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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

May101999

Los zapatistas y la manzana de Newton

Los zapatistas y la manzana de Newton

Mayo de 1999

“La serpiente partió el espejo en mil pedazos, y la manzana fue la piedra”.
Federico García Lorca

Ahora es la luna una manzana mordida. La ardiente fragua del mayo en la montaña le ha arrancado el vestido de nácar, de colorado la ha pintado, y un viento negro le insiste, por occidente, con lúbricos mordiscos.

Apenada va la luna, manzana roja de rubor, con las naguas arremangadas, un poco por el deseo, otro poco por el calor y otro tanto por su paso así apresurar mejor.

Unas nubes primero, una lluvia después, vienen a taparle su arrebolada pena.

Tal vez no haga falta decirlo, pero es madrugada en las montañas del sureste mexicano. Allá abajo una figura oscura vela la vela y, por entre las nubes que fabrican, sus labios musitan:

“Hay montañas
que quieren ser
de agua.
Y se inventan estrellas
sobre la espalda.
Y hay montañas
que quieren tener
alas.
Y se inventan las nubes
blancas”.

Federico García Lorca

Un poco más lejos, la realidad se agita y refresca con un repentino viento de hombres y mujeres de diferentes tamaños, de colores diversos, de todos los rostros, de muchos nombres. Dicen que vienen a encontrarse, aunque ninguno de ellos y ellas parece perdido.

Algo del aire que comienza a vivir en la realidad se llega hasta el extraño aposento de la oscura sombra e inquieta la vela velada que magnifica sombras. La figura de sombras respira hondo o suspira, se reinventa nubes blancas y, con estrellas en la espalda, recuerda, hace memoria…

I. La apuesta

Es México y corre frenético el año 1999. En el calendario es mayo el nuevo tirano, pero noviembre se le ha colado, clandestino y vestido de lluvia y negro, para urgir sumas y restas en la ya complicada cuenta de la resistencia y la esperanza colectivas.

Y para hacer cuentas es necesario hacer encuentros. Y entre los dos, el que inquietó noviembre y el que ahora desvela mayo, hubo muchos otros. Chicos y grandes, públicos y discretos, breves y extensos encuentros entre los que son desencontrados por los tiempos políticos que arriba ponen e imponen prioridades, agendas, temas y ridículos.

Todos estos encuentros, encuentrotes, encuentritos y encontronazos, tuvieron y tienen como motivo y motor la Consulta por el Reconocimiento de los Derechos de los Pueblos Indios y por el Fin de la Guerra de Exterminio, convocada inicialmente por el EZLN y apropiada casi inmediatamente por un movimiento mucho más amplio y profundo.

En la llamada quinta Declaración de la Selva Lacandona, los zapatistas convocaron a una movilización para demandar el reconocimiento de los derechos de los habitantes más primeros de estas tierras y para exigir el alto total a la guerra gubernamental de exterminio de indígenas (cuya nueva fase fue inaugurada, a sangre y fuego, por Ernesto Zedillo la madrugada del 22 de diciembre de 1997 en la comunidad de Acteal).

Decidido ya a la guerra y abandonado ya todo compromiso real con el diálogo y la solución pacífica del conflicto, el gobierno de Zedillo había sepultado los acuerdos de San Andrés con el incumplimiento de su palabra. Los zapatistas voltearon entonces a los lados y propusieron otro diálogo, el que debe y puede darse entre iguales, con respeto y dignidad.

Acostumbrados al complicado juego del volado, con la convocatoria a la consulta los zapatistas apostaban no poco frente al Poder.

Los poderosos de México apostaron a que el EZLN había ya perdido capacidad de convocatoria, a que (puesto que, para ellos, es un mero fenómeno mediático) los zapatistas habían perdido presencia en los medios de comunicación y, por ende, en el pensamiento y corazón de la gente, a que el olvido había logrado de nuevo recuperar su reino de cómodo escepticismo y cinismo cruel, y a que la política que arriba hacen los políticos de arriba no tendría rival que le disputara atención y trascendencia.

