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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Oct161999

Lo otro. Carta 4d.

Cuarta parte: lo otro…

«So they loved as love in twaine,
Had the essence but in one,
Two distincts, Division none,
Number there in love was slaine».

(«Así se amaron, siendo en amor dos
Mas teniendo la esencia sólo en uno;
Distintos dos, sin división alguna;
Enamorada cifra allí fue muerta»).

Tórtolo y Fénix.
William Shakespeare.

 

La verdadera historia de Mary Read y Anne Bonny

Para lesbianas, homosexuales, transgenéricos y travestis, con admiración y respeto

Revisando los pergaminos, encontré una historia que Durito me pide que incluya en su nuevo libro «Cuentos de Vela en Vela». Se trata de una carta de remitente desconocido (la firma es ilegible). El destinatario es también un enigma, aunque es nombrado claramente, no es claro si es un él o una ella. Mejor que la veáis vosotros mismos. A fe mía que la indefinición entre masculino o femenino se explica por sí sola en la epístola. La fecha está emborronada y acá carecemos de la tecnología para averiguar cuándo fue escrita. Pero también me parece que igual pudo haber sido escrita hace siglos o hace semanas. Ya me entenderéis. Sale pues.

Carta 4d

«Tú:

Cuentan las historias de piratas que hubo dos mujeres, Mary Read y Anne Bonny, que se disfrazaron de hombres y como tales surcaron los mares en compañía de otros bucaneros, rindiendo plazas y embarcaciones, enarbolando el pendón de la calavera y las tibias cruzadas. Corría el año de 1720 e historias distintas llevaron a una y a otra a vivir y luchar el accidentado navegar de esos tiempos. En un barco pirata, comandado por el capitán John Rackam, se encontraron. Cuentan que, pensando una que la otra era hombre, floreció el amor y, al saber la verdad, todo volvió a la normalidad y cada cual para su lado.

No fue así. Esta que te escribo es la verdadera historia de Mary Read y Anne Bonny. Confiada fue a la otra historia, la que no aparecerá en libros porque éstos aún se empeñan en hilar sólo la normalidad y sensatez del que todo tiene, y la normalidad de «otro» no va más allá del silencio reprobatorio, la condena o el olvido. Esta es parte de la historia que camina los puentes subterráneos que los «otros» tienden para ser y saberse.

La de Mary Read y Anne Bonny es una historia de amor y, como tal, tiene partes visibles, pero lo más grande siempre está oculto, en lo profundo. En la parte visible está un barco (una balandra para más señas), y un pirata, el capitán John Rackam. Ambos, barco y pirata, fueron protectores y cómplices de este amor tan «otro» y «diferente», que la historia de arriba hubo de maquillar para ser escuchada por las generaciones posteriores.

Mary Read y Anne Bonny se amaron sabiendo que compartían también la misma esencia. Algunas historias refieren que eran mujeres las dos, que vestidas de hombre se encontraron sabiendo que eran mujeres y, como tales se amaron bajo la cariñosa mirada de Lesbos. Otros dicen que las dos eran varones que escondían, detrás de las ropas de pirata, la atracción que hacia el mismo sexo tenían, y que ocultaron su amor homosexual y sus apasionados encuentros detrás de la complicada historia de mujeres piratas disfrazadas de hombres.

En un caso o en otro, sus cuerpos se encontraron en el espejo que descubre lo que por obvio, es olvidado, esos rincones de la piel que contienen nudos que, al desatarse, alientan suspiros y tormentas; rincones que a veces sólo los iguales conocen. Con labios, piel y manos levantaron los puentes que unieron los iguales haciéndose diferentes. Sí, en uno u otro caso, Mary Read y Anne Bonny eran travestis que, en la mascarada, se descubrían y encontraban. En ambos casos, siendo iguales se develaban diferentes y el dos perdía toda división y se convertía en uno. A la originalidad de su ser piratas, Mary Read y Anne Bonny sumaron la de su amor «anormal» y maravilloso.

Homosexuales o lesbianas, travestis siempre, Mary y Anne superaron en valentía y arrojo a quienes la «normalidad» ponía cadenas. Mientras los varones se rendían sin presentar resistencia, Mary y Anne pelearon hasta lo último antes de caer prisioneras.

Fueron así consecuentes con lo que dijo Mary Read. Ante la pregunta de si no temía morir: «Ella contestó que en cuanto a morir en la horca no lo consideraba demasiado rudo, porque si no fuera por eso todos los cobardes se harían piratas e infestarían los mares a tal extremo que los hombres de valor se morirían de hambre: que si se dejase a los piratas elegir castigo, no tendrían otro que la muerte, porque su miedo a ella mantendría honrados a algunos ladrones cobardes; que muchos de los que ahora estafan a viudas y huérfanos y oprimen a sus vecinos pobres que no tienen dinero para obtener justicia saldrían a la mar a robar, con lo que el océano estaría lleno de ladrones como lo está la tierra (…)» (Historia General de los Robos y Asesinatos de los más Famosos Piratas, Daniel Defoe, Editorial Valdemar, Madrid, 1999, traducción de Francisco Torres Oliver).

¿Homosexuales o lesbianas? No lo sé, la verdad se la llevaron John Rackam, a la tumba cuando fue ahorcado en Port Royal (el 17 de noviembre de 1720), y la balandra que les sirvió de lecho y cómplice, al naufragio que la partió. Como quiera, fue su amor muy «otro» y grande por diferente. Porque resulta que el amor sigue caminos propios y es, siempre, un trasgresor de la ley…

Cumplo con relatarte la historia.

Adiós».

(sigue una firma ilegible).

Ahí termina la historia… ¿o sigue?

Dice Durito que los diferentes en preferencia sexual son doblemente «otros», pues son «otros» dentro de los que de por sí son otros.

Yo, un poco mareado por tanto «otro», le pregunto:

–¿No puedes explicar más eso?

–Sí– dice Durito. Cuando luchamos por cambiar las cosas, muchas veces olvidamos que eso incluye cambiarnos a nosotros mismos.

Arriba la madrugada hacía por cambiarse y hacerse «otra» y diferente. La lluvia seguía, también la lucha…

Vale de (setenta y) nueve. Salud, y no le digan a nadie, pero no he podido averiguar cómo diablos voy a caber en la lata de sardinas (suspiro).

Subcomandante Insurgente Marcos

El Sup, achicando el agua de la fragata porque, como ya se imaginan, empezó a llover de nuevo y Durito dice que achicar el agua es uno de los «privilegios».

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