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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Feb232006

Reuniones en Apizaco, Tlaxcala (22/feb/06)

Palabras del delegado zero en el local de UPADI, Apizaco

En el mitin público en Apizaco

En el local de las trabajadoras sexuales

(Imágenes tomadas de IMC Chiapas)

Reunión con trabajadoras sexuales
Apizaco, Tlaxcala
Miércoles 22 de febrero de 2006

Bueno compañeras, creo que me toca a mí. Bueno, primero que nada gracias que nos invitaron aquí. Es un honor para nosotros estar con ustedes. Hay varios problemas que vemos nosotras como trabajadoras sexuales; dos partes decimos nosotros. Primero, lo que nos hizo agarrar este trabajo que es un sistema y luego, ya que estamos en este trabajo, la explotación, persecución, desprecio, racismo, insulto, todo, que tenemos como trabajadoras sexuales. Y no es primera vez que lo topamos en la Otra Campaña; también en Veracruz, en Orizaba, llegaron unas compañeras y compañeros que también trabajan pues en esto y también dijeron, sobre todo, de que, de esto de la persecución, el maltrato como si fueran perros rabiosos. Así como encuentra la policía un perro rabioso y se lo lleva, lo mata, lo baña, no sé cuántas chingaderas pues. Y así se hace.

Y ayer, precisamente, que estábamos ahí en Toluca de Guadalupe, platicaba un joven de los sueldos en las maquiladoras, dice es 80 pesos a la semana. Son 320 pesos al mes. Y él dice: “No alcanza, no da”. 320 pesos al mes son 10 pesos diarios. Ni un refresco y una torta. Y si hay que mantener familia, si hay que pagar la renta, la luz y todo eso, entonces tienes que elegir: o comes o vives, porque no hay dónde meterse ¿no? Entonces él decía pues, “a nosotros los jóvenes es lo que nos están ofreciendo. Entonces, este, si queremos estudiar, tenemos que trabajar, pero para trabajar tenemos que dejar de estudiar. Y aún así pues, con lo poco que se gana en la maquila, que es lo único que nos ofrecen —dice, no hay otra cosa—, no nos da. Entonces nos tenemos que ir para el otro lado”.

Nos estaban contando esa historia porque él dice: “80 pesos semanales dije, no pus no, no da”. Entonces ni siquiera para un campesino pues, le da. Son diez pesos al día, no, no hay para dónde pues hacerse ¿no? Y entonces está esto que cada vez está pasando más: que no hay trabajo. Y el trabajo que hay está mal pagado y no hay ningún derecho. O sea, el trabajador está como si estuviera esclavo. Está todo el día. Ya eso de que jornada de ocho horas que antes había, olvídate. Todas las maquilas son diez, doce horas diarias y a veces más. Y luego peor si es mujer joven que aparte tiene que aguantar que el gerente o el jefe de línea, pues le está diciendo: “no mija pues a ver, hazte pa´ca porque si no te voy a correr”. Y entonces tiene la mujer esa, la mujer joven pues, “chin, pues o pierdo el trabajo o me van a usar como se usa una silla”, pa’ sentarse pues.

Entonces está toda esta situación que se ve en todo el país, nosotros decimos. Y que la misma represión, persecución, desprecio para la mujer en general, para los jóvenes, para las trabajadoras sexuales y los trabajadores sexuales —porque también hay—, es lo mismo que nosotros sentimos como indígenas. Nosotros somos indígenas de allá de Chiapas. Todos nosotros pues, no nos toman en cuenta y sólo pues porque nuestro color o porque hablamos otra lengua, porque casi no hablamos castilla, no hablamos castellano, pura lengua indígena. Entonces no existes pues, no te ven. Hasta que nos alzamos en armas entonces sí nos vieron pues, y hasta que nos pusimos pasamontañas entonces nos vieron. Entonces ya ves que luego la gente dice: “No pues que se quite el pasamontañas”. Pero si a la gente que no trae pasamontañas no la ven, no la toman en cuenta, ni les importa pues cómo se llama. Hasta que ya te rebelaste, que ya te organizaste, entonces sí, ah sí, ahí sí te van a ver. Porque la gente que no lucha no la ven. Nomás la están humillando y despreciando y todo eso.

Entonces esto que nosotros vemos, que es que se llama el sistema capitalista, es el que nos hace eso y una mujer —hay muchas pues que tienen este problema— que tiene que mantener a su familia porque sus papás ya están grandes ¿a poco los va a dejar botados? ¿Por qué? Si cuando ellos tenían fuerza pues, trabajaron por sus hijos ¿no? Y además pues no se puede hacer eso pues. Por qué vas a dejar una gente que además fue la que te dio la vida. O ya por cualquier situación, se tienen hijos y entonces la mujer tiene que decir: “Chin. Yo voy a dejar…” —supón que tienes una hija— y dices: “¿Qué le va a pasar a esta niña cuando crezca, cuando sea joven, cuando sea mujer?”. Y entonces uno siente la necesidad: “Yo tengo que hacer algo para que ella esté bien” y si es niño también.

Y entonces son todas estas condiciones de miseria de que no hay para dónde hacerse porque esa es la verdad. Aquí nadie puede decir: “No pues es que hay mejores trabajos. Estás ahí porque te gusta” Porque así dicen las autoridades. Así nos dicen: “No pues que estás en eso porque te gusta”. Viera que hay otra cosa. No.

Entonces vemos esto que a nadie le importa pues, como que la idea que tienen de las trabajadoras sexuales es lo que sale en las películas. Y nosotros estamos muy de acuerdo que eso de que no somos prostitutas. Prostitutas son las que allá arriba, las ricas que venden su dignidad. Nosotras somos trabajadoras. Y como tal nos pensamos y como tal tenemos dignidad porque sea lo que sea, lo que nunca vendemos es nuestra dignidad de mujeres. Como nosotros decimos, nosotros no vendemos nuestra dignidad de indígenas. Entonces, ahora resulta que nadie se pone a escuchar por qué es que estamos en esta situación. Y por qué nadie le pregunta pues, al que dice que hay otras cosas de trabajar. Preguntémosle a las otras gentes de trabajar cómo les va. Y ya lo escuchamos ayer, o sea, no lo estamos inventando. La gente dice: “No da, no se puede. Hay que irse para el otro lado”. Y en el otro lado pues entonces estás dejando a tu familia, porque si tienes niños chiquitos ni modo que dices, vas a echarlos atrás y vamos a cruzar el río, no se puede. Entonces los tienes que dejar.

Entonces está esta situación que es la que nos pone en este trabajo y eso es lo que nadie quiere ver. Y entonces cuando nos organizamos, nos tenemos que organizar doble, decimos nosotros. Una es para cambiar el sistema que nos hizo agarrar este trabajo; como decía la compañera: “viera que hay buenos trabajos, que hay buenas escuelas, pues por qué madre vamos a estar aquí, si nosotros lo estamos haciendo porque nuestros hijos no les vaya a pasar lo mismo”. Porque no los vayan a maltratar, porque no los vayan a violar, porque ya nos enteramos que los ricos y los gobiernos agarran niñas chiquitas, así de diez años, ocho años y se las llevan para su gusto pues —y ahorita porque nos enteramos porque salió una grabación— y ¿cuántos no hacen igual allá arriba y nadie les dice nada? Entonces nosotros decimos hay que organizarse así para cambiar esa situación.

Pero, como quiera, estamos ahorita en el problema que tenemos como trabajadoras y que sabemos que no es fácil porque hay muchos peligros, unos se saben y otros no se saben. Sólo los sabemos los que estamos aquí. Por ejemplo que nos peguen una enfermedad venérea, que ahorita ya hay mortales como el SIDA, y otra es que toque un loco. A eso te estás arriesgando, estás sola con él y qué tal que se le ocurre que hay que pegar o como ha pasado, lo hemos conocido en historias. Y a los gobiernos no le importa ver ese crimen porque dicen: “No pues es que son de la calle, de por sí se lo buscó”. Como si eso fuera derecho pues para que lo van a matar a una.

Entonces aparte que está eso, está también el desprecio, la humillación que recibimos de nuestra propia gente en la colonia, en la calle, a veces mismo de gente cercana que te ve mal. A veces lo dice, a veces no lo dice pero te lo hace sentir, como que te hace a un lado, como que te aparta. Como que siente que si está a tu lado, lo van a pensar también mal. Entonces se rechaza mismo pues la sociedad. A veces no es con golpes pues, pero con esta humillación. O que anda uno en la calle pues trabajando y pasa alguien y le grita pues, pendejada y media, pa´qué lo vamos a repetir si lo escuchamos pues.

