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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Feb212006

Con la Asamblea Nacional de Braceros. Tlaxcala (20/feb/06)

Escuche aquí:

Palabras del Delegado Zero a la Asamblea Nacional de Braceros.
El Dorado, Zacatelco, Tlaxcala
20 de febrero de 2006

Compañeros y compañeras, buenas tardes. Les traigo un saludo de los hombres mujeres niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. No sé si me están escuchando allá atrás, ¿si se oye? Bueno. Queríamos traerles este saludo especial, porque como Asamblea Nacional de Braceros nosotros los conocemos desde hace varios años. La historia de ustedes es muy parecida a la historia de nosotros, no sólo en que también como ustedes pasamos solicitando, exigiendo al gobierno el reconocimiento de nuestra lucha, sino también porque igual que ustedes recibimos desprecio, ignorancia y mentiras.

Nosotros tenemos un cariño especial por ustedes. Aunque estábamos allá en las montañas del sureste mexicano su voz y su lucha llegaba hasta nosotros gracias a compañeros y compañeras que nos mandaban la información de cómo iba su lucha. Vimos cuando nacieron, vimos cómo lucharon, y llegó el día como ahora, que estamos aquí con ustedes, que podemos decirles ya compañeros y compañeras. Y queremos que le quede bien claro a la Asamblea Nacional de Braceros, que tiene que decir ya en su lucha que a su lado, en sus demandas por justicia está ya el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Vemos que la mayoría de los compañeros y compañeras que están aquí tienen ya edad. Y queremos decirles pues, que allá en nuestras tierras, la gente de edad es la que más vale, la que nos dirige. Yo no soy comandante, soy subcomandante. Encima mío, los que me mandan, los hombres y mujeres indígenas de allá de las montañas del sureste mexicano, son hombres y mujeres como ustedes, gente sencilla y humilde y trabajadora y todos nosotros siempre escuchamos con atención la palabra de nuestros mayores. Nosotros no les decimos viejitos ni viejitas, les decimos mayores, porque es mayor su experiencia, su sabiduría, y su conocimiento de las leyes de la tierra. Nosotros no pensamos en la gente según cuántos estudios tiene, o según qué bien habla o si grita mucho o si echa mucho rollo. Nosotros vemos en la gente su corazón sencillo, su palabra, su trabajo, sobre todo y es lo que vale.

La mayoría de nosotros de los zapatistas no habla español, habla lengua indígena. Nosotros somos de raíz maya, y nuestros pueblos se llaman tzotzil, tzeltal, ch’ol, tojolabal, mame, zoque; casi nadie, ninguno de nosotros es mestizo. La inmensa mayoría de nuestros hombres, mujeres, niños y ancianos son de sangre indígena. Hace doce años, una madrugada, el primero de enero de ‘94 nos alzamos en armas contra el supremo gobierno, por causa de que como indígenas no nos miraban. Así como pasaba un perro por la calle, así pasaba un indígena o una indígena y no hay ni quién la miraba. Hace años lo indígenas no podíamos caminar por la banqueta, teníamos que caminar por la calle, donde transcurrían y caminaban los animales. Por la banqueta decían los poderosos, sólo pasan las personas y los indígenas ni siquiera son personas. Y entonces, vimos que todo esto está mal, que nuestra tierra muere, y entonces decidimos alzarnos en armas.

El primero de enero de ‘94 me tocó a mí salir con la columna guerrillera que tomó la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Inicialmente tenían que salir al combate sólo los hombres y mujeres que se habían preparado. Cuando estamos a punto de salir, de allí de las montañas de los altos de Chiapas, se presentaron los oficiales a decirme que había un anciano que quería ir también al combate y que no hacía caso de que no podía ir, que tenia que quedarse. Me mandaron entonces a mí a hablar con él para convencerlo. En lengua, le trataba yo de explicar al compañero que iba a haber guerra, combates y que no iba a poder pelear así como estaba, él usaba un bastón para poder caminar, porque ya estaba muy grande de edad y con dificultad podía ponerse en pie. Él me dijo: “Dame un arma, con ese voy a poder caminar, yo tengo ya poco tiempo de vida y siento que si no participo en esta lucha ¿Qué cuentas le voy a dar a mis muertos, a mis ancestros, a mis antepasados cuando los encuentre allá en el otro lado? Siento que si llego con ellos y llego con las manos vacías, entonces me van a reclamar. A mí no me preocupan mis hijos, mis nietos, mis bisnietos, lo que me preocupa son mis padres y mis abuelos, porque ellos lucharon y yo también siento ese deber de que tengo que luchar”.

