rabia como la nuestra y una indignación como la nuestra. Y, tal vez, empecemos a conocer esa otra historia: la historia que está abajo y a la izquierda, que a lo mejor tiene que ver con eso que floreció alguna vez en Xalapa: aquello que se llama dignidad, que se llama memoria, que se llama rebeldía, que se llama ganas de ser mejores de la única forma en que se puede ser mejores, o sea, con todos.

Miremos hacia abajo y encontremos esas historias, esas historias de rebeldía, de organización, de lucha cotidiana para conseguir un pedazo de pan, el reconocimiento de un pedazo de tierra, el reconocimiento de un estudio, un pequeño aumento salarial, un derecho laboral que ahora está siendo estigmatizado. Miremos hacia abajo y encontremos ahí, abajo y a la izquierda, al otro que es como nosotros, a la otra que es como nosotros.

La Otra Campaña sólo viene a decirles que cambiemos la dirección de nuestra mirada y que, en ese momento que cambiemos la mirada, la vamos a hacer colectiva, y nuestra rabia y nuestra indignación va a dejar de ser entonces algo individual, estéril, solitario. Volteemos, en lugar de hacia arriba a la derecha, abajo a la izquierda y encontrémonos con otros sin dejar de ser lo que somos, con nuestras organizaciones, con nuestra lucha, con nuestra individualidad o nuestra colectividad. Levantemos junto con nosotros, junto con todas las organizaciones políticas, sociales, no gubernamentales, culturales, religiosas, de derechos humanos, ecologistas, personas individuales, familias, que están ya levantando un movimiento nacional de rebeldía, no para que cambie el color que nos domina, sino para que cambie todo lo que allá arriba a la derecha nos pudre, nos humilla y nos avergüenza.

Es nuestro pensar que estas cosas sólo se pueden cambiar, que solo se pueden rescatar, desde abajo a la izquierda; justo aquí, como en Xalapa se presentan las cosas. Cualquier otra propuesta que reciban —tenemos que decirlo— es una mentira. Y ahora ya no se trata de que si vamos a sobrevivir un día más; ahora de lo que se trata es de si vamos a seguir siendo mexicanos en este país. De la única forma que podemos, es transformándolo desde abajo, radicalmente; que no quede nada de ese edificio de enfrente, de lo que representa; de esos grandes centros comerciales, de lo que representan. Que valga lo que tiene que valer el trabajo de la gente que trabaja, su dignidad, su ser humano, como dijeron acá.

De eso se trata la Otra Campaña, no de llegar a un cargo público, no de elevar a un nuevo dirigente o a un líder: no queremos a Marcos, ni a Felipe, ni a Andrés Manuel, ni a Roberto, dirigiendo nuestras vidas. Nos queremos a nosotros mismos como lo que ha demostrado nuestra historia, la historia de Veracruz, la historia de cada uno de ustedes.

Porque entre las memorias que estamos perdiendo está lo que este pueblo, el pueblo de Veracruz, ha aportado a la historia de este país. Y no son las vergüenzas que están arriba a mi derecha; son las historias de lucha, de heroísmo y sacrificio que pintan ya las páginas de la historia de México, ante las invasiones extranjeras. Eso es lo que estamos sufriendo ahora, pero el extranjero que nos está dominando y conquistando tiene acta de nacimiento de México y, sin embargo, es más extranjero que el verde dólar que lo alimenta.
A lo que los estamos invitando nosotros, compañeros y compañeras, es a que junto con nosotros tomen en sus propias manos su destino, y que se unan a este movimiento y lo hagan suyo; no al movimiento de los zapatistas, no al movimiento de los que están en la Otra Campaña, sino su movimiento. Que ahí creen su espacio, luchen por él y lo defiendan como jóvenes, como artistas, como estudiantes, como mujeres, como trabajadores, como campesinos, como pueblos indios.

Porque así como arriba a la derecha están unos cuantos decidiendo los destinos, abajo a mi izquierda esta el único que puede cambiarlo: esto que somos ahorita, esto que nadie escucha, esto que nadie ve. Porque hay, abajo a mi izquierda, rostros descubiertos, nombres, credenciales y, sin embargo, nadie nos ve, nadie nos toma en cuenta. Y lo único que vale es lo que traemos en el bolsillo —si es que lo traen—, que es una credencial de elector, que es simplemente la tarjeta de crédito con la que endosamos cada seis años, o cada tres años, nuestro destino a otro.

Hagan su cuenta xalapeños, xalapeñas. Vean si esta ciudad que floreció alguna vez, en arte, cultura y trabajo, es la misma. Busquen al responsable. ¿Quién es el culpable de esto? Está arriba a mi derecha y detrás de él está el poder que ya no tiene nombre. Es el mismo que está uniformando todas las ciudades de México. El mismo que está comprando el patrimonio cultural; que ha convertido nuestra historia en un espectáculo de luz y sonido en Tajín. El mismo que se avergüenza de nuestras raíces indígenas. El mismo que está robando la tierra a los campesinos, exactamente como cuando la conquista de México. Es el mismo que está obligando a nuestra gente a buscar trabajo en otro lado. El mismo que está obligando a que México se parta y se convierta en un migrante de sí mismo; que desaparezca como nación: sin tierra, sin cultura, sin historia, sin gente.

Nosotros lo que les venimos a decir es que nosotros no vamos a permitir eso. Y que nosotros no podemos solos. No venimos a darle clases a nadie, ni a hacer un ejercicio pedagógico de lo que deben ser las cosas. Si la Otra Campaña se convierte en una gran escuela, en ésa, ustedes son los maestros y nosotros los alumnos. Porque nadie va a venir a decirles a ustedes su historia y su lucha. Ustedes mismos nos van a enseñar a nosotros, y a otros como nosotros, lo que es la lucha acá.

Y esto que llamamos la Otra Campaña se trata de esto que ya estamos haciendo: otra forma de hacer política donde escuchemos a la gente, sus necesidades, sus dolores, sus rebeldías, sus demandas. Y que de esa escucha vayamos construyendo un Programa Nacional de Lucha, donde quede claro qué es lo que quiere Xalapa, qué es lo que quieren los estudiantes, las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los trabajadores.

No que venga alguien de afuera, de arriba a la derecha, a decirnos qué es lo que necesitamos, sino que nosotros mismos lo digamos. Y se trata de que transformemos el país; que lo hagamos otra vez de vuelta, como debe estar: parejo. Donde el que trabaja, sea el que gane y viva mejor; y el que holgazanea y haraganea —como el que está arriba a mi derecha— no tenga nada, ni siquiera el salario mínimo.

Lo que nosotros estamos proponiendo es que a la hora que resulte este país que estamos proponiendo, una nueva realidad; cuando sea bueno y nuevo el México que queremos, es necesario que hagamos un nuevo acuerdo de cómo vamos a vivir en él. Ese nuevo acuerdo es la nueva Constitución. La que está ahora sólo sirve para humillarnos, para despojarnos y para robarnos.

Por eso, cada seis años —como ahora con Miguel Alemán— vemos que las leyes protegen al que sale huyendo con los bolsillos llenos de dinero que nos robo. Mientras el que queda se encarga de protegerlo, para que después hagan lo mismo con él.

Si así sigue, compañeros y compañeras, no va a haber Xalapa; no va a haber Veracruz; no va a haber país. Tenemos que hacerlo ya. No los estamos llamando a que se alcen en armas, ni a que se tapen el rostro, ni a que dejen su tierra. Los estamos llamando a que sigan luchando en sus organizaciones, en sus tierras, en sus barrios, en sus escuelas, en sus centros culturales, pero ya no más solos.

Ya vimos todo este tiempo lo que significa estar solos y solos enfrentar al de arriba a la derecha. Lo que estamos pidiendo es que unan esa lucha, que exijan el respeto para su autonomía y su independencia como organización o como individuo. Y que en este gran movimiento se unan a otros y juntos respondamos si nos atacan. Y juntos empecemos a avanzar.

A hacer andar este país como lo hacemos andar de por sí cuando la hacemos a la tierra que va a parir frutos, como cuando hacemos que las máquinas caminen, cuando hacemos que los conocimientos produzcan. Y que en el arte y en la cultura florezca el ser humano que nuestros antepasados nos heredaron, y que no nos lo heredaron con vergüenza, sino que lo heredaron con dignidad.

Compañeros y compañeras de Xalapa: es la hora de escoger si seguimos solos en nuestra individualidad, mirando hacia arriba a la derecha, o nos hacemos mirada colectiva, dirigiendo nuestro oído, nuestra palabra y nuestro corazón abajo a la izquierda.
Gracias Xalapa

Coyutla, Veracruz, 2 de febrero de 2006

Buenas tardes, compañeros y compañeras.

Traigo un mensaje para los compañeros y compañeras indígenas totonacas y también para el pueblo de Coyutla y a todos los hombres y mujeres de estos lados.

Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. No yo mando, soy mandado por hombres y mujeres como los que están aquí sentados al frente. Hombres y mujeres como ustedes y como muchos.

Nosotros somos indígenas, indígenas de Chiapas; somos tzotziles, tzeltales, tojolabales, zoques, mames, choles. Nuestra dirección, quienes nos mandan, son hombres y mujeres indígenas 100 por ciento. Ellos son los comandantes y comandantas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Nosotros nos alzamos en armas en 1994, y esa idea llegó en nosotros por que sentimos mucho el dolor y el desprecio que viene de los poderosos. Ese movimiento no lo hizo Marcos, sino que lo hicieron hombres y mujeres como ustedes, indígenas 100 por ciento; miles de ellos, que fueron los que se levantaron en armas. El trabajo de Marcos era entonces, y es todavía, hablar y escuchar.

Nuestros jefes, así como la comandanta Ramona, son gente humilde y sencilla. Y ellos escucharon en estos días —antes de sacar nuestra palabra— que hay un gran dolor que está recorriendo a los pueblos indios y está recorriendo a toda la gente humilde y sencilla de este país. Este dolor de la explotación, del hambre, de la miseria y el olvido. Entonces, lo que vimos con estos compañeros jefes indígenas es que tenemos que escuchar otras palabras, de otros hermanos indígenas; tenemos que escuchar la palabra de otros hermanos que no son indígenas, para ver cómo ven la situación y ver cómo piensan.

Entonces, se reunieron y me dieron la orden de que voy a ir por todos lados en nuestro país que se llama México, para ir escuchando la palabra de todos y donde voy a encontrar a compañeros de pueblos indios y, como el totonaco, tengo que dar un mensaje. Tú, compañero y compañera, estás pensando por qué estamos sacando palabra dura contra los partidos políticos. Y esta palabra que estamos sacando contra los partidos es porque tenemos un dolor que te queremos contar.

Entonces, lo que pasó, compañeros y compañeras, es que estos partidos políticos no quieren reconocer nuestros derechos como pueblo indio que somos; no quieren que seamos respetados; no quieren que mejore nuestra vida. Ellos quieren que dejemos de ser indígenas; que nos convirtamos en Caxlanes, en blancos en el corazón, aunque nuestra piel siga siendo morena. Y nosotros, como indígenas que somos, no queremos dejar de serlo. Estamos orgullosos de ser indios; estamos orgullosos de ser indígenas de ascendencia maya: tzotziles, tojolabales, zoques, tzeltales, mames.

Sabemos que hay otros hermanos, de otros pueblos indios en México, que no quieren dejar de ser indios, sino que quieren ser orgullosamente lo que son, con su cultura, su lengua, su historia, su amor por la tierra. Eso es lo que queremos ser.

Y entonces, hicimos un gran movimiento y una guerra, en que murieron hombres y mujeres indígenas, para pelear por que se reconocen nuestros derechos. Y entonces, hicimos un camino muy largo; si te acuerdas, hace cinco años, en 2001, que se llamó la Marcha de la Dignidad Indígena, o sea, la Marcha del Color de la Tierra. Caminamos junto con pueblos indios de todo México —56 pueblos indios—, también con el totonaco, y llegamos a la gran ciudad donde vive el que manda. Y ahí, pedimos que reconozcan nuestros derechos. Y entonces, juntamos el apoyo de muchos, millones de hombres y mujeres de México y del mundo. Y el que está allá arriba, el que manda, no nos escuchó y no reconoció nuestros derechos. Y entonces, esos que está allá arriba son de tres partidos políticos: el PRI, el PAN y el PRD. Por eso sacamos palabra dura contra ellos, porque no quieren reconocernos como indígenas que somos.

De repente, tú crees que va a cambiar las cosas si llega ese que tú crees. Pregúntale —nosotros sabemos de tu corazón que es sabedor, que conoce—, pregúntale: ¿por qué está mandando en su campaña, como coordinador, al mismo cabrón que negó los derechos y la cultura indígena? Pregúntale a López Obrador por qué el jefe de su campaña es Jesús Ortega, que fue quien dio la orden de votar contra los derechos y la cultura indígena.

En 1997, compañero y compañera, llegaron los paramilitares en un poblado que se llama Acteal. Mataron a hombres, mujeres, niños y ancianos que estaban rezando por la paz. En 1997, murieron incluso niños que todavía está en su barriga de la mujer. Esto se planeó desde meses antes. Pregúntale a López Obrador por qué está en su equipo el que hizo ese plan y que se llama Arturo Núñez, y que es de Tabasco y que era del PRI. Pregúntale.
El plan de ellos era atacar a los zapatistas y decir que están peleando entre indígenas. Pero tuvieron miedo esos paramilitares de pelear con nosotros y entonces fueron y atacaron a esas personas inocentes, que estaban desarmadas. Ese plan se hizo en el gobierno de Zedillo y el subsecretario de Gobernación, que era del PRI cuando se hizo el plan, es Arturo Núñez, que ahora dice que es del PRD.

En el año de 2004, a unos compañeros zapatistas de un municipio, que no quieren agarrar cargo que les da el gobierno —y no quieren agarrar cargo porque nuestro pensamiento es que el zapatista no va a ser gobierno, sino que el zapatista siempre va a estar abajo con la gente—, el presidente municipal de Zinacantán con sus policías —son perredistas— no les gustó que no los obedecemos de agarrar cargo y entonces, lo cortaron el agua que tenían estos compañeros en sus casas.

Nuestro gobierno autónomo vio la forma de ayudar a estos compañeros que no tienen agua. Juntamos agua en bidones, en botellas, los subimos en unos camiones y fuimos a caminar hasta donde viven estos hermanos, para llevarles el agua que el gobierno perredista les había cortado.

No llevamos armas, compañero, compañera, llevamos agua. Hablamos y pedimos que hay buen acuerdo. Cuando nos estamos regresando, nos atacaron con disparos de armas de fuego. Las balas que nos dispararon no las disparó el PRI, no las disparó el PAN, las disparó el PRD. Un hermano zapatista trae un balazo en la cabeza —aquí—, no murió y ahí anda caminando y trabajando y aquí tiene la bala dentro de la cabeza.

Te pido que le preguntes a López Obrador por qué en Chiapas los que lo apoyan para presidente son los que nos dispararon; los que nos cortaron el agua. Por qué acepta que antes eran priístas y ahora son perredistas.

Hubo un cabrón —que tal vez recuerdan— que se llama Carlos Salinas de Gortari. Él fue el que de una vez acabo de destruir nuestro país para venderlo al extranjero. No estaba solo, compañero, compañera; tenía gente que lo ayudaba y lo apoyaba. Eran del PRI y eran de sus servidores de Salinas. Fíjate en el equipo de López Obrador: son los mismos que estaban con Salinas. Pregúntale por qué dice que va a cambiar las cosas y tiene a la misma gente que nos robó, nos explotó y nos humilló.

Pregúntale compañero y compañera, y piensa pues si es que está dura nuestra palabra o, a lo mejor, vas a entender que está muy suavecita. Que esos cabrones de los partidos políticos se merecen mucho más de lo que estamos diciendo. Pero nosotros traemos otra palabra.

Nosotros vemos que ahí con los partidos políticos no hay camino, compañero y compañera. El Madrazo, si gana el PRI, otra vez va a seguir el dolor en nuestras tierras. El Calderón, si gana el PAN, va a seguir las mismas pendejadas del Fox. El López Obrador, si gana el PRD, va a seguir el mismo dolor del PRI nada más que ahora con otro color.

Nosotros no te venimos a decir que no votes. Ahí en tu corazón y en tu cuenta, que votes. Y según quién te gusta o si no te gusta nadie. Nosotros lo que te estamos diciendo es que hay que hacer otra cosa. No nada más que estamos mirando para arriba, allá, cómo se están repartiendo el dinero que nos explotan. Nosotros le estamos pidiendo a la gente y a tí, compañero, compañera totonaco que piensen. No que nada más vayan así porque no hay más remedio. Que piensen lo que está pasando. Que analicen lo que son los partidos políticos. Que analicen lo que es la situación en la que estamos. Que piensen como personas de buen pensar y decidan, entonces, ese día, qué van a hacer. Lo que decidan está bueno para nosotros, porque fue bien pensado.

Pero mientras, ¿qué vamos a hacer, compañeros? Porque falta todavía para ese día. Y ahorita sólo hay pues pura propaganda en la televisión, en el radio, en los periódicos, en las revistas, en las calles, en las comunidades. Parece que están vendiendo jabón o pasta para dientes, o calzones que no se rompen. Pero sabemos que no, que no es ese el camino. El chiste es que tenemos que hacer un pensamiento entre todos.

Y pregúntale a esos partidos políticos por qué gastan tanto dinero en esos programas comerciales. Por qué no mejor ese dinero lo dan a las comunidades indígenas y hacemos proyectos productivos y avanzamos; en lugar de que están gastando tanto dinero para decir tonterías, que nadie les cree. Y entonces, ¿por qué cuando vienen no escuchan, sólo hablan? ¿por qué cuando vienen no dejan que hable el totonaco? ¿por qué no dejan que hable la mujer? ¿por qué no dejan que hable el ciudadano de Coyutla? ¿por qué no dejan que hable el joven? Sólo llegan a hablar ellos y con su ruido, marearnos, emborracharnos.

Entonces te pregunto compañero totonaco, compañera totonaco: ¿qué piensas tú si yo digo que hay que votar por el que te persigue, el que te mata, por los caciques que te quitan la tierra? ¿Qué piensas tú si yo te vengo a decir que ése es buen camino? Si tú ya viste que es mal camino.

De repente, tal vez, te vas a enojar ¿por qué te traigo mala palabra? Entonces, te pido que entiendas nuestra palabra por qué es dura, que entiendas nuestro dolor. Porque es bueno tu corazón, pedimos que entiendas. Y entonces, te pedimos —si es que tienes bueno tu corazón— que escuches lo que vemos: no hay camino allá arriba, compañero, compañera.