Entonces es una condición de trabajo que te está diciendo pues, como si estuvieras haciendo un delito y entonces cuando dicen ustedes: “Pero pues yo no estoy en este trabajo porque me gusta pues, sino porque tengo esta necesidad. ¿Y entonces por qué me tratan como si fuera una delincuente?” Mismo la sociedad. Porque no le gritan así al presidente municipal. Que fíjate que dice que es un partido de izquierda. Así dice el PT. El Partido del Trabajo dice: “Yo soy de izquierda. Yo lucho por los pobres” dice. Y es de los partidos que están apoyando al PRD para la presidencia. Entonces imagínate qué nos va a pasar si eso es. Bueno.

Entonces está esa situación pues que tenemos y aparte está la situación de que no tenemos derecho laboral y deberíamos tenerlo. Deberíamos tener Seguro. O sea, una cosa es la lucha por cambiar el sistema y otra cosa es la lucha por nuestros derechos. El principal pues es que no nos traten como delincuentes. Y como delincuentes incluso yo creo que tratan mejor a los narcotraficantes o los criminales que como nos tratan a nosotros. Pues a ver cuándo tú haz visto que a un criminal, de esos que ya se ve grande, narcotraficantes, que lo agarran de los pelos y lo jalan y lo avientan y le echan manguerazos de agua fría, que sabemos que es lo que nos hacen. O que empiezan a quitar la ropa y a insultar y a burlarse pues del cuerpo de una ¿no? Bueno. Y luego resulta pues que como dijo la compañera: “pues esos que dicen que nosotros somos prostitutas, ellos son los que prostituyen las leyes y ellos se prostituyen”. Ya lo vimos, se venden y son bien barateros. Ya lo vimos pues. Que por dos botellas de trago, ya el otro le arregló pues —eso es lo que hizo el gobernador de Puebla—; hasta eso que le vamos a enseñar que cobre bien, porque no cobra cabal pues.

Ellos son los que están demostrando qué es la prostitución y es esa la prostitución que hay que erradicar, la de los gobiernos que se venden a los ricos. Nosotros pensamos así pues. Y entonces ya debe cambiar este pensamiento de la autoridad de que nada más cuando quiere votos, porque es cuando quiere votos, si no, no les importa qué nos está pasando. Eso le toca al de abajo, al jefe de la policía de la sección: “que ora mija, móchate con el dinero que traes, para que no te moleste”. Entonces uno tiene que trabajar para mantener a su familia y para mantener al güevón del policía. Pues lo sabemos bien porque así nos pasa en muchas partes. Pero cuando va a haber elecciones pues para que digan que él sí es una persona decente que no se mete en cosas feas —porque ya ven que dicen que lo del sexo les da mucho miedo—, pues entonces nomás pasa a chingarnos nada más para que salga en el periódico que él sí cuida las buenas costumbres; y entonces los ricos le aplauden: “Sí es cierto, porque esa gente es mala”. Aunque la señora rica se esté vendiendo su dignidad. Puede ver que su marido le pone cuernos o le hace lo que sea y no dice nada pues porque tiene el carro y tiene la casa, pues se está vendiendo. Esa sí es prostituta. Esas son las putas. Nosotras somos trabajadoras.

Entonces está toda esta situación y vemos que como dice la compañera que las mismas leyes que se tuercen para quitarle al campesino la tierra, para que las escuelas se privaticen y los alumnos no puedan entrar, no puedan pagar, pues si no pueden pagar. Un hijo de nosotras cuándo va a entrar a la escuela. O come o va a la escuela. Y échale que acaba la primaria, en la secundaria ya son los libros y las cooperaciones; la preparatoria, olvídate ¿la universidad? ¿estudiar medicina? Pues eso sí nomás los libros son un dineral. Aunque en la escuela te dice aquí no pagas pero tienes que comprar todos estos libros pues no alcanza pues para darle. Entonces ese mismo sistema, esas leyes que están torcidas, son las que ahora se enderezan en contra nuestra y me dicen pues eres un delincuente, como es un delincuente el indígena, como es un delincuente el joven que se pone los pelos así parados —ya ven que a veces les gusta así— o que se viste de otra forma, o como es un delincuente el obrero que pide sus derechos o las mujeres de las maquiladoras que se rebelan porque son explotadas.

Pues también estamos de este lado. Nosotros pensamos que tienen que ir con la licenciada esa de derechos humanos y le tienen que decir claro: “¿Sabes qué? Nosotras no estamos solas. Ya hablamos con Marcos y con nosotros está el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Ya están con nosotros. Y aparte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional pues ya hay una organización nacional que se llama la Otra Campaña, que en todas partes nos está organizando y hay abogados”.

Los abogados ya sabemos que son bien tranzas pero hay unos que no son tranzas, por eso no sabemos, porque como no hacen tranzas no los vemos. Sólo vemos a los cabrones que nomás están sacando el dinero. Pero hay gente que lucha y que es abogado y que dice: “Donde hay problema, nosotros echamos la mano”. Entonces nosotros les decimos a ellos. Porque nosotros lo que hacemos es que agarramos una palabra y la pasamos a otro pa’ que se conocen.

Así como yo les traigo la palabra de las trabajadoras sexuales de Orizaba, que fueron las que nos hablaron, hubo en otras partes pero todavía les da pena de hablar. Piensan que las vamos a mirar mal, que les vamos a hacer mala palabra o que las vamos a burlar pues. Porque ahí estuvieron: en Quintana Roo, en Chiapas, en Yucatán y en Campeche, en Tabasco también había esas que se llaman trasvestis, o sea trabajadores sexuales que se visten de mujer, pero donde hablaron fue en Veracruz y contaron esta historia de ustedes. Con mucha pena ahí, porque había un chingo de gente y había de todo y ahí sí estaba la prensa esa de afuera, o sea periódicos y todo eso. Y estaban con pena y yo les dije: “no, vamos a tomarnos una foto juntos”. Y entonces ya nos tomamos una foto que salió en La Jornada, ahí con unas trabajadoras sexuales ahí de Orizaba, en Veracruz. Y sabemos que hay compañeras en el DF y en Jalisco y en el norte, trabajadoras sexuales y trabajadores sexuales que están en la Otra Campaña.

Entonces, nosotros lo que decimos es por qué no echamos trato ustedes y yo. Por qué no hacemos pues un llamado a todas las compañeras trabajadoras sexuales de todo el país y que se conozca la historia de todas y que todas juntemos, juntas luchemos por los derechos. Entonces a ver si es lo mismo que el presidente municipal de Apizaco, que es un pobre pendejo, se va a enfrentar a un movimiento nacional. Pero si yo lo digo así nomás me van a decir: “No, pinche Marcos estás loco tú qué”. Entonces yo digo: “No, yo hablé con las compañeras en Orizaba, hablé con las compañeras en Apizaco. Estamos juntas las tres ahorita. Entonces a lo mejor otras se van a animar y van a decir: “Órale sí es cierto”. Es que son dos problemas, es el problema el que nos hace ese trabajo, que nos hace que tengamos que trabajar así y luego el problema que tenemos ya en este trabajo. Entonces sí, vamos a cambiar el sistema compañeras. Sí lo vamos a hacer porque ya es un movimiento nacional muy grande. Pero mientras, ¿qué vamos a hacer? ¿A poco vamos a seguir aguantando las fregaderas de la policía o de las autoridades o de la gente? Porque también eso tiene que cambiar.

Nosotros lo entendemos muy bien, nosotros como indígenas íbamos a la calle y decían: “pinche indio” ¿a poco no era un insulto pues?, como ahora dicen “pinche puta”, igual como insulto pues. Y nosotros recuperamos la dignidad así como la están recuperando ustedes en su organización. Y es por eso ahí nosotros decimos, vamos a juntarnos, y vamos a juntarnos también con los de las maquiladoras y con los jóvenes y con los maestros aquí en la Otra Campaña y estos compañeros y compañeras sí van a entender su palabra. Por eso les pedí permiso que entran estos compañeros, porque esa palabra que sacaron ustedes, la historia, la doble: la que las hizo entrar a este trabajo y las fregaderas que les hacen ya en el trabajo que tienen, la van a escuchar otras compañeras que a lo mejor estaban pensando: “Chin, será que no me van a burlar”. Y entonces ya van a entender: “No, sí se puede hablar en la Otra Campaña. Y lo que nadie nos pregunta, ahí nos lo van a preguntar. ¿Por qué? ¿quiénes somos? ¿por qué estamos aquí? ¿por qué luchamos y qué es lo que queremos hacer?”.