Le dimos una escopeta, y con ella fue, caminándose, apoyándose en esa escopeta como si fuera un bastón a atacar la ciudad de San Cristóbal. Y junto con él rendimos a la policía municipal y a la policía de seguridad pública del estado, y esa madrugada del primero de enero del ‘94, junto con él, tomamos la ciudad de San Cristóbal y otras seis cabeceras municipales más. Lo que pasó después, pues se conoce en todo el mundo y en México. Empezaron los combates contra el ejército, luego vino el diálogo y vino esta historia que ustedes bien conocen donde el gobierno prometió solución y no cumplió Y entonces, una y otra vez buscamos la forma de seguir adelante en nuestra lucha, de no rendirnos. El compañero éste ya de edad, murió por fin y lo último que alcanzó a decirnos es: “No se rindan, no se vendan, no se dejen engañar”.

Y nosotros sentimos entonces que habíamos tenido ahora un debe con ese compañero, con ese que ahora ya estaba muerto y que nos estaba dejando como una herencia y no nos estaba dejando un terreno, ni una cantidad de dinero, ni siquiera ropa, nos estaba dejando el deber de luchar. Y yo vengo a traerles este mensaje de allá de las montañas del sureste mexicano, que es especial para ustedes, para nuestros mayores, hombres y mujeres aquí, de la Asamblea Nacional de Braceros. Nosotros venimos a decirles: “No se rindan, no se vendan, no se dejen engañar”. Ustedes y su lucha es muy importante para nosotros.

Para nosotros, allá en las montañas del sureste mexicano, es un orgullo y es un honor que podamos decirle a la gente que llega allá que nosotros tenemos como compañeros y compañeras a ustedes. Que a lo mejor su nombre no suena, su nombre individual, o su rostro no se mira, pero su rostro colectivo, que es la Asamblea Nacional de Braceros, esa sí se conoce y se respeta y la lucha que han llevado también se conoce y se respeta. Nosotros queremos decirles que si ustedes siguen adelante en su lucha, nosotros vamos a estar con ustedes. No nada más es una palabra, vamos a ver la forma de apoyarlos como sea posible para nosotros. Ahora estamos haciendo esta lucha nacional, no sólo por los derechos y cultura indígena, tampoco sólo por los derechos de los exbraceros, sino por todos los derechos de todos los hombres, mujeres, niños y ancianos que son gente sencilla y humilde que está en todo el país.

Hemos encontrado en los ocho estados que hemos caminado, campesinos sin tierra, que los engañan, así como nos engañaron a nosotros, así como los engañaron a ustedes, gente que pierde todo y tiene que ir a trabajarse a Estados Unidos para poder mandarle a su familia algo de paga. Hemos encontrado obreros de la industria que son engañados por los líderes charros, por el gobierno, por los patrones. Hemos encontrado jóvenes que son perseguidos nada más por su gusto de la policía o su gusto de los funcionarios. Hemos encontrado estudiantes que no tienen buenas escuelas, y que al final, cuando acaban de estudiar, después de muchos años de estar batallando, pues tras, que no hay trabajo. Y hemos encontrado también maestros que son mal pagados, que los persiguen pues, porque exigen sus derechos y los tratan como si fueran delincuentes; y hemos encontrado también ancianos, hombres y mujeres ya de edad, que nos dicen claramente: “Oye sup, es que a nosotros en este sistema nos tratan como si fuéramos una envoltura ya vieja, como si fuéramos un mueble que ya no sirve, y nos tienen allí arrinconados en el país, esperando pues a ver que nos come el animal, o que nos eche a perder el clima, como que estamos allí arrumbados, estorbándoles. Y nosotros no nacimos ancianos, nacimos jóvenes y trabajamos, y trabajamos duro y generamos riqueza, y toda nuestra vida nos la pasamos trabajando, y ahora, que ya no les servimos, nos quieren hacer a un lado. Nos quieren matar”.

Y nosotros entendimos muy bien esa palabra, porque igual pasa con los pueblos indios, igual pasa con todos los trabajadores. Nada más mientras sirven les empiezan a quitar todo lo que producen y luego ya que no sirven para nada, según ellos, los quieren hacer a un lado. Y ahora conocimos aquí en su voz de ustedes y en su indignación y su rabia, esta historia que pasó, porque sabemos bien que cuando fueron a trabajar a los Estados Unidos, no era que iban a conocer o que iban a turistear, sino que tuvieron que ir a trabajar en condiciones de peligro, porque ahora lo tenemos que decir, era una guerra, la Guerra Mundial, y qué tal pues que caen bombas en el campo que se están cultivando, ¿quién es el que va a morir? ¿Quién es el que va a quedar (baldado), el que va a perder un brazo, una pierna? Pues un mexicano, no un gringo, ¿Qué pasa si caen bombas donde se está trabajando el ferrocarril ¿Quién va a morir? ¿Quién va a quedar lisiado? Un mexicano. Y todavía, como explicaron ustedes, soportar el maltrato de los capataces y los patrones gringos, que al fin y al cabo nos despreciaban porque teníamos otro color, otra lengua.

Fíjense, así como nos pasa a nosotros como indígenas en nuestro propio país, que nos tratan como si fuéramos extraños y se burlan, como se burlaban de ustedes en Estado Unidos por nuestro color y por nuestra lengua, y lo vemos también que en todo ese trabajo las cosechas que se levantaron, los ferrocarriles que pudieron andar para llevar las mercancías allá en Estados Unidos, generaron riqueza, y sólo una pequeña parte, muy pequeña es lo que nos pagaban y todavía de esa parte que nos pagaban nos quitaban según esto para el ahorro, y como demostraron aquí con su palabra, lo mandaban a que lo cuidara el gobierno… El gobierno. Desde cuándo ha cambiado pues el gobierno si es el mismo. No importa qué color tiene, su escudo o cómo sea su nombre, igual lo sabemos bien que nada más está robando y holgazaneando, porque esos ni siquiera trabajan compañeros y compañeras, y ahora resulta que empiezan a decir que el dinero se perdió. “No sabemos donde quedó”. Pero están las pruebas de que el dinero sí se mandó. Están las cuentas, los papeles donde dice que el dinero que les quitaron a ustedes, a sus padres, a sus maridos, sí entró al banco y sí entró a México, y sí fue recibido por el gobierno, y ahora el gobierno se está haciendo pato.

Antes el gobierno del PRI, ahora el que se hace pato es el gobierno del PAN, el de Fox, ¿y qué nos dice?, que ustedes se movilizan y dice: “¿sabes qué? no hay dinero, sólo hay este poquito, y entonces en lugar de reconocer tu derecho como trabajador, te voy a tratar como si fueras un limosnero”. Como si te encontrara en la calle en una esquina, y bueno, pues aquí traigo un poco de dinero y te doy, eso es lo que está haciendo. Y entonces al gobierno no le cuadra. “Pues cómo, si ya estás viejito. Los viejitos, dice el gobierno, son como los indios, sólo sirven para hacer cositas, artesanías, y para pedir limosna. Entonces no les cuadra que ustedes, la gente de edad, nuestros mayores, se organicen y protesten y exijan su derecho.

Así como no le cuadró que los indígenas nos levantáramos y exigiéramos nuestro derecho, como que no lo entiende y no lo entiende porque está en otro lado, está allá arriba; viera que está abajo, entonces sí entendería lo que es el dolor, y sobre todo entendería algo que no tiene, que se llama dignidad. Y él piensa que la dignidad se puede comprar en un centro comercial, y va al Wal Mart, va al Chedraui, va a la Comercial Mexicana, y busca a ver si encuentra dignidad, a ver cuánto cuesta para comprarla y no existe, porque la dignidad es la del trabajador, la del indígena, la del hombre, la mujer el niño y el anciano que lucha y la dignidad es el respeto a uno mismo. Eso es la dignidad y esa gente de allá arriba no se respeta a sí mismo. Por eso los gringos lo hacen como quieren, como si fuera su calzón lo traen de un lado para otro al gobierno, lo hemos visto con Fox. Igual, los ricos lo hacen como quieren, y ahora que los pobres se levantan y exigen sus derechos, el gobierno dice: no, no pérame, tú tienes que estar allá en un rincón, o vete en una esquina a vender chicles, o pon un puestito de pan, o de fritangas o de refrescos y a ver cómo te va la vida, y mientras voy a dejar que pase el tiempo. Al fin que ya tienes edad, voy a esperar a que te mueras, eso es lo que quieren. Así como los indígenas están esperando a que desaparezcamos, a que muramos como pueblos indios, a que nos arrepintamos del color que tenemos de la lengua que tenemos de la cultura, así están esperando a que la edad mayor, los braceros que estuvieron en esa época en Estados Unidos, se mueran y así acabar el problema que tienen con ustedes.

Y entonces nosotros venimos a preguntar, de por sí llega el día en que nos morimos, ni modo. ¿Pero qué cuentas les van a dar a sus antepasados? Porque ustedes tienen ya compañeros y compañeras que ya murieron en esta lucha y no vieron la justicia, no se pueden rendir, no pueden aceptar esa limosna, porque el día va a llegar en que le han de ir a dar cuentas a esos que ya murieron y esos les va a decir ¿qué pasó con nuestra lucha? No pus, de plano no pudimos y nos desmayamos, nos rendimos y aceptamos lo que nos daba y entonces ese compañero y compañera que ya murió, que luchó junto con ustedes, les va a decir: ¿por qué? ¿Por qué, si nosotros estábamos luchando por algo justo, no por una limosna?, ¿por qué te vendiste, por qué te rendiste?, y así va a decir el señor de la viuda, y va a decir el papá del niño o de la niña entonces, y que ahora ya es adulto, y así va a decir su compañero de lucha, les va a preguntar por qué, por qué se desmayaron, por qué se rindieron, por qué se derrotaron. Y qué les van a decir, pues, compañeros y compañeras.

Porque nosotros sentimos ese mismo dolor y sentimos que no le podemos decir a nuestros compañeros que cayeron combatiendo en esta guerra, qué les vamos a decir, pues ya aceptamos cualquier cosa, porque eso que les hicieron a ustedes nos lo hicieron a nosotros, compañeros y compañeras. A ustedes les ofrecieron una limosna. Ay te va un poco de dinero, 38 mil pesos. Si trabajaron diez años son 10 pesos al día, es una limosna, es lo que uno saca cuando se encuentra a alguien que está pidiendo con la mano y le da diez pesos. Pero es gente que trabajó con peligro, que recibió humillaciones, que sufrió para trabajar, y ahora todo ese dinero que ahorró, alguien se lo quedó. Y el gobierno dice: No hay dinero, ni modo, tenemos muchos problemas, y cuánto están ganando los hijos de Marta Sahagún?, si lo sabemos ya que tienen un montón de tranzas ¿por qué no le quitan ese dinero a los hijos de Marta Sahagún y de Vicente Fox?, y entonces si se le da cabal al que está trabajando, no al hijo de una señora que nadie votó y ahora son también hijos del que dice que es presidente de México, que nada más por eso está de holgazán, está de haragán y se está llevando todo el dinero. Allí esta ese dinero. Por qué no se le da al que realmente lo merece por justicia.

Y están las tranzas de este que era gobernador del Estado de México aquí cerca, del PRI, Montiel, que resulta que tiene una gran riqueza. Allí esta el dinero que les robaron, y están las campañas políticas de los partidos, del PRI y del PAN, del PRD, del PT, de Convergencia, del PANAL, ya no se cuanta madre hay allí de nombres. Se están gastando un chingo de dinero para decir mentiras, compañeros y compañeras. Allí está el dinero que es de ustedes y que es de mucha gente. Entonces sí hay dinero, pero lo tienen ellos, se lo están gastando ellos y ese es el dinero de ustedes, y de sus antepasados, y no es justo eso que está pasando.

Entonces cuando ustedes se paran aquí y hablan y dicen: Nosotros estamos luchando por justicia, no por limosnas, están diciendo una verdad que además estamos escuchando por todo el país, por toda la parte que llevamos, la cuarta parte de nuestro país llevamos apenas, todavía nos faltan tres cuartas partes de caminar, y ya venimos escuchando este grito, cada vez más fuerte cada vez más firme, de obreros, de campesinos, de indígenas que están diciendo ya no. Ya estuvo bueno, ya no queremos seguir, ya no vamos a soportar mentiras, no importa de qué color sea la mentira, porque a veces la mentira es tricolor, a veces azul, a veces es amarillo y negro, a veces es de los otros, verde, de todos los colores pues que nos vienen a decir, pero quién viene a decir aquí no les prometo esto, aquí esta el dinero que ganaste con tu sangre, con tu trabajo, eso es lo que están demandando ustedes, y eso es lo que esta demandando toda la gente en culquier lado: respeto

¿Cómo van a decir que nos respetan si se están robando lo que tenemos y además se burlan de nosotros? Y sí, igual que ustedes con el presidente de la república, con la cámara de diputados y senadores, y con la suprema corte de justicia, en nuestros derechos de pueblos indios, y nada. Igual ustedes con sus derechos de exbraceros con el presidente de la República, con la cámara de diputados y senadores y ahora con la Suprema Corte de Justicia, y nada, ¿para qué queremos ese gobierno? Más aún, para qué queremos ese sistema, si nosotros lo estamos manteniendo.

Entonces en la Otra Campaña, nosotros no les vamos a dar el dinero que es en justicia de su propiedad. En la Otra Campaña nosotros queremos que ya no luchen solos, unir su lucha junto con nosotros, y con otros pueblos indios, con otros obreros, con otros campesinos, con otros que están en el otro lado, en estados Unidos, que como ustedes tuvieron que ir a trabajar para allá para mantener a sus familias, con hombres mujeres jóvenes, niños y otros ancianos como ustedes que dicen no, no es justo que ahora a mí me traten como si fuera un estorbo, como si fuera una basura.

Nosotros queremos que reconozcan toda la vida de trabajo que tenemos, y entonces se trata de unir toda esta lucha y acabar con el sistema, ese mismo sistema que los explotó en Estados Unidos y que ahora les roba el producto de sus ahorros, el mismo sistema que a nosotros nos desprecia como pueblos indios, el mismo sistema que persigue a las mujeres, a los jóvenes, a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes, a todo el que está abajo, es el sistema el que lo tiene así y allí están los parásitos de los políticos que están para servir a esos ricos, y dicen que están haciendo leyes compañeros y compañeras. Ustedes saben bien que esas leyes son nada más para poderle quitar la tierra al campesino, para que el obrero ya no tenga derechos, para que los estudiantes no tengan buenas escuelas, para que las privaticen y tengan que pagar mucho dinero y entonces el que no tiene paga pues no va a la escuela, y para que los maestros se porten bien, obedezcan, no se rebelen, no luchen por sus derechos, y así en cada caso es el mismo sistema que está jodiendo todo. Y eso es lo que queremos organizar.

Muchos de ustedes ya tienen mucho tiempo en estos suelos, bajo estos cielos, y saben pues lo que es una lucha y saben que no es fácil. La que nosotros queremos hacer es una lucha nacional y queremos hacer un levantamiento nacional, nada más que sin armas, con movilización pacífica, y que se vayan todos los ricos, y que se vayan los gobiernos, y entonces, hagamos juntos otro país, donde sí, cada quien tenga su lugar según su trabajo, no según su palanca de que es hijo de quién o que si es pariente de quién, porque así sabemos que así se reparten los dineros allá arriba, si eres hijo de Marta Sahagún, pues rápido sí tienes tu negocio y tu dinero, pero si eres hijo de Juana Torres, ni quién se va a acordar de ti, ni se sabe quién es, si eres hijo de Pancho Pérez, qué les importa a ellos pues.

