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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Feb022000

Hoy no está en juego sólo el futuro de la UNAM y del movimiento estudiantil. Lo que está en juego es el futuro del país.

Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-
Comandancia General del EZLN.

México.

2 de febrero del 2000.

Al pueblo de México:
A los pueblos y gobiernos del mundo:
Hermanos y hermanas:

El día de hoy, 2 de febrero del 2000, en horas de la madrugada y por medio de una transmisión radial, nos hemos enterado de un nuevo ataque de las fuerzas armadas paramilitares del gobierno federal en contra de los universitarios, esta vez en la Escuela Nacional Preparatoria 3, ciudad de México.

Sobre este acontecimiento, el EZLN dice su palabra:

Primero. Desde su llegada a la rectoría de la UNAM, el señor Ramón de la Fuente ha cumplido con la misión que le encargó el gobierno del señor Ernesto Zedillo: simular una apertura al diálogo mientras se preparaba el golpe represivo en contra del movimiento estudiantil que, en demanda de educación pública y gratuita, mantiene en huelga la máxima casa de estudios.

Segundo. Después de fingir que dialogaba con el Consejo General de Huelga y de llegar a acuerdos con sus representantes, el señor De la Fuente desconoció lo acordado y llamó a la realización de un plebiscito que había sido preparado en la Secretaría de Gobernación como punta de lanza para justificar, ante la opinión pública, el empleo de la fuerza en la solución de la huelga estudiantil (como fue exhibido por el semanario Proceso).

Tercero. Aprovechando la buena fe de muchos universitarios que desean el fin del conflicto y la solución a las justas demandas del movimiento estudiantil, el señor De la Fuente trucó el plebiscito para que, manifestándose por la satisfacción de las exigencias y, por ende, del fin del conflicto, se avalara el uso de la fuerza pública en contra de los estudiantes.

Cuarto. A pesar de la gigantesca y costosa campaña en medios electrónicos, la mayoría de la comunidad universitaria no acudió al plebiscito de rectoría. Como fue advertido a tiempo por algunos universitarios de filiación perredista, el plebiscito del rector sería usado como argumento para la represión (si era rechazado por el CGH). Según destacados miembros de la comunidad universitaria (que no sólo no pueden ser acusados de ultras, sino que han sido firmes en sus críticas al CGH), el plebiscito fue realizado con un padrón inflado artificialmente y trucado en los resultados que se dieron a conocer en la prensa y que no son, de ninguna manera, veraces.

Quinto. A pesar que apenas poco más de la tercera parte de la comunidad universitaria se manifestó por la propuesta de rectoría, los medios electrónicos manejaron que “la gran mayoría de los universitarios” exigían el fin incondicional del movimiento.

Sexto. Con el maquillaje de los grandes medios de comunicación y sin la legitimidad universitaria, el señor De la Fuente puso un ultimátum a los estudiantes en huelga: la entrega incondicional de las instalaciones. El CGH rechazó esta posición.

Séptimo. Logrado lo anterior, las autoridades llamaron a los universitarios que no estaban de acuerdo con la huelga a que retomaran las instalaciones. En los días subsiguientes a la realización del plebiscito fueron frecuentes los actos de provocación flagrante montados por las autoridades, particularmente los de la Facultad de Derecho, el CCH Naucalpan y la Preparatoria 6 (como fue informado por los periódicos La Jornada y Milenio Diario). El objetivo era y es claro: enfrentar a universitarios contra universitarios.

Octavo. Pero, en contra de los planes de las autoridades, la mayoría de la comunidad universitaria no está a favor de las soluciones de fuerza y sí por el diálogo y los acuerdos. En la mayoría de las escuelas y facultades donde fue posible la realización de asambleas, los paristas y antiparistas dialogaron con respeto y tolerancia y fueron llegando a acuerdos. La estrategia del rector se enfrentaba a un nuevo fracaso: los universitarios en encuentro y diálogo se reconocían como tales, reconocían la justeza de las demandas del movimiento, y buscaban soluciones creativas e inteligentes para terminar con la huelga.

Las asambleas por escuelas y facultades le estaban dando oxígeno al movimiento y, lo más importante, le estaban dando nuevo rumbo. La solución estaba a la vista. Aun en contra de posiciones sectarias, la base del movimiento estudiantil universitario entendió que las asambleas no significaban derrota, sino la oportunidad de que el diálogo supliera al intercambio de calificativos.

Noveno. El fracaso del señor De la Fuente motivó al gobierno federal a precipitar el golpe preparado: mediante la publicación de un desplegado firmado por algunos de los hombres más poderosos del dinero, los medios de comunicación y el alto clero, la derecha fascista se otorgó la legitimidad falsa del orden impuesto por la fuerza. Ahí, los poderosos anunciaron que se renunciaba a la política (y por ende al diálogo) y dejaban como único expediente el de la fuerza bruta.

Décimo. El trabajo sucio fue encomendado a quien comanda a un grupo paramilitar formado por el hoy candidato del PRI a la Presidencia de la República, el señor Francisco Labastida Ochoa. Se trata del militar de nombre Wilfredo Robledo, jefe de la autodenominada “Policía Federal Preventiva”. Deseoso de ocultar sus complicidades y fracasos frente al crimen organizado (particularmente frente al narcotráfico), el señor Robledo planeó con lujo de detalle el ataque a las instalaciones universitarias.