Y entonces van a ver que se va a sentir que el corazón se hace grande. Y esa soledad que uno siente cuando lo está chingando la policía o cuando recibe el insulto, el desprecio de alguien, ya no vas a estar sola, lo vas a sentir aquí. Y no es porque va a haber una gran marcha. Lo vas a sentir porque te vas a sentir acompañada y vas a escuchar esa voz, la tuya, que está llegando lejos, que la está escuchando otro. Y que la están escuchando intelectuales y artistas, pintores, músicos, cantantes, obreros, indígenas que lo van a empezar a traducir en lengua, para entender la historia que nos contaron. Y vas a ver que todos van a decir: “Sí es cierto. A nosotros nos hace igual la policía. Y a nosotros igual nos hace el presidente municipal y el gobernador y los diputados y los senadores y el presidente de México y el juez, nos hacen lo mismo”.

Pero qué bueno pues que tenemos compañeros. Y la lucha que están haciendo, cómo se organizan; pues como dijo una de las compañeras dijo: “antes no sabíamos cómo hacer. O sea que nos hacían como su calzón. Y ahorita que ya vemos que podemos decir de nuestros derechos, pues ahora ya no es lo mismo”. Y por eso les está buscando de echar trato el presidente municipal. Porque dice: “No, pues mejor vamos a llevarla despacio, vamos a ver qué hacemos”. Pues a la hora que sepa él, no pues, que están en una organización nacional y las apoyan obreros, campesinos, sindicatos, el EZLN y todo eso… pues ya el presidente municipal se tiene que rascar la cabeza y decir: “¿Qué voy a hacer?”. Y a la licenciada de derechos humanos le tienen que decir: “Tú tienes que cumplir tu trabajo. Hay una injusticia ahí y tu trabajo es denunciarlo. Tienes que hacer esa recomendación”. —“No pues es que va a haber represalias”. —“Si va a haber represalias dile de una vez al presidente municipal que ya no estamos solas, que ya tenemos compañeros en todas partes y que si nos hacen algo, se viene por todos lados la protesta”.

Y eso es lo poco que podemos hacer nosotros compañeras porque, a lo mejor, si ustedes dicen aquí algo pues aquí se queda y no pasa de esta puerta, pero si el EZLN dice algo, se va para otros lados, más lejos, porque así llegó nuestra lucha. Y entonces nosotros ofrecemos eso pues, que ya no nada más vamos a hablar de nuestro dolor. Vamos a hablar del suyo y ahorita estas palabras así se van y que se llegue pues para otros lados.

Entonces así en resumen pues, para no aburrirlas. Es: tenemos que luchar las dos cosas. Por cambiar el sistema, y eso es lo que se propone la Otra Campaña, pero también mismo como trabajadoras sexuales tenemos que luchar porque nuestro trabajo sea digno, que sea seguro. Seguro en salud y seguro que no te estén persiguiendo como si fueras.. pues si tú no estás robando nada a nadie. Ese que te está persiguiendo sí es un ladrón, ese es el que se roba, nomás que trae uniforme, trae placa pues, o tiene cargo de presidente. Y entonces para esas dos cosas se necesita que vamos juntos a llamar a más compañeras trabajadoras sexuales y decirles éntrense acá. Hablen, cuenten su lucha. Cuenten las chingaderas que les hacen, que se sepa. Porque ahorita va a ser bien fuerte lo que se va a decir porque la gente va a comparar. Esta es la palabra de las trabajadoras sexuales y esta es la palabra del gobierno con un empresario que se dedica a violar niñas. Ese sí pues a prostituirlas, él sí. Entonces van a ver. Pues hay más dignidad en las trabajadoras sexuales que en el pinche gobierno. Eso es lo que va a ver la gente.

Pero el sistema está persiguiendo a éstas que se están organizando por sus derechos y a éstos les están viendo ¡a ver si los sacan del cargo! —no crean que están viendo si lo van a meter a la cárcel—, están viendo ¡a ver si renuncia! y ya, si renuncia, ¡a ver si le hacen un juicio! y, ya en el juicio, ¡a ver si es culpable!, y ya, si es culpable, ¡a ver si entra a la cárcel! porque sabemos que los ricos no entran a la cárcel, no entran. Por mucho delito que salga, no entran, pagan. Nosotros ¿de dónde vamos a sacar para pagar? Pero además, nosotros no estamos haciendo el delito. El delito lo está haciendo el de arriba.

Entonces, si sacamos esa palabra se hace más fuerte y mientras el problema mero que tenemos aquí en Apizaco, así lo digamos claramente: “hubo una reunión y el acuerdo que sacamos es que estamos unidos”. Y entonces ya con las trabajadoras sexuales aquí de Apizaco están los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional que son indígenas y el que habla por ellos y escucha por ellos vino e hizo ese compromiso porque yo traigo esa misión pues que me dan los compañeros, porque de por sí sabemos de antes que está este problema porque nos platicaron los compas de la CNUC, las compañeras. Entonces cuando yo salí me dijo los compañeros pues y compañeras nuestras de allá: “Ve y búscalas, habla con ellas. A lo mejor les va a dar pena. Habla así aparte”.

Por eso, cuando empezamos, antes yo les pregunté que si pueden entrar ellos pero si me hubieran dicho que no, como quiera nos reunimos nomás nosotros. A lo mejor así sin cámara ni micrófono, a lo mejor se habla más tranquilo pero yo creo que se dijo lo claro y yo sí quería que entraran ellos para que su voz no se quede aquí. Así como la voz de las compañeras trabajadoras sexuales en Orizaba no se quedó ahí, se hizo grande pues. Y van a ver que si esta su voz llega, van a ver que va a haber trabajadoras sexuales de otras partes del mundo que van a decir “sí es cierto”. Vas a ver, porque sí llega bien lejos y vas a ver que en España, en Barcelona, van a decir: “ah pues a nosotros también nos pasa eso”. Con su modo, porque hablan de otro modo allá. O para qué nos vamos tan lejos compañeras, pues las que están en Estados Unidos, mexicanas además, que tuvieron que ir para el otro lado. Pues también van a decir: “sí es cierto”. Y entonces no tenemos por qué salir de aquí y volver a sentir vergüenza de lo que estamos haciendo. En todo caso tenemos que sentir rabia e indignación por lo que nos hacen.

Entonces esa es la propuesta compañeras. En este caso concreto, decirle a la de derechos humanos: “cumple con tu deber”. Porque además ya va a salir en el periódico que ella dijo que mejor vamos a buscar arreglo, o sea, ya no se va a poder esconder, ahora va a tener que hacer la recomendación. Y ahora el presidente municipal va a tener que explicar por qué dice que es de izquierda y hace estas fregaderas; y el Partido del Trabajo a nivel nacional tiene que explicar por qué dice que es de izquierda y persigue a la gente humilde y sencilla; y López Obrador va a tener que explicar por qué es apoyado por el PT para ser presidente de México y persigue a la gente humilde y sencilla. Se va a hacer una bola de nieve pero para allá afuera. Entonces lo que se necesita es que ustedes estén unidas y firmes en la lucha y ya que salga esta palabra para más compañeras de la Otra Campaña, que yo espero pues que en otros estados ya con esto que hicimos, otras compañeras se van a animar a decir la palabra así como en Orizaba y ahora aquí en Apizaco. Pues se va a sentir toda esta fuerza y si sacamos eso de que vamos a decir ahora vamos a unirnos, mismo como trabajadoras sexuales y vamos a exigirle a los de arriba que nos respetan. Que nos dejan en paz pues, porque nomás están chingando. Échale pues que no nos estén procurando pues, pero cuando menos que nos dejen en paz y que nos respeten.

Y la Otra Campaña pues tiene que también hacer una campaña, primero de educación a sí mismo que tiene que respetar a los trabajadores y a las trabajadoras, también las sexuales. Porque a lo mejor piensan que nomás trabajador es el que está en la fábrica y no, ya lo vimos que no, cada quien tiene pues su chamba. Y entonces, pues yo creo que ahorita las va a buscar el presidente municipal o el gobernador, no sé alguien las va a buscar para decir: “No mira, ya no va a haber problema”. Está bien, ustedes busquen las mejores condiciones de trabajo para que eso sea ejemplo para otros, busquen a más compañeros. Que sí hay mucha compañera que anda suelta como explicó la compañera que le hacen como sea y que no sabe cómo defenderse, pues hay que decirle. Porque aquí lo que nosotros estamos ofreciendo en la Otra Campaña no es que se entra en un partido, ni que se cambien. Tienen que respetarse cada organización. Esta es su organización de ustedes. No la suelten, no la dejen, de veras. Manténganse unidas y si otras compañeras trabajadoras sexuales se unen en otro lado, que hagan su organización, respeto. Que se respete. Ahora, lo que se trata pues es de que unido cada quien como está, luchamos por nuestros derechos: aquí en Apizaco, aquí en Tlaxcala y aquí en el país y vas a ver cómo sí se va a hacer.

Porque ya donde estamos pasando es que la gente ya no aguanta. Así como la palabra que sacaron ustedes: “Ya no aguantamos más, ya no nos vamos a dejar”. Así hemos escuchado donde hemos pasado todas las veces. Y si en lugar de hacer esto que estamos haciendo compañeras, qué tal que nos estamos viendo allá que si los candidatos, pues no nos miramos. Ahorita estaría el Marcos ahí hablando con López Obrador o con Madrazo, con Calderón o con Fox. Entonces nosotros decimos: “No pues en lugar de mirar pa’rriba, mejor vamos a mirar pa’bajo”, y por eso venimos aquí y por eso escuchamos esa palabra y por eso les estoy diciendo esto. Ustedes tienen que tener, sentir, lo que nosotros estamos sintiendo ahorita en lo que llevamos, que es casi dos meses. Tienen que sentir un chingo de fuerza en el corazón. Así como ustedes ya, que antes estaban solas y ya organizadas sintieron: pues ya estamos fuertes porque si me hacen algo van a brincar las otras. Ya sienten que pueden, se sienten un poco más libres, pues ahora más todavía porque entonces ya se trata de esta organización.

Entonces compañeros nosotros les proponemos eso para que un día que se reúnan, cuando puedan, vean si le entramos juntos o no, nosotros estamos dispuestos. Saquemos un llamado a todo el país, de aquí de Tlaxcala, junto, trabajadoras sexuales de Apizaco y EZLN, y le firmamos juntos, llamamos a todas las trabajadoras sexuales y trabajadores sexuales, porque también hay, que vamos a unirnos juntos para luchar contra dos cosas: contra el sistema que nos hizo esto y contra los que no nos dejan trabajar ni nos reconocen nuestros derechos. Y a lo mejor, quien quita pues, así como hubo ya ven ahora unos días hubo un encuentro de los que hacen medios de comunicación, los que toman foto, video, revistas, todo eso, pues hagamos un día, a lo mejor se puede, un encuentro nacional de trabajadores y trabajadoras sexuales, y entonces sí a ver si no van a escuchar los cabrones.

Pero, además, ¿qué van a hacer sin nosotros? Un día que, en lugar de chambearle, nos juntemos a hablar, a ver ¿qué va a pasar? A ver si no van a decir: “no pues sí, este, sí son importantes, ya no les vamos a hacer algo”. Pero que sea de todos y que nadie hable por nosotros, sino que las mismas compañeras y compañeros que hacen ese trabajo digan: “así está la situación”. Porque esa es la Otra Campaña, no es que alguien va a hablar por nosotros, sino que ustedes mismos dicen su palabra y otros y otros y otros, y van a ver que la fuerza es bien grande compañeros, nomás que no nos damos cuenta. Porque no nos escuchamos, porque nomás estamos oyendo el ruido de arriba, pero ya que nos escuchamos aquí y que se va a escuchar en otros lados se va a sentir esa fuerza.

Entonces ya de resumen compañeras: decirle a la abogada que no se haga pato, que cumpla su trabajo; mandarle decir al presidente municipal que ya no están solas; y discutir y pensar si estamos de acuerdo de que hacemos esa palabra juntos para llamar a todo el país, a todas las trabajadoras y trabajadores sexuales del país a que se unan para luchar por los derechos y contra el sistema capitalista. ¿Cómo ven? ¿Le entramos o no le entramos? ¿Estamos decididos? Bueno, ¿quién va a escribir la palabra entonces? Ustedes hagan una más o menos. Bueno, no ahorita pues, hoy. Para que antes… el último día que estamos en Tlaxcala lo sacamos, nosotros estamos el viernes todavía en la mañana. Ahorita viera que ¿por qué no se avientan, no les da miedo en el acto público de Apizaco, al rato? si no, yo hablo pues, yo hablo a nombre de las trabajadoras sexuales; nosotros decimos que son unos cabrones. Porque en la tarde va a haber un acto público aquí.

Échale pues, que no se avienten ustedes porque qué tal que luego los persiguen o les hacen un mal, pero si me dan permiso yo saco esta palabra, hablo pues, nomás me peino antes porque si no van a decir que (…) Si de por sí se estaban peinando porque iba a salir la cámara ¿verdad? Pues lo que podemos hacer es: a ver, mira yo hago más o menos un escrito hoy mismo y, mañana en la mañana pues, a ver si le entrego a Luz o a alguien y entonces a ver si se puede y que lo vean entre ustedes, si están de acuerdo —mañana es jueves—, el viernes ya lo sacamos en los periódicos y que ya se salga. Pero que sí sepamos bien y estemos de acuerdo y lo sacamos. Y ya sé que rápido en Orizaba van a decir órale, nosotros le entramos. Bueno, entonces yo hago ese escrito hoy en la noche y lo paso mañana, lo revisan y si están de acuerdo ya lo publicamos el viernes antes de salir, pa que salga mero aquí en Tlaxcala, ¿estamos de acuerdo?

Pues así está compañeras, no sé cómo la ven compañeros. ¿Están tristes? ¿Ya no, verdad? así pasa después de cada reunión, ya como que la tristeza no… ¡Ah sí!, la otra cosa: vamos a regresar, ya se me había olvidado. Por eso dice, bueno yo soy el Subcomandante Marcos, pero dice que Delegado Zero porque primero salgo yo y luego vamos a dar otra vuelta ya más tiempo y ya vienen más compañeras y compañeros, mero indígenas de allá, nomás que sí ya hablan un poco castilla. Y entonces esos ya vendríamos a cada lugar y ya más tiempo. Entonces ahí pues, si nos invitan, pues iríamos a su casa de ustedes y estaríamos aquí en su local o donde estén chambeando; junto con ustedes, nosotros no tenemos miedo, pues, ni pena, ya llevamos 500 años en eso. Y entonces, a ver si van a estar chingando los otros ¿si? Y ayudamos a cuidar la puerta o a ir por el papel de baño o los refrescos, o lo que sea pues, de por sí lo sabemos pues cómo es. Si vamos por…y ya si uno se quiere pasar de cabrón, lo agarramos y lo sacamos a la calle.

Entonces esa va a ser la segunda vuelta, entonces, no es la última vez que estamos aquí. Ahorita nomás estamos conociéndose en otros lados, y ahorita voy yo solo nomás pa’ ver si no hay problema, y luego ya venimos más y ya tardamos pues. Y ya vamos a hablar más en confianza y ya mero donde está el problema. Y ya si a alguien le quieren perjudicar, vamos juntos a la cárcel a sacarlo, o a mentarle la madre al presidente, lo que sea pues, vamos a estar… si estamos juntos es que estamos juntos, no es que estamos diciendo de palabra pues. Ahorita nomás pasamos rápido así porque tenemos que ver mucha gente ¿no?

Pero yo hago eso hoy, viera que lo tengo a tiempo, a lo mejor hoy mismo le digo a Luz si lo puede pasar. Como que ella sabe dónde encontrarlas a ustedes. Pero si no, seguro mañana en la mañana entonces en el día lo ven, lo palomean o tache según como vean ustedes; si hay una palabra que no gusten pues le ponen tache yo le busco otra. Y el viernes en la mañana lo aventamos, día de la bandera; eso que dijiste está muy bueno, entonces, que el día de la bandera salga y que diga: “esta bandera también es nuestra”, nosotras, trabajadoras sexuales “también es nuestra bandera”. Y que lo agarre el que lo agarre y el que no, que se chingue y punto. Pues esa es la palabra compañeras, gracias compañeras.

Reunión con adherentes en el local de UPADI, Apizaco, Tlaxcala 22 de febrero

Buenas tardes, les agradecemos todo lo que han dicho aquí. Su palabra ha sido un excelente análisis de lo que es el poder político en nuestro país, representado especialmente aquí en Apizaco, que hoy nos está dando la hospitalidad que ahora tenemos. Lo que estamos haciendo nosotros en la Otra Campaña es escuchando estas voces, y viendo pues que lleguen lejos, y que esas lecciones de dignidad como las que le dieron origen a UPADI se conozcan en otras partes y se aprendan.