Entonces nosotros queremos acabar con todo eso, y queremos unir su lucha a esas luchas, ahora, que ya está claro pues, que somos compañeros, no sólo compañeros en la Otra Campaña que estamos haciendo en todo el país, sino ya compañeros directo, entre exbraceros y zapatistas, como ya dijimos ahorita. Entonces nosotros queremos hacerles dos propuestas para que lo piensan y nos dicen. Nosotros queremos proponerles, va a haber una movilización el primero de mayo en la ciudad de México, de los trabajadores. Es el día de los trabajadores, entonces nosotros les proponemos: vamos juntos, Asamblea Nacional de Braceros y EZLN. Ahorita sólo vengo yo, pero con mi voz viene la voz de todos los compañeros. Vamos a marchar juntos, juntos los dos, y vamos a llevar nuestras demandas juntos, y vamos a demostrarle al país, y a los jóvenes, y a los niños y a los adultos y a todos los ancianos de este país que nos vean juntos y a ver si no da vergüenza no pelear, a ver si no da vergüenza no unirse a esta lucha. Que nos vean pues, como somos nosotros, como ancianos y como zapatistas, y que nos vean juntos y que oigan nuestra voz de rebelión, nuestra voz demandando justicia, y que juntas las dos voces se hagan grandes por eso, de eso se trata. Entonces lo que nosotros les proponemos es que lo discutan en su asamblea, y si es que sacan acuerdo, manden una delegación o todo el que pueda se vaya el primero de enero, allí vamos a estar nosotros…el primero de mayo. Allí vamos a estar en la Ciudad de México, y juntos vamos a hacer nuestra actividad, junto con los demás trabajadores que se junten allá, ¿si?

Y la otra propuesta que queremos hacerles: Miren compañeros y compañeras, la Otra Campaña no es nada más aquí en México, porque lo sabemos que hay mexicanos y mexicanas que están en Estados Unidos, trabajando, así como estuvieron trabajando ustedes allá todo ese tiempo, y entonces va a haber dos reuniones con ellos. Como nosotros no podemos cruzar porque le da diarrea a Bush, entonces los vamos a ver de este lado, para que no se enferma el señor, porque luego se enferma y hace una guerra, y entonces va a haber una reunión en Ciudad Juárez y otra va a haber en Tijuana. Entonces yo les propongo que manden una comisión que va junto con nosotros cuando toca ese día, y que esos compañeros y compañeras que están del otro lado escuchen su historia, y ustedes les digan a ellos; somos compañeros, apóyame, apóyame tú que estás del otro lado, y que eres mexicano como yo porque yo también pasé por eso, y mira todo lo que me pasó, y que los mexicanos y mexicanas que están en Estados Unidos conozcan la historia de ustedes. Pero no nada más de conocer que ya te vi, mucho gusto y adiós, sino a ver qué hacen allá también para apoyar esa injusticia pues, su lucha contra la injusticia que están teniendo.

Pero no es lo mismo si yo lo digo nada más, porque yo les digo pues ya conocí allá en Tlaxcala unos compañeros, a que ustedes mismos lo dicen. Porque de eso se trata la Otra Campaña, no que alguien va a hablar por nosotros sino que nosotros mismos vamos a hablar. Entonces que formen una comisión, nosotros pues sacamos, pues de nuestra bolsa pues, como tenemos y ayudamos para que vayan siete compañeros de ustedes, si se puede más, pues más de aquí nosotros ayudamos pues, para en autobús, en avión, como se pueda cada quien, llegan a Juárez y dicen su palabra como Asamblea Nacional de Braceros, y luego van a Tijuana y dicen su palabra, pero ya no entre ustedes sino que le van a decir a los que están del otro lado, mira esto pasó, no te va a pasar igual, no va a ser la misma injusticia que vas a recibir, tenemos que unirnos y que ellos hagan movilizaciones allá en Estados Unidos de apoyo a su lucha, así como están haciendo ya movilizaciones de apoyo a la Otra Campaña aquí en nuestro país y también en esa parte donde están ellos.

Entonces esas son las dos propuestas compañeros, nosotros pues, ponemos eso que vamos juntos el primero de mayo en estas movilizaciones y que ponemos un poco de ayuda para que vayan cuando menos siete compañeros pues a Juárez y a Tijuana a hablar con los braceros que están ahorita en el otro lado. Es todo compañeros y compañeras, muchas gracias.

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