Y lo están matando a la tierra. El dolor que siente nuestra tierra, como pueblos indios, es que ya va a morir y que algo tenemos que hacer. Entonces, recibí la orden de que busque a ese que tiene como flor un corazón, y que su corazón es una flor. Me dicen: “busca al totonaco, dile que tiene que despertar”. Que tenemos que unir nuestra lucha como pueblos indios y que, como pueblos indios, tenemos que unirnos con campesinos, con obreros, con estudiantes, con maestros, con mujeres, con jóvenes, con todo el que está jodido; con toda la gente humilde y sencilla, tenemos que unirnos.

Deja a los que están allá arriba, que sigan engañando y peleando entre ellos. Déjalos allá arriba, júntate con nosotros. Vamos a hacer otra cosa. Ya no más vamos a pelear solos; ya no más el totonaco escondido, solo, sin ayuda. Ya no más el chiapaneco, ni cada uno de cada estado. Ya no más una lucha sola y triste.

Y venimos a decirte que no rompas tu organización, que no la rindas, que no la dejes caer ni desmayar; sino que la levantes bien, que mantenga su autonomía, su independencia como organización. Que no pierda su lucha y sus demandas, pero que ahora la vamos a unir con el mestizo que está explotado, con la mujer, con el joven, con el viejito, con lo niños que quieren cambiar al país como se hay que cambiar de por sí las cosas, compañero, compañera: desde abajo.

Venimos a decirte lo que ya sabemos nosotros: que no estamos solos. Nuestro movimiento tiene compañero y compañera en todo México. Tiene compañero y compañera en todos los pueblos indios, en todos los grupos de mujeres, de jóvenes, de estudiantes. Nuestra lucha está empezando, pero está creciendo.

No queremos cargo, no queremos poder. Queremos otro México: justo, libre, democrático. Tú sabes que nuestro modo, como pueblo indio, es que respetamos a nuestros mayores, a la gente de más edad —como de por sí los compañeros y compañeras que están sentados conmigo, que son los que te aconsejan y orientan—; en ese México que quieren hacer los de arriba, la gente de edad, los ancianos, no valen, no sirven; sólo sirven para que le dan limosna y lo ven como que es un estorbo.

La herida y el dolor que tiene la tierra de México sólo tiene una medicina, que es la lucha. A eso te estamos invitando, a que vamos a curar de una vez este país; que camine derecho, bueno y fuerte. Pero esa medicina la tenemos que dar entre todos. Tenemos que luchar entre todos, pero no allá arriba por los cargos, sino abajo por que se cambien las cosas y se cumplan las demandas de la gente.

Entonces, compañero, compañera, totonaco, te pido si llega bien en tu corazón esta palabra, que te entres en la lucha con nosotros. Sigue siendo totonaco, sigue siendo tu organización que tienes; eso no cambia. Lo que cambia es que no estás solo; que ahora tienes otras luchas que te apoyan y otras luchas que tenemos que apoyar entre todos.

Esta es nuestra palabra para el corazón del que es corazón: el totonaco.

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1 Comentario »

  1. Queridos hermanos y hermanas Zapatistas, estimado Sup:

    No he podido olvidar aquél 2 de febrero en Xalapa, se vivió un verdadero festejo, festejamos la palabra, la libertad, la justicia y la democracia. Nos olvidamos de las divisiones entre razas, fuimos iguales todos. Hoy, en estos momentos, me encuentro realiozando un guión radiofónico para mi clase de Radio, pensamos hablar de l@s Herman@s Zapatistas, de quienes lichan por la libertad y protección de nuestras raices!!!!!!… hoy sueño con formar parte de Radio Insurgente!!!…

    Que Viva México, que viva el EZLN!!!… que vivan la democracia, la justicia y libertad… QUE VIVA MI PUEBLO INDIGENA!!!

    Un afectuoso abrazo!! desde Xalapa, en donde también corre bien frío el aire!!

    Comentario de Adriana Carreón — abril 16, 2008 @ 9:55 pm

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