Traigo una historia, para los compañeros que tienen el problema del pozo de agua, de una comunidad que se llama Xpujil, en Campeche, que nos platicaron y que vimos cuando estuvimos allí en la Otra Campaña. Tienen el mismo problema: tienen los pozos de agua y de allí sacan para las fábricas y para las grandes plantaciones de los terratenientes y, entonces, a ellos les cobran muy caro. Se reunió la comunidad y dijo: “no, pues no está cabal aquí ¿por qué si el agua está en nuestras tierras, por qué tenemos que pagar tanto nosotros? no vamos a pagar tanto”. Igual: el presidente municipal les dijo “pues ahí lo ves, si es que no pagas te corto el agua. Entonces se unió la comunidad y dijo: “bueno, entonces lo que vamos a hacer es que si no cobran más barato o no cobran, entonces no hay agua”, y cerraron la llave. Y entonces, ya está el presidente municipal viendo cómo le hace para que sí bajen los precios para esa gente, porque eso está en sus tierras. Esa es una forma en la que ellos eligieron luchar, nadie se las dijo, no se las dijimos nosotros, así se pusieron de acuerdo entre ellos; así como los compañeros y compañeras que forman UPADI, u otras organizaciones que las acompañan, también decidieron sus propias formas de lucha.

Y la Otra Campaña trata de encontrar estas formas de lucha, no sólo para conocerlas y para que se sepan en otras partes, sino también para unirlas. Y está este problema que escuchamos del presidente municipal de aquí de Apizaco, que prácticamente desde que pasamos aquí no hemos oído más que mentadas de madre en contra de él y de todas las maldades que hace por todas partes. Venimos del mercado con las compañeras trabajadoras sexuales, también dicen que es prepotente, autoritario y sólo lo hace por adornarse con los ricos, y se llamaba la atención de que porqué se presenta como que es de un partido de izquierda que eso es lo que dice el Partido del Trabajo, que es un partido de izquierda. Todo lo que se contó aquí pues es la profecía que vamos a decir al rato: o sea, ese presidente municipal no va a durar mucho, porque no hemos encontrado ni quién hable bien de él. No sabemos qué está haciendo aquí, y no tarda en que otra vez el movimiento aquí en Apizaco se levante y acabe con él.

Esta mañana —lo digo porque una compañera del colectivo 1910 le manda un saludo a Durito en la Selva Lacandona—, Durito anda acá con nosotros en la Otra Campaña —vino a reforzar el equipo de apoyo del EZLN— y en la mañana cuando íbamos a salir me pregunta:

—Bueno, ¿y ahora a dónde vas?

Porque está haciendo el informe de los estados donde estamos pasando.

—Vamos allá con UPADI, tenemos una reunión con ellos al medio día para escuchar su palabra.
Entonces me dice:

—Te voy a contar un cuento para que les cuentes, que no te puedo decir dónde pasó, pero pasó en algún lugar.

Dice que era una pequeña ciudad donde vivía la gente así trabajando, tranquila, contenta, y pues llega un presidente municipal que es el ejemplo de la clase política que hay en México: que nomás están de parásitos, de holgazanes, de haraganes viendo a ver cómo se hinchan de dinero para luego poder huir cuando acaban su periodo, pero ya con mucha riqueza; que así como entran muchos políticos que no tienen ni para calzones, de pronto ya salen con carros, posesiones, casas y muchos lujos. Entonces, este presidente municipal pues estaba allí de haragán, de holgazán, viendo la televisión y pensando “¿y ahora qué hago para sacar dinero?” Ya había vendido la dignidad del pueblo a la hora que deja entrar grandes comercios, que no es cierto que vendan más barato, ni que sea de mejor calidad, lo que pasa es que al pequeño comercio y al ambulantaje le ponen muchos requisitos y entonces tienen que subir un poco el precio de su producto para salir a mano, y el otro, el gran rico, el de los grandes centros comerciales, pues ese no, ese ni siquiera paga impuestos, lo que hace es que le da una lana a la autoridad para que se haga de la vista gorda.

Y, entonces, resulta que esos grandes comercios ponen grandes propagandas y todo eso, y mucha gente se deja engañar y deja de comprar en el pequeño comercio, en el mercado, con el ambulantaje y se empieza a ir para allá. Entonces la situación del ambulantaje y del pequeño comercio es cada vez peor, porque cada vez le piden más dinero para dejarlo trabajar y cada vez tiene menos dinero para poder pagar. Entonces llega un momento en que el pequeño comercio y el ambulantaje sale a mano, decimos nosotros. O sea, quiere decir que lo que gana en el trabajo sirve para pagar, para que lo dejen trabajar al otro día y así, y entonces, ya cada día entra menos o no entra nada a la casa. Y entonces, a veces, se tiene que comer lo mismo que vende, si es que vende alimentos, pero si vende ropa ¿quién se va a comer una camisa?, por más sal que le eches, no, no baja, se atora aquí pues.

Entonces dice que ya tenía mucho dinero este presidente municipal y le dice a su secretario:

— ¿Y ahora qué vamos a hacer?

— Impuestos.

—Pero pues ya les pusimos impuestos de todas cosas, ya no sabemos qué ponerles.

— Pues vamos a dar una vuelta en nuestro carro de lujo a ver qué se nos ocurre.
Y entonces salen a dar una vuelta en su carro y empiezan a ver pues que aquí el modo pues es que las casas tienen puertas, y hay unas que son grandes las puertas, como portón —como ese que está allí—, entonces el presidente municipal:

—Tengo una idea, entonces lo que vamos a hacer es vamos a poner un impuesto por puerta, así todos tienen que pagar porque todos tienen que tener una puerta, y lo vamos a cobrar por metro cuadrado.

Y entonces se da el bando: “de ahora, de aquí en adelante en este pueblo todos los que tengan puerta —según de qué tamaño— tienen que pagar tanto de impuesto”. La gente en ese pueblo pues estaba hallada de que se reunía a contar sus problemas; no era como la gran ciudad, sino era más bien como el modo de la comunidad, decimos nosotros, que no es que cada quien ve su problema sino que lo platican y ven cómo le hacen.

Entonces, se reúne la asamblea del pueblo, y dice: “pues ahora este cabrón ya nos puso impuesto y qué vamos a hacer porque necesitamos una puerta para entrar y salir de la casa o del local donde trabajamos, y mientras más grande es la puerta, pues como quiera tenemos que pagar más”. Entonces ya dice uno:

—No, pues yo tengo una puerta chiquita, no hay problema, de por sí soy chiquito pues voy a pagar menos.

—Pero como quiera no te alcanza.

Y empiezan a discutir entre ellos para que no vea cada quien el problema individual, porque entonces dicen: “no pues los que tienen portón grande pues ahora sí que a ver cómo le hacen; yo tengo puerta chica, no me preocupo”. Pero hay tanta necesidad que, aunque tienen una puertita, como quiera batallan para salir. Y entonces se ponen a pensar:

—¿Y qué hacemos?

—¿Y qué hacemos?

Entonces dicen:

—Pues vamos a hacer las puertas… a taparlas.

—Y entonces ¿cómo le hacemos?

—Pues por la ventana.

Y entonces en todo el pueblo empiezan a tapiar todas las puertas; ya no hay puertas y entonces, cuando llega el cobrador de impuestos, pues le dicen “no pues aquí no te voy a pagar porque yo no tengo puerta”. Y ahí están los señores y las señoras, los niños, brincando por la ventana para entrar y salir. Y ahí avientan la mochila pues y ahí se avienta luego el niño. Y entonces, ya cuando va pasando la gente ve pasar una mochila, “detrás viene un niño —dice— o una niña”. Y entonces, el presiente municipal dice:

—¡Chin! ahora sí me jodió el pueblo ¿ahora cómo le hacemos?

Entonces le dice el secretario:

—Impuesto por la ventana.

—¡Uta madre!

Y entonces empieza… sale nuevo bando: “todas las casa que tengan ventana tienen que pagar impuesto”. Y se vuelve a juntar el pueblo y dice: “¿pues ahora cómo le vamos a hacer porque si tapiamos la ventana pues cómo le vamos a hacer para salir y para entrar? Y entonces empiezan a discutir que si el que tiene ventana grande y el que tiene ventana chica. Y que “mejor vamos a hacer un hoyo”. “No pero si hay un hoyo ya es ventana, aunque no tenga vidrio”. Y empiezan a decir “bueno, vamos a cerrar las ventanas y vamos a hacer un hoyo por el techo”. Entonces hacen un hoyo en todos los techos de las casas y se salen por ahí y se bajan por las escaleras. Y el gobierno dice:

—¡Chin¡ ¿y ahora qué? ya no hay ventanas.

—No pues impuesto por cada hoyo que hay en los techos.

Y llega otra vez el bando: “tanto de impuesto por agujerear las casas en el techo”. Se vuelve a juntar el pueblo y dice “y ahora ¿qué vamos a hacer? porque este cabrón o quiere vivir, quitarnos lo poco que tenemos o que nos quedemos encerrados en la casa”. Y entonces hay un momento donde los espías del gobierno ya no saben qué está pasando. Nomás ven que pasan horas y horas y el pueblo no sale. Y después, ya de madrugada, sale todo el pueblo, tapan los hoyos de las casas y se salen al campo y hacen un hoyo en la tierra. Y entonces llega el gobierno y dice:

—¡Ah! entonces ahora impuesto por hacer hoyos en la tierra.

Pero el pueblo no le hace caso y sigue haciendo el hoyo. Y entonces el secretario le dice:

—¿Sabe qué? no es buena idea, porque sólo están haciendo un hoyo, entonces, sólo vamos a poder cobrar impuesto de uno.

Pero el pueblo está trabaje y trabaje y trabaje y haciendo el hoyo más hondo y más hondo y más hondo. Y entonces dice el presidente:

—Por metro de profundidad.

Entonces saca un bando: “todos los pozos que se hagan por tanto metro de profundidad, tanto de impuesto”. Y va y le dice a la gente: “pues ahora ese pozo que están haciendo, tanto de impuesto”. La gente no dice y sigue haciendo el hoyo y el hoyo y el hoyo y el hoyo hasta que ya está bien profundo; ya no se ve dónde está el fondo. Ya se sale la gente y dice el presidente municipal:

—Pues ahora sí, tienen que pagar impuesto por este hoyo que hicieron ¿Cuántos metros mide de hondo?

—Pues ¿por qué no te metes a averiguarlo?

Lo avientan al hoyo y lo tapan. Se abren las puertas, se abren las ventanas y el pueblo decide pues que así se solucionó su problema. Pero ahora tenían el otro problema de que quién quedaba de presidente —el cuento de Durito creo que decía que era del PT ese presidente— y entonces luego luego dijo el PAN: “yo”, y el PRD: “yo”, y “yo” el PRI. Y empiezan a hacer su campaña y cuando están haciendo la campaña de que yo sí les prometo que no les voy a cobrar muchos impuestos y todo eso, en la presidencia municipal se mete un campesino, un indígena, pues a buscar al presidente municipal porque tiene el problema de la tierra y no le dan el permiso y todo eso. Entonces está ahí y pues en la presidencia municipal no hay nadie, porque el presidente ya está en el hoyo.

Entonces está ahí y entra alguien a pedir un permiso para poder poner su puesto ambulante. Y llega ahí a hablar con el indígena —pues ese no sabe hablar español, habla dialecto—, entonces llega esa señora a decir “yo, mi puesto, oiga señor presidente”… Pues el otro no le sabe decir, ni siquiera está entendiendo qué le está diciendo. “Entonces, usted señor presidente déme el permiso para trabajar, para poner mi puesto de mercado”. Y pues el indígena no sabe que está diciendo y le dice “sí”. Entonces ya se va contenta la señora y pone su puesto en el mercado.
Y así van pasando uno y otro y otro, y el indígena está esperando a que llegue el presidente para resolver su problema, pero no llega el presidente y a todo el que llega con una petición le dice “sí” y “sí” y “sí” y “sí”. Entonces, cuando están las campañas electorales, el pueblo se reúne y dice:

—¿Y ahora por qué vamos a votar para el nuevo presidente municipal?
Entonces alguien dice:

—¿Por qué nuevo? si ya hay uno allí.

—¿Cómo que hay uno allí?

Y ya dice una señora:

—Sí, yo fui y me resolvió mi problema; allí tengo mi puesto en el mercado, y no hay problema y no se qué.

—Y allá están los de Oxo y los de Wal Mart, están protestando porque —el indígena— el que está allí, el presidente, les cerró; ya nadie compra ahí.

Y empieza a haber pues mucha bulla en la asamblea del pueblo de decir de que ya hay un presidente, y pues todos van:

—Vamos a ver a ese presidente a ver de dónde salió, a lo mejor se salió del hoyo y ya aprendió la lección y ya se está portando bien.

Y entonces van y ven al indígena y le dicen:

—¿Y tú qué estás haciendo aquí?

Pues el otro no entiende, entonces ya encuentran a alguien que habla la lengua y le dice:

—¿Qué haces aquí? ¿quién te puso aquí?

—No pues yo vine a ver al presidente y pues empezó a venir gente y me pidió mi pensamiento, pues yo le decía lo que pensaba que estaba bien. Pero yo ya me voy a mi tierra, yo aquí no me hallo, aquí pues hay mucho cemento, yo quiero la tierra, el campo y todo eso. Entonces ya me voy.

Y se va. Entonces queda la asamblea pensando y dice:

—Entonces resulta que para ser gobierno no se necesita ser licenciado, ni estar en un partido político, ni nada de eso. Entonces quiere decir que cualquier persona, aunque sea humilde y sencilla como un indígena, puede ser un buen gobierno. Por qué no probamos entre nosotros y hacemos a un lado a esos que están allá peleándose y que, entre nosotros, vayamos viendo y así, como comunidad, vamos viendo que no se agarre mal camino, que no empiece a corromperse y a venderse. Nosotros nos conocemos entre nosotros, ya sabemos quién es quién, su historia, no nos pueden engañar. No es como los políticos que vienen de fuera…
Y entonces se hace el acuerdo y deciden que de entre ellos mismos se van a gobernar y deciden esto que “pues ahora los que vamos a mandar somos nosotros y a quien pongamos tiene que hacer lo que nosotros le digamos”.

No sé qué pueblo sea ese donde encontró el cuento Durito, pero eso es lo que les veníamos a traer, que me encargó. Ya cumplo la orden que me dio don Durito de la Lacandona, y es la historia que les traemos.

Compañeros y compañeras, pues esta palabra es muy poco lo que le puedo agregar a todo lo que dijeron, ojalá que este ejemplo de rebeldía que nos platicaron, de dignidad y, sobre todo, de organización que ha obtenido los triunfos que ha obtenido, no se detenga aquí, no se detenga en nuestro paso y, sobre todo, no se detenga en Apizaco. Y gracias a la Otra Campaña esa lección llegue muy lejos y en otros pueblos —en otras ciudades de Tlaxcala, o de toda la República mexicana— aprendan de ustedes como nosotros, como zapatistas a la hora que los escuché, hemos aprendido de ustedes.

Ojalá, también, que así esta capacidad de organización, de indignación y de rebeldía que tienen ustedes la hagan más grande para que más gente que está allá afuera —hay mucho descontento afuera, un rato que estamos aquí y ya escuchamos muchas cosas—, para que se haga una gran unidad y pues pase lo que tiene que pasar con los malos gobiernos: que se tienen que ir al hoyo y tienen que desaparecer. Y también, como pueblo, pues que se busque un buen gobierno ¿si? Nosotros no estamos en contra de que haya gobiernos, lo que estamos en contra es que sean malos gobiernos que ven por sus intereses y, ahora sí, que no nos obedezcan, que no nos obedezcan como pueblo.

Pues es todo, compañeros y compañeras, muchas gracias.

Acto Público en la plaza central de Apizaco, Tlaxcala

Buenas tardes, compañeros y compañeras de Apizaco y de los alrededores, y buenas tardes a este pueblo. Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos, soy del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y estamos en esto de la Otra Campaña, que vamos a tratar de explicar un poco. Hay aquí reunidos compañeros y compañeras de varias organizaciones de Tlaxcala que son ya nuestros compañeros y compañeras en esta lucha. Y hay también compañeros y compañeras de organizaciones políticas, organizaciones sindicales, pueblos indígenas, organizaciones campesinas, no gubernamentales, grupos juveniles, colectivos culturales, familias e individuos en todo el país. Y muchos de los que están aquí ahora, haciéndonos el honor de escucharnos, tal vez se estén preguntando de qué se trata esto, que si no será que el Marcos quiere tener un cargo, si quiere ser presidente municipal de Apizaco –al fin que cualquier cabrón es presidente, gobernador de Tlaxcala o presidente de México–, no. No compañeros y compañeras, nosotros no estamos buscando cargo, ni estamos llamándolos a votar por un partido político, nosotros los estamos invitando a pensar: ¿cuánto tiempo? ¿cuánto tiempo más vamos a aguantar?