Los zapatistas, esos perversos apostadores a imposibles, se jugaron el todo a la gente que es como ellos y la gente llama a la gente. Apostaron a que tenían todavía un lugar en el pecho, las entrañas y la cabeza de muchos, a que el olvido había perdido ya la batalla definitiva con la memoria, y a que era posible y necesaria otra forma de hacer política.

Todos los días, de noviembre a marzo, la apuesta se renovaba. El Poder puso en la mesa policías y ejércitos, partidos políticos, líderes de opinión, canales de televisión y estaciones de radio, periódicos y revistas, funcionarios de grises diversos, dinero, mucho dinero. Los zapatistas no tenían nada que poner que no hubiera sido ya apostado aquella madrugada primera del año de 1994.

Pero eso fue antes, cuando la morena mano de los zapatistas lanzó al aire la moneda de la consulta, apostando (como siempre) todo lo que tenían.

En esta madrugada de mayo, noviembre ha venido a exigir resultados, respuestas.

¿Aguila o sol? ¿Cara o cruz? ¿Arriba o abajo? ¿Quién ganó y quién perdió en la mesa de juego que es el México de la primera mitad de 1999?

II. La mesa

Después de un inicio desastroso, los dineros extranjeros han logrado recomponer momentáneamente la macroeconomía nacional. La burbuja económicaque tanto entusiasma a los ratones financieros mexicanos es inflada por dinero que espera multiplicarse, sin importar los escombros que deje mañana su ganancia.

El alza en los precios internacionales del petróleo (tan firme y duradera como lo puede ser un acuerdo de la OPEP) le significa al gobierno mexicano una reserva monetaria estratégica que no será usada, ¡no!, para resolver los problemas más apremiantes de la economía nacional. El destino de ese dinero será otro: las elecciones presidenciales del 2000. Mientras tanto, los recortes presupuestales se mantienen y profundizan, y con ellos el desempleo y al alza de precios.

Si alguien se pregunta por qué un presupuesto federal, diseñado con un precio del crudo a la baja, no se reajusta “hacia arriba” con los precios al alza, no obtendrá respuesta. Ahora lo más urgente es fortalecer la “caja chica” que será la principal “plataforma política” del futuro candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Esas aves rapaces y migratorias que son los capitales financieros internacionales han venido a anidar en tierras mexicanas. Pero sólo será por un momento. La sobrevaloración del peso mexicano y la baja en las tasas de interés son buenos alimentos para estos parásitos, pero sólo se pueden digerir con provecho si la burbuja revienta. La ganancia la obtienen del crack, no de la estabilidad. Así que la burbuja en la que se emborrachan Zedillo y su gabinete está siendo inflada con el claro propósito de hacerla explotar.

En la Bolsa Mexicana de Valores festejan los ratones y, ebrios de bonanza aparente, olvidan lo fundamental: el lugar del festín es una ratonera, de policromado y fino cristal sí, pero al fin y al cabo una ratonera.

Pero si para la burbuja económica sobran recursos, para inflar la burbuja política el sistema político mexicano tiene los pulmones agotados. Empeñada en hacer de 1999 su año, la clase política mexicana no ha conseguido más que convertirlo en el año de su desnudo más grotesco.

Pero, ¡atención! La podrida manzana del Poder está en disputa.

A la cabeza de todos los ridículos, sin nadie con la estatura suficiente para disputarle el cetro de la estupidez, está Ernesto Zedillo Ponce de León. Durante más de cuatro años ha intentado, inútilmente, engañarnos a todos con el cuento de que gobierna este país, y ahora insiste con algo más increíble: no designará al candidato del PRI a la Presidencia en el año 2000.

Muy por abajo del nuevo rey del humorismo gris, los partidos políticos se disputan segundos lugares.