Décimo primero. Nuevamente fueron las voces críticas de algunos militantes perredistas y de los candidatos del PRD a la Presidencia de la República y al gobierno del DF (en contraste con las posiciones de algunos dirigentes nacionales y locales del partido) los que advirtieron que el gobierno federal, respondiendo al llamado de la derecha, había optado por despojarse de toda vestidura política y se había quedado con el garrote como argumento de gobierno. A falta de legitimidad, el gobierno federal, y quienes lo acompañan en su campaña militar (medios de comunicación electrónica, alto clero, los señores del dinero e intelectuales de derecha) por “la recuperación de las instalaciones universitarias”, se esconden detrás de esa falacia jurídica llamada “estado de derecho”. “Estado de derecho” es la forma como se revisten los crímenes de Estado.

Décimo segundo. Cada vez es más claro, dentro de la comunidad universitaria y en las fuerzas progresistas, que el dilema de “universidad cerrada o abierta” es falso. Todos los universitarios y todos los mexicanos queremos a la UNAM haciendo su trabajo de docencia, investigación y cultura. El movimiento estudiantil universitario ha sido claro en su deseo de que el conflicto termine y la universidad vuelva a trabajar con normalidad de acuerdo a su espíritu. Es falso el dilema que plantea que el problema se resuelve con la universidad cerrada o abierta. Esa no es ahora la cuestión fundamental, y menos cuando hay 251 presos políticos. Ahora el dilema está en si las justas demandas estudiantiles se resuelven con el uso del diálogo o con el recurso de la violencia.

Décimo tercero. Frente al conflicto en la UNAM la derecha ha mostrado estupidez, ceguera histórica y autoritarismo, se ha organizado y lo ha enfrentado con su único argumento: la violencia. Lo más retrógrada del país se ha pronunciado por el no al diálogo y por la violencia en contra de quienes disientan con su proyecto político, económico y social. Según está concepción, todo intento democratizador, toda demanda de justicia, toda lucha por la libertad, son “incidentes menores de la historia” cuyos destinos deben ser la cárcel, la tumba o el olvido. En el país de la derecha, todo ejercito político, incluso aquel que se da de acuerdo con sus reglas, se convierte en un teatro de sombras.

Décimo cuarto. Frente a las acciones fascistas de la derecha, las fuerzas de izquierda y progresistas del país debemos encontrar los puntos de coincidencia frente a la justa demanda de educación pública y gratuita. Por encima de la falsa disyuntiva de que “apoyar las demandas del movimiento equivale a apoyar a la llamada ultra y criticar los métodos del CGH es ponerse del lado del proyecto neoliberal de educación superior”, está el oponerse al quehacer político que no tiene más argumentos que la violencia, la persecución y el encarcelamiento.

Décimo quinto. El gobierno federal y la derecha, con su posición frente al conflicto de la UNAM, han conseguido definir el problema en su justa dimensión: la represión como único y supremo ejercicio de la política. Hoy, como ayer, los luchadores sociales son catalogados por el “estado de derecho” como “terroristas”. Al igual que indígenas, campesinos, deudores, maestros, colonos, religiosos honestos y militantes de partidos de oposición, todos luchadores por los derechos sociales, los jóvenes estudiantes de la UNAM son tratados como criminales de la peor calaña.

Décimo sexto. La alevosa agresión del gobierno federal en contra de los estudiantes no debe dejarse pasar impunemente. Hoy lo importante no es si se está o no de acuerdo con las demandas de los estudiantes, si se está o no de acuerdo con sus métodos, si se está o no de acuerdo con el Consejo General de Huelga, si se está de acuerdo o no con la huelga. Hoy lo importante es que no podemos permitir que sea el uso de la fuerza el método para enfrentar las demandas sociales.

Las fuerzas progresistas y de izquierda están por el diálogo, sin importar sus diferentes concepciones frente al poder o frente a los métodos de lucha.

El fin de la política que anuncia el hoy de Zedillo es la promesa de una pesadilla para todos los mexicanos en el mañana de Francisco Labastida.

El periodo electoral, supuesta panacea de la democracia, se inicia con 251 presos políticos, jóvenes estudiantes, muchos de ellos menores de edad.

Décimo séptimo. Por todo esto, el EZLN hace un llamado a todas las fuerzas de izquierda y progresistas, a los partidos políticos de oposición honestos, a todos los mexicanos y mexicanas para que, independientemente de nuestra posición frente al conflicto de la UNAM, nos manifestemos por el alto al fascismo, por la libertad de los 251 estudiantes presos políticos, por el diálogo que llegue a acuerdos, y por el cumplimiento de esos acuerdos.

Décimo octavo. Hoy no está en juego sólo el futuro de la UNAM y del movimiento estudiantil. Lo que está en juego es el futuro de un país que está en disputa entre quienes lo quieren manejar a punta de bayonetas y quienes lo quieren libre, democrático y justo.

¡Democracia! ¡Libertad! ¡Justicia!

Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Subcomandante Insurgente Marcos.

México, Febrero del 2000.

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