Allí está una máquina de ferrocarril, un vagón, como un símbolo de lo que fue este pueblo. Y llegaron los de arriba y dijeron: “Apizaco ¿estación ferroviaria? Ya no”. Y queda allí nada más el monumento y todos los trabajadores para afuera. Llegaron y dijeron: “Apizaco debe ser de industria textil”. Y ahora ya están cerrando las fábricas por culpa del Tratado de Libre Comercio; a cerrarlas y la gente para afuera. Y ahora llegan y dicen que las maquiladoras, y cuando quieran los patrones se las van a llevar, y la gente para afuera. Y aquí en esta plaza van a ir apareciendo más monumentos y cada vez va a haber menos gente en Apizaco y menos gente en Tlaxcala.

Nuestra tierra de Tlaxcala va a ser una red de carreteras, de periféricos, seca, sin campesinos, sin jóvenes, sin mujeres, sin estudiantes, sin maestros, sin obreros. Esto se va a convertir en una colonia más de la Ciudad de México que va a ir creciendo y creciendo. Este va a ser el lugar donde se van a venir a divertir los ricos sin que nosotros veamos de qué se trata. Va a haber autopistas sobre las que nunca vamos a caminar, aeropuertos a los que nunca vamos a entrar, ni siquiera para barrer o para limpiar los cristales. Todas las aguas, lo montes, la historia de Tlaxcala va a estar en venta y va a estar en posesión de otro, no de nosotros, que vivimos aquí y aquí los levantamos, porque esa iglesia la levantaron estas manos, esta calle, este parque, todas las casa que hay, los grandes comercios y los pequeños, los mercados, todo eso fue levantado con manos de trabajadores, con las manos de ustedes y de sus antepasados.

Entonces, nosotros venimos a preguntar a todos los que todavía están pensando qué van a hacer, venimos a preguntar cuánto tiempo más vamos a esperar a que esto se sigue destruyendo, cuánto tiempo más vamos a esperar a llegar a la casa, y ver cada vez que en nuestra mesa hay menos comida, que está la cuenta de la luz, del teléfono, del predial, de los impuestos que va agregando este cabrón que es presidente municipal aquí. Y que no hemos escuchado ni una sola palabra a favor de él, y que venimos a recordar que es de un partido que dice que es de izquierda, y que es el mismo partido que a nivel nacional está proponiendo un candidato a la presidencia de la República. Y vemos la historia que nos han contado, no la inventamos, porque nosotros venimos desde las montañas del sureste mexicano hasta Tlaxcala para aprender de ustedes. Porque hasta allá llegó la voz de su lucha, la voz de su dignidad, la voz de su coraje y entonces dijimos: “hay que ir para allá para que nos enseñen”.

Y hablamos con los compañeros y compañeras ex-braceros y nos contaron su historia de dolor y cómo les robaron millones y millones de dólares a todos ellos. Y entonces hacemos la comparación con lo que se están gastando allá arriba los partidos políticos para volver a prometernos que ahora sí, ahora sí la gente de Apizaco va a vivir bien, ahora sí va a haber empleo, ahora sí va a haber escuelas, ahora sí va a haber apoyo al campo y todas esas mentiras que cada año, cada tres años, cuando son presidentes municipales, cada seis años cuando son gobernadores o presidentes de la República nos vienen a repetir.

Y escuchamos también la voz de los maestros democráticos que no sólo luchan por sus derechos, sino con un corazón generoso se abren para apoyar otras luchas: de campesinos, de colonos, de locatarios del mercado, de gente que lucha por defender su tierra, lo poco que queda ya. Y escuchamos también la voz de los campesinos tlaxcaltecas que nos dicen: “nos están robando la tierra y a la hora que queremos reclamar, resulta que nosotros –los que la trabajamos– somos los delincuentes”. Y resulta que el que se la está robando se la está robando porque hay una ley que lo protege.

Y cuando vemos para arriba vemos que están juntos el gobierno y el gran empresario y que se están poniendo de acuerdo. Y hace tiempo así pasaba, y pasaba la vida con dolor y pobreza –lo sabíamos–, pero pensábamos que allí en nuestra pequeña parcela, en nuestra casa, en nuestra calle, en el mercado, en nuestra fábrica, ahí más o menos íbamos tirando. ¡Pues se acabó! También vienen por eso. Vienen por todo, vienen por el cuartito que tengamos, por el pequeño pedazo de tierra, por el pedazo de calle donde vendemos, por la forma en la que vestimos y pensamos, por nuestra cultura, por nuestro color, por todo, todo lo que todavía llamamos patria, que se llama México.

Vienen por todo eso y cada quien tiene que preguntar qué va a hacer, y están estas dos propuestas que se hacen: y que lo escuchamos en la radio, en la televisión en los periódicos, y los vemos en las calles, cuando los políticos nos dicen que los veamos a ellos, que los escuchemos a ellos, que escuchemos su palabra y sus promesas, y no importa cómo nos llamemos ni cuál es nuestro dolor, ni qué es lo que nos pasa; lo que importa es la credencial de elector. Y entonces, con eso, pongamos toda nuestra apuesta, nuestra dignidad, y le cambiemos porque alguien nos va a venir a resolver lo que ya sabemos que no podemos resolver más que nosotros mismos. Porque basta revisar la historia de Tlaxcala, de Apizaco, de cada uno de los sectores en los que están cada quien, para que se de cuenta de que lo poco o mucho que tiene es porque se organizó con otros y logró conquistarlo, y ahora lo quieren quitar todo.

Entonces, esta gente de allá arriba nos dice: “no te preocupes, mírame a mí, escúchame a mí, tú quédate quieto, dame tu voto y déjame hacer a mí, yo sí te voy a cumplir”. Y va a volver a pasar, lo sabemos, lo que ha pasado antes. Los ancianos van a seguir tratados con desprecio, ya no sirven, ya no producen; los jóvenes van a seguir siendo perseguidos, como si fueran delincuentes, cualquier joven que se pinte el cabello de un color, se vista de negro o escuche un determinado tipo de música va a ser el sospechoso de cualquier crimen, y va a ser perseguido; cualquier joven que quiera buscar una forma de manifestar su cultura, va a ser perseguido. Este es el producto del sistema capitalista: hacer a los jóvenes delincuentes por el tiempo en el que dure su juventud, y obligarlo en todo momento a bajar la cabeza, a obedecer, a ser igual a los demás a obedecer al que manda. Y esto se va a repetir una y otra vez si no hacemos algo.

Y las mujeres van a seguir siendo tratadas como cualquier cosa, desde que son niñas hasta que son ancianas. Desde jovencitas van a ser perseguidas y acosadas, cuando ya son adultas va a ver que no se va a respetar su inteligencia, su disposición al trabajo, sino si es bonita o si es fea, si es flaca o si es gorda; lo que va a importar es su físico, no su capacidad mental. Y cuando ya son grandes, pues el desprecio que ya conocemos, el olvido, el “ya no sirves, estas vieja, estas gorda, estas fea, me voy”. Y cuando son ancianas, pues ni siquiera eso: ya el problema de tenerlos, de tenerlas, como si fueran un estorbo, esperando a ver hasta cuándo ya se van a morir para que dejen de estorbar, igual si son hombres.

Y los campesinos: sin tierra, con la trampa del Procede, que se conviertan de ejidatarios o comuneros en pequeños propietarios; que agarren deudas y que descubran que todo el día que trabajan es para pagarle al banco. Y que, luego, el banco se quede con todo y entonces, si hay edad todavía, a buscar trabajo en Estados Unidos y, si no hay edad, pues ya ni modo, a esperar a ver quién se va a acomedir con nosotros.

Y los trabajadores que tengan todavía derechos, que tengan todavía la planta, la van a perder; ya los capitalistas no quieren derechos laborales. No les importa: lo que quieren es trabajadores que laboren como si fueran esclavos, un día sí y a ver si el otro día también, si no, para afuera. Y las mujeres y los hombres jóvenes que trabajan en la maquiladora: doce horas de trabajo, catorce horas de trabajo, 80 pesos a la semana, 320 pesos al mes, 10 pesos diarios ¿quién va a vivir así?