El PRI refrendando su vocación de banda criminal (ni siquiera podríamos decir “de crimen organizado”, porque están bastante desorganizados), donde el nuevo capo se convence cada vez más de que deberá repetir la dosis de sangre de 1994 para controlar las cada vez más frecuentes rebeliones de las pandillas.

El PAN atrapado entre el pragmatismo que duplica poderes (los directivos del partido versus los congresistas del partido) y se declara indignado porque no le cumplen lo concertado… mientras pacta un nuevo acuerdo.

El PRD con la afectación del que se dice víctima de una conspiración y olvida que los golpes más dolorosos y definitivos le han venido… de su propio lado.

Para este decadente strip-tease de intenciones, la clase política cuenta con la valiosa colaboración de un buen número de medios de comunicación. Unos y otros nos repiten: este es año de la clase política, esto es lo más importante, esto es lo único importante, esto es lo único, esto es, esto.

Pero mientras los apostadores se van despojando de sus prendas según ganen o pierdan, olvidando ya que no se está dirimiendo el rumbo de un país sino el color de la bandera que adornará la catástrofe en el minuto final, otros han llegado a incomodar (con su presencia y las apuestas que hacen), desquiciando el plácido jueguito de la vieja política mexicana.

Algunos de estos otros usan cascos de electricistas, llevan uniformes de electricistas, hablan como electricistas y hasta llevan una pequeña insignia que dice “Sindicato Mexicano de Electricistas”, así que es de suponer que estos otros son trabajadores electricistas. Pero estos otros, en lugar de revisar las luces multicolores que engalanan la pasarela política, han puesto sobre la mesa de apuestas un NO rotundo. “¿NO qué?”, se preguntan los que, frente a la mesa, se despojan de sus últimas prendas. “NO a la privatización de la industria eléctrica”, dicen estos otros que son trabajadores electricistas y, al decirlo, dicen también: “NO a la venta de la soberanía nacional”, “NO a la mentira”. Y no sé si lo saben pero creo que sí lo saben, al decir este NO, estos otros dicen SI al mañana.

Dura todavía el desconcierto que en la mesa provoca el NO de los otros que son electricistas, cuando aparecen otros unos y plantan otro NO así nomás. Estos otros otros se visten como estudiantes universitarios, hablan como estudiantes universitarios y más de uno lleva una pequeña insignia con una águila bicéfala y la leyenda “Por mi raza hablará el espíritu”, así que es de suponer que estos otros otros son estudiantes universitarios. Pero estos otros otros, en lugar de solicitar su ingreso a los partidos políticos que se hallan congregados en la mesa, adelantan su NO a la inestable torre de apuestas. “¿NO qué?”, se preguntan los que están en la mesa con las carnes expuestas. “NO al Reglamento General de Pagos”, dicen estos otros otros que son estudiantes universitarios, y al decirlo dicen también “NO a la privatización de la UNAM”. Y no sé si lo saben, pero creo que sí lo saben, al decir este NO, estos otros otros dicen SI al mañana.

Otros unos que ahora llegan son unos necios, incómodos, transgresores de la ley, y además son chaparritos y morenos. Se visten como indígenas, hablan como indígenas y todo hace suponer que son indígenas. Estos otros unos, en lugar de ofrecerles artesanías a los apostadores o de preguntarles que qué se les ofrece, muestran en su mano un NO rojinegro. “¿NO qué?”, se preguntan los que están a la mesa, ya desnudos. “NO a la guerra de exterminio”, dicen estos otros unos que son indígenas y, al decirlo, dicen también “NO al olvido de la historia”, “NO a la mentira”. Y no sé si lo saben, pero creo que sí lo saben, al decir este NO, esos otros unos dicen SI al mañana.

Mas otros se van sumando y toman asiento en la mesa. Adelantan apuestas y los NO se multiplican alarmantemente (para los viejos políticos viejos) y, con algo de matemáticas elementales, se puede adivinar el resultado y ya se ve que los NO van de gane y un temblor recorre a los viejos apostadores de flácidos esqueletos y entonces recogen escandalizados sus ropas y se van exclamando: “¡Conspiración!” “¡Manos extrañas” “¡Politización!” “Intolerancia!”

Allá arriba, lejos de todo y de todos y de nuevo emboscados, los grises de la política mexicana reanudan la pelea por la agusanada manzana del poder.

Sin apostadores viejos, los electricistas, los universitarios, los indígenas y los otros muy otros que se van sumando, deciden que ya está bueno de estar apostando y que es hora de hablar y de hablarse, de escuchar y de escucharse, y todos empiezan a hablarse y a escucharse, y no sé si se entienden todo pero se aprecia un relajo padre y los servicios e inteligentes “servicios de inteligencia” de Labastida están atentos y ya corren a informar a su superior que sí hay una “fuerza extraña” detrás de esos movimientos y el secretario de Gobernación, con la cara rígida por la gravedad del momento (y por la operación de cirugía plástica que espera recuperar puntos en las encuestas), pregunta:

¿Quién es?

Los inservibles y tontos “servicios de inteligencia” responden con

satisfacción:

La historia.

III. La consulta: las cuentas posibles

La consulta zapatista contempló cuatro preguntas en el ámbito nacional y cinco en el internacional.

Por la parte gubernamental, y no pocos desubicados (entre los que destacan algunos miembros de la Cocopa), se descalificó el cuestionario. Dijeron que las preguntas eran “amañadas y tramposas” y que la respuesta afirmativa estaba ya implícita en la forma de hacer el cuestionario.

Los resultados del 21 de marzo demostraron que no era así, no fueron pocas las personas que respondieron que NO se deben de reconocer los derechos de los pueblos indios en México, que NO se deben cumplir los acuerdos de San Andrés, que NO se debe retirar el Ejército a sus cuarteles, y que NO se debe mandar obedeciendo. Tan eran preguntas abiertas que personas como Dolores de la Vega, Sergio Sarmiento, Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, por mencionar sólo a cuatro escritores del mismo coeficiente intelectual, pudieron haber respondido NO al cuestionario. Lo mismo pudieron hacer oros como Ernesto Zedillo, Carlos Salinas de Gortari, Francisco Labastida y Mario Villanueva, por mencionar sólo a cuatro miembros del PRI de la misma calidad moral.

El racismo, como lo demostraron la campaña gubernamental y de medios en contra de la consulta zapatista y los resultados del 21 de marzo, no sólo existe en México, también se hizo patente el hecho de que no es algo que se asocie con el bajo nivel de ingresos o cultural, y que en verdad es doctrina en no poco de los altos círculos políticos y culturales.

Con esas preguntas, los zapatistas no sólo se mostraron dispuestos a escuchar a los que entienden y piensan que este país tiene un futuro diferente y mejor, también a los que sostienen que nada hay mejor que el presente y que ningún cambio que se proponga dejará de ser “tramposo y amañado”.

Parte de una gran movilización y movimiento en sí mismo, el gran colectivo que realizó la consulta nacional e internacional tiene caras que se pueden contar:

Brigadas en México: 2 mil 358.

Brigadistas en México: 27 mil 859.

Otros países donde se difundió la consulta: 29.

Brigadas en otros países: 265.

Delegados zapatistas en México. 4 mil 996.

Total de municipios visitados en México: mil 299.

Población con la que se entró en contacto en México: 64 millones 598 mil 409.

Número de organizaciones políticas y sociales contactadas en México: mil 141.

Personas involucradas, en México y sin contar Chiapas, en la organización y realización de la consulta: 120 mil.

Mesas y asambleas: 14 mil 893.

Votos en México: 2 millones 854 mil 737.

Votos en otros países: 58 mil 378.

IV. La consulta: las cuentas imposibles

Pero las preguntas sobre las cuentas de la parte fundamental de la consulta no tendrