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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Mar152001

Entrevista para El Observador, Uruguay: El EZLN quiere quitarse la E

El guerrillero en el asfalto

Matilde Campodónico enviada a México

Eduardo Blasina enviado a México

Uruguayos, uruguayos! —dice el subcomandante Marcos—, yo los estaba esperando a ustedes y ustedes me estaban esperando a mí. Bueno, aquí estamos”. Así comenzó la conversación que el líder zapatista mantuvo con El Observador, durante la cual alternó un indisimulable cansancio con la disposición a la broma, aunque con un tono bastante más serio del que suele observársele en las entrevistas televisivas.

La cita había sido pactada para la hora 18 del jueves 15 de marzo, pero la ansiedad a duras penas controlada hizo que periodista y fotógrafa llegaran media hora antes.

Con mayor puntualidad a la esperada, a la hora convenida se inició la charla en la Escuela de Antropología de la capital mexicana. Tras la revisación a la entrada, ambos fueron guiados hasta un pequeño anfiteatro en cuyo escenario se alternan pinturas de bienvenida, de trazo infantil, junto con una larga tela con un texto de Eduardo Galeano. El autor de Las Venas Abiertas de América Latina no es profeta en su tierra, pero sí lo es en territorios zapatistas.

Tras cinco minutos de espera, se dibujaron con nitidez las siluetas de Marcos y el comandante Tacho (su compañía más frecuente) bajando las escaleras del anfiteatro hacia el pequeño escenario donde se habían colocado cinco sillas.

En su charla, Marcos reconoció que extraña la selva, que el smog de la ciudad no le deja respirar con facilidad y que lo cansa usar el pasamontañas full time mientras permanece en la capital. Durante el tiempo que duró la conversación se lo escuchó siempre sereno, convencido, mirando a los ojos y usando una mano para sostener sus palabras y la otra para manejar su inseparable pipa.

¿Qué es lo que realmente quiere el EZLN? Se habla de democracia, libertad, justicia, pero estos reclamos parecen muy vagos.

Hay que distinguir entre lo que quiere el EZLN y los zapatistas. El EZLN quiere quitarse la E, dejar de ser un ejército, y lo que quieren los zapatistas es algo muy sencillo, es cambiar el mundo. Hacerlo como debe de ser, redondo, que quepa en él todo lo que tiene que caber. Pero eso en concreto no nos corresponde sólo a nosotros. Como EZLN lo que queremos es llegar a un diálogo y a una negociación justos, serios, responsables, que nos permitan a nosotros y al gobierno conseguir una salida digna para un problema. Eso permitiría dar una señal muy clara al resto del mundo en el sentido de que la vía del diálogo es la mejor para resolver conflictos. No sólo evita el derramamiento de sangre sino que además se construye con los otros. El mensaje para los otros grupos armados sería muy claro.

En ese otro mundo que usted imagina ¿hay empresarios?

Hay, hay. Nosotros decimos que en el mundo no puede ser que el color de la piel, de los ojos, la lengua que se habla o la forma de vestir, la cultura, sean motivos para que te valoren en mayor o menor grado. Si como producto de tu trabajo construyes tu riqueza y no a costa de los otros, ¿por qué no vas a tener lugar ahí? Nosotros no estamos planteando ningún sistema socialista, estamos planteando algo más difícil, más duro de construir, que es una relación de iguales entre los humanos.

¿Eso significa que cambió de manera de pensar? Cuando en su juventud usted decidió emprender el camino de la selva ¿pensaba que había que instaurar el socialismo?

Sí, claro. Llegamos con la mentalidad de marxista-leninistas, como imagino que todas las organizaciones político militares de los años 60 y 70 en América Latina. Este pensamiento fue limado. Llegamos. . (dibuja un cuadrado con el dedo índice en el aire) marxista-leninistas, y la realidad indígena empezó a limar los bordes y lo convirtió en algo redondo.

¿Ese limado fue suave, o en algún momento los indígenas le dijeron “mire, sus ideas no van con las nuestras”?

Hubo un momento de supervivencia. No podíamos tender los puentes, hablar y escuchar. No entendías los códigos del otro. Como si estuvieras hablando otro idioma, pero no hubiera del otro lado un referente para traducir lo que se está diciendo. Tenías que asumir primero el código del otro, su cosmovisión y en base a eso construir el lenguaje. En el momento en que se pudo asumir esa cosmovisión y el código cultural, ya cambió mucho. No se dio propiamente ese ultimátum de ‘no traigas eso aquí’, sino un ‘no te entendemos’. Empezó a construirse el diálogo en el momento en que ya estábamos compartiendo ideas fundamentales.

Tras la caída del muro de Berlín los conflictos étnicos se han multiplicado. ¿Cómo lo explica?

Han vendido una gran mentira, han dicho que en la lucha entre capitalismo y socialismo perdió el socialismo, ganó el capitalismo y lo que sigue es un solo mercado, un solo mundo, la aldea global, no más fronteras, , no más países separados unos de otros, libre tránsito de humanos de un lado para el otro, y lo que está ocurriendo es que las fronteras se multiplican, que el mundo no se está convirtiendo en una aldea global sino en un archipiélago en el que lo único que puede circular libremente son los capitales y las guerras, que no se ha construido un ser humano más racional, sino al revés, han permitido que afloren las partes más primitivas e irracionales del ser humano como los fundamentalismos. Somos testigos de conflictos étnicos por todos lados. La mentira está en que no es eso lo que nos vendieron, nos prometieron una globalización y está ocurriendo lo contrario. Lo que está pasando destruye inevitablemente el futuro humano. Cuando nosotros decimos que luchamos contra el neoliberalismo, es porque tenemos que resistir como humanidad a este proceso de desgaste. El mundo no está más en paz que en la época de la guerra fría. Ahora hay más guerras que antes, son más brutales, absurdas y sanguinarias. Paradójicamente la gente ahora es más cínica. No puedo creer pues que un europeo haya contemplado los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, no sólo impávido sino que los haya aplaudido porque cayó en la trampa de que estar en contra de la OTAN era ponerse en favor de Milosevic.

Pero, ¿usted no cree que los kosovares estaban siendo víctimas de una limpieza étnica?

Pero la solución no era aniquilar a ambos. Hay una declaración en esa época de un almirante norteamericano que daba una cifra —por poner un número— de 4 mil objetivos atacados. Cuatrocientos eran militares. Entonces, ¿el resto qué eran? Finalmente la forma de salvar a los kosovares era aniquilarlos también. Se podría haber construido otra salida porque la humanidad ha progresado precisamente por eso. Se trató de una trampa, escoger entre dos guerras, la de la OTAN o la de Milosevic. Era posible construir un acuerdo que no significara muerte y destrucción. El hecho de que haya sido en el corazón de Europa es como un golpe al hígado en términos de boxeador. De una u otra forma la gente se acostumbra al hecho de que así va a ser ahora: habrá guerras absurdas, va a llegar el gran policía a poner orden y al mismo tiempo que se alienta esta soberbia de parte del gran policía del mundo que quieren ser los EEUU, se alienta también que surjan organizaciones y movimientos fundamentalistas por todas partes.

¿Usted cree que eso se alienta?

Yo creo que la globalización ha destruido la base fundamental de los estados nacionales y que ha convertido a cada país en un páramo donde cada quien lucha para sobrevivir y ése es el caldo de cultivo para que surjan movimientos que plantean esa sobrevivencia por caminos absurdos: la discriminación por el color de la piel, la raza, la lengua o la religión.

Dice que el EZ quiere sacarse la E y no quiere ser partido político.

¿Cuál es el camino que le queda, cuál es la estructura del zapatismo en el futuro?

Es un reto como todos los que hemos asumido. No digo que lo tengamos resuelto, pero es muy claro lo que no queremos: no queremos ser ejército pero tampoco queremos entrar en el juego de la política porque el poder ya no está en el gobierno. No importa quien esté gobernando, no gobierna, simplemente administra. En ese esquema el problema fundamental es qué lugar tiene la gente. Pensamos que es posible organizarse para ir transformando el mundo, no desde arriba, no tomando el poder y desde ahí tomando medidas. Pensamos que la clave es organizarse para ir desde abajo alcanzando logros, satisfaciendo demandas. Cómo lo haremos, no sé, pero estoy seguro de que podemos resolverlo.

¿El EZLN está preparado para la guerra contra la pobreza? ¿Tiene elaborado un plan de desarrollo?

Ahí es donde tienen que aprender mucho el gobierno y las instituciones que a eso se dedican, de la inventiva que tiene la gente para hacer producir esa tierra. Estamos hablando de una tierra que ya fue cultivada por siglos mediante el método de la coa, a través de la roza, tumba y quema pero que en ningún momento se ha hecho con tecnología.

Pensamos que hay mucha gente buena que está dispuesta a buscar salidas de esa media de una tonelada de maíz por hectárea que está 12 veces por debajo de lo que se obtiene, por ejemplo, en EEUU. No nos preocupa eso porque sabemos que para impedir la guerra contamos con mucha gente, para construir la paz pensamos que vamos a contar con mucha gente. A lo largo de estos siete años las comunidades indígenas han ido más adelante que nosotros y han encontrado maneras de resolver problemas que nosotros pensábamos eran insolubles. Han construido líneas de comercialización rompiendo el cerco militar. Pensamos que esta tendencia a sobrevivir va a potenciar las soluciones.

¿De dónde surgió la idea del pasamontañas?

Surgió unos días antes del ataque a San Cristóbal del 1º de enero de 1994. En un principio se pensó en proteger a la dirigencia del EZLN, que eran indígenas, y a quienes muchos iban a reconocer en los pueblos. La zona tiene una fuerte presencia de paramilitares. Luego se vio que era mejor protegerlos a todos. En las zonas de montaña además era muy cómodo, porque hace mucho frío. Lo que sí fue premeditado fue el color negro; el zapatismo se maneja con simbolismos. Se eligió el negro como un color despreciado y que se asemeja al color de la tierra. Ya a partir del 1º de enero de 1994 el pasamontañas sustituyó naturalmente al paliacate (pañuelo) rojo, que era un símbolo original del movimiento.

Usted ha mencionado a un anciano indígena llamado Antonio como uno de sus consejeros en las primeras etapas en la selva. ¿Hay otros indígenas ancianos que sean asesores suyos?

Continuamente estamos en contacto con indígenas y siempre hay que hablar con las autoridades del pueblo. Generalmente hablamos con los más ancianos. Es natural, estamos continuamente en contacto con los indígenas y bajamos frecuentemente a los pueblos, sobre todo cuando hay que tomar decisiones y hay que hablar con las autoridades del lugar. Hay que escuchar la palabra de los mayores del pueblo. Lo que sucede es que Antonio fue el primero, lo conocí de casualidad, un día mientras estaba cazando solo en el monte, y a partir de allí establecimos un vínculo, una amistad hasta que él falleció de tuberculosis en 1994.

¿Tiene contacto con chamanes?

No. La gente de las comunidades es muy racional y no recurre a la magia. Sólo se recurre a la magia en la palabra, bajo la forma de metáforas.

¿Como imagina su vejez?

No sé, espero tener hijos así que la imagino con mis hijos y mis nietos, contándoles cómo fue y diciéndoles la verdad de todo esto. Tal vez soy muy optimista y pienso que falta mucho para mi vejez (risas), pero no tengo muchas ideas en particular.

¿Imagina su vejez en la selva o en la ciudad?

Ahora la imagino allá en la selva con mis compañeros.

¿Hay algo que extrañe de la ciudad?

El cine. No el ver cine, sino el acto de ir al cine: sentarte en la butaca, comer las palomitas de maíz, la expectativa previa al comienzo de la película en la sala, eso es lo que más extraño. Pero ahora mismo te diría que estoy extrañando la vida allá en la selva. Me cuesta respirar el aire de aquí, me pican los ojos. Allá puedo estar sin pasamontañas, todos me conocen como soy y sin todos esos asuntos vinculados al pasamontañas.

¿Qué siente cuando ve camisetas y otra infinidad de productos con su imagen o su nombre?

Bueno, les pregunto el precio y ¡ya me ofrecen rebajas! ¡Dos por el precio de una! (risas). Es gente que se está ganando la vida, hay mucho desempleo y subempleo y no me parece mal que puedan ganarse la vida de esa forma. Hay gente que usa camisetas con otras imágenes, con las que no me pretendo emular, de músicos o sabios, de Einstein. Yo no me la creo pero, por ejemplo, yo usaría una de los Rolling Stones. Cuando veo en televisión comerciales de empresas que usan mi imagen para vender muebles o productos por el estilo, sí me molesta.

¿Navega usualmente en Internet?

No, pero tengo varios compañeros que lo hacen.

¿Es ésa su principal fuente de información?

Sí, de hecho estoy mejor informado cuando estoy allá que cuando estoy aquí (en México DF). Ellos a través de Internet me bajan tanto la información de los diarios como la de sitios alternativos de información independiente y luego chequeando una información con otra uno puede hacerse un buen panorama de lo que pasa.

Usted mantuvo reuniones y conversó con el líder campesino francés José Bové. ¿Luchan por las mismas cosas?

Sí y no. Evidentemente las situaciones que atraviesan los campesinos franceses son muy diferentes a las nuestras. Pero ellos representan lo que el neoliberalismo nos propone a nosotros como futuro, que es transformar la tierra en una especie de fábrica en la que todo es producción, usar transgénicos, y nada es renovación.

¿Está en contra del uso de los transgénicos en todos los casos?

Lo que pasa es que las grandes multinacionales están tomando a la humanidad como conejillo de Indias. Experimentan con todos nosotros y con regiones enteras. Si el experimento sale mal, peligra la salud de millones de personas, la naturaleza, cadenas alimenticias enteras. Si el experimento sale bien ellas se llevan la ganancia.

¿Es cierto que la primera noche como guerrillero tuvo que caminar mucho, la mochila pesaba y estuvo a punto de desertar?

Sí, yo he contado y he deslizado como figura literaria que no encontré el camino de regreso. La mochila no era pesada, pero realmente te planteas el hecho de que estás llegando a un lugar que te resulta totalmente extraño, y te puede resultar hostil. Pero eso es sólo al principio. Luego ya sientes ese lugar como propio.

¿Mantiene contacto con parientes o amigos de su niñez?

No. Corté completamente con ese mundo. Mi familia son mis compañeros.

Si tuviera durante unos minutos la palabra en las Naciones Unidas, ¿qué diría?

Que son una bola de ladrones, que bajo la fachada de promover la paz promueven la guerra como en Kosovo y que ya hay suficientes organizaciones dedicadas a promover la guerra. Que si tuvieran un poco de dignidad tendrían que abandonar el edificio en el que están, prenderle fuego y tratar de que las naciones encontraran otra organización que las agrupara.

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