Y las compañeras trabajadoras sexuales, también perseguidas y despreciadas –como nos lo han contado– por este presidente municipal. Y tiene razón cuando dijo la compañera: “hicimos trato”. No están solas, de aquí en adelante, lo tiene que tomar en cuenta el que las insulte o el que las agreda, o el que las persiga: junto con ellas está el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Y también lo está con los ex braceros que están exigiendo sus derechos –y con los que vamos a marchar juntos el próximo primero de mayo–, y están también los trabajadores del magisterio, y los jóvenes rebeldes, y están también las mujeres organizadas, y están también los campesinos, y los trabajadores que luchan por sus derechos.

Todos esos nos estamos haciendo compañeros y compañeras porque nosotros elegimos no mirar para arriba, no escuchar lo que están diciendo allá arriba porque ya sabemos que es mentira. Lo que escogimos fue escucharnos entre nosotros, saber cuál era nuestro dolor, entenderlo, conocer la historia de lucha y ya no volver a luchar solos. Escogimos y elegimos luchar juntos. Y entonces lo que está pasando, compañeros y compañeras, así como están viendo aquí este viento que se levanta en Apizaco, se está levantando en todo el país un gran alzamiento nacional.

No vengo a contar lo que se me ocurre, sino lo que he visto ya en nueve estados de la República. En todo el sureste mexicano, nueve ahora con Tlaxcala, hemos encontrado miles de gentes que están hartas, que ya no creen que arriba se puedan cambiar las cosas, que ya no tienen ninguna opción más que morir o irse para otro lado, o la Otra Campaña, que es luchar por sus derechos junto con todos. Y nosotros venimos a invitarlos a ese movimiento, que no va a terminar en que alguien agarra el poder y se enriquece y se olvida de todo, que no va a terminar en un monumento, en un vagón de ferrocarril abandonado en medio de una plaza, sino que va a terminar en un nuevo país.

Y nosotros venimos a preguntarles compañeros y compañeras, tú que eres joven, jóvena, que eres anciano, que eres adulto, empleado, trabajador, campesino, gente sin tierra, locatario del mercado, vendedor ambulante: ¿qué vas a hacer compañero, compañera? ¿vas a escuchar esta palabra que han sacado todos los compañeros aquí y la que estamos sacando ahora nosotros y te vas a ir a tu casa como si nada?, a esperar que en el periódico aparezca, en la televisión, y digas: “¡a chingao!, pues sí es cierto, ganaron; sí es cierto, se está levantando otro país; sí es cierto, corretearon a todos los políticos corruptos; sí es cierto, corrieron a todos los patrones; sí es cierto, la tierra ahora es de quien la trabaja, y las fábricas de los obreros, y los transportes de los choferes, y el trabajo es de quien lo hace, ya no de quien vive de él, del patrón. Y llegó ese día que yo estaba allí en esa plaza, y me dijeron que escogiera, que eligiera si iba a esperar a que apareciera en las noticias, o iba a poner ahí mi nombre –el nombre propio y mi apellido– para yo poder decirle a mi familia, a mis descendientes, que yo estuve en ese movimiento que cambió al país, mucho más profundamente que la revolución Mexicana, mucho más grande que la guerra de Independencia”.

Porque aquí nos estamos jugando, ahora sí, que el futuro de este país. Que si lo dejamos –como dijeron aquí– que sigan allá arriba haciendo lo que están haciendo, ya no va a haber nada. Eso es lo que nos estamos proponiendo, compañeros y compañeras, y a lo que los estamos invitando. Los estamos invitando a ya no estar solos, a luchar por sus derechos, a entrar en un movimiento, en una organización donde va a ser respetada su palabra, su organización que tengan, no importa si es pequeña o si es grande, no importa si es una familia o es solo una persona.

Aquí hay un lugar para ustedes, allá arriba no, allá arriba no contamos: sobramos. Somos lo último, lo que hay que echar en la basura de esto antes de vender completamente al país. Sobramos como indígenas, sobramos como jóvenes, sobramos como mujeres, como campesinos, como trabajadores, como maestros, como estudiantes, y tenemos que elegir si dejamos que nos sigan tratando como nos tratan y que nos arrojen al bote de la basura, o nos organizamos y los ponemos a ellos en ese bote de la basura –que es donde deben estar–, ahí o en una cárcel, que es lo que estamos proponiendo.

Entonces, compañeros y compañeras, nosotros los estamos invitando a eso, no a que otro luche por ustedes, ni Marcos ni nadie, sino que ustedes mismos luchen. Nosotros no queremos ser presidente, ni gobernador, ni presidente municipal: queremos ser sus compañeros, como iguales, en la misma lucha, con los mismos derechos, y con diferentes demandas. Los jóvenes con las suyas, los pueblos indios con las nuestras, las mujeres con sus propias demandas, las trabajadoras sexuales también con sus propias demandas, los obreros, los campesinos, los maestros, los estudiantes. Y esto de por sí va a pasar, compañeros y compañeras.

No venimos a prometerles nada, sólo venimos aquí y paramos para avisarles: este movimiento ya se levantó y no se va a detener hasta que llegue a su objetivo. Y el objetivo de este movimiento de la Otra Campaña es otro país, otra forma de decir México sin sentir vergüenza, otra forma de decir México sin que nadie piense cuando escucha ese nombre en Vicente Fox o en Marta Sahagún, o en la bola de cabrones que están en los gobiernos, o en los grandes ricos que se están enriqueciendo a nuestras costillas. Sino que cuando digan México, se quiten el sombrero, levanten la cara y saluden a ese país que empezó en el año de 2006 a dar una lección al mundo, una lección de dignidad como ya ha pasado mucho tiempo que no la damos: más de cien años. Y como ahora, tenemos que volver a empezar ahora en el 2006 y que vuelvan a sonar los tambores, que vuelva a sonar la música de lucha, y que vuelvan a levantarse las banderas y los rostros y los sombreros, y la voz y la mirada de los que están abajo.

Van a llegar acá –tal vez, porque a lo mejor no les importa–, tal vez van a llegar los candidatos presidenciales y van a ver que llega más gente, mucha, y tal vez les preguntan:
–¿y tú, cómo vienes o a qué?
Y no van a saber decir; van a saber decir nada más:
–Llegó un autobús por mí y me trajo.
–Pero tú estabas cuando estaba el mitin del PRI, y ahora en el del PAN, y mañana vas a estar en el del PRD.
Y les va a decir:
–Yo voy donde me dan la gorra, donde me dan la torta.

Y al final no va a haber nada, compañeros y compañeras. Mejor vamos a organizarnos juntos, vamos a entrarle a esta lucha y vamos a cambiar por fin la historia, que es lo que tenemos que hacer. Y por eso nosotros decimos que es Otra Campaña, porque se trata de que primero habla la gente, primero cuenta sus problemas, sus luchas, y entonces, ya después esa palabra la vamos juntando y vamos haciendo lo que llamamos un Programa Nacional de Lucha. No se trata de que alguien venga a decirle a Apizaco qué es lo que tiene que tener, sino que la misma gente diga qué es lo que se necesita. Y entonces, ya que acabemos, que echemos fuera a los políticos y los grandes patrones, entonces sí hacer una nueva ley, una nueva Constitución. Y entonces, sólo entonces, podremos ver que entonces en esta tierra vuelve a florecer la dignidad como mucho tiempo antes y que ahora aparece oculta por toda la mierda de los políticos que están echando.

Compañeros y compañeras de Apizaco: decídanse, piénsenlo bien, y si llega en su corazón que quieren ser parte de la historia, entren a la Otra Campaña. Tomen su lugar y defiéndanlo. Unan su lucha con la lucha de muchos trabajadores y trabajadoras en todo México.

Eso es lo que les queríamos decir, compañeros y compañeras. Gracias por su palabra y gracias, sobre todo, por la gran enseñanza que nos han dado en todo este tiempo. Es todo compañeros, compañeras.

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1 Comentario »

  1. ME gUSTARIA QUE ME MANDARAN INFORMACIÓN QUE CREAN QUE ES IMPORTANTE PARA PUBLICAR CON TODO RESPETO.
    SABEMOS QUE NUESTRAS MUJERES MEXICANAS TIENEN MUCHOS PROBLEMAS DESCRIMINACIONES Y QUIERO CONOCER SUS COMENTARIOS.

    Comentario de JESUS SANTOS AGUIRRE — julio 25, 2009 @ 4:07 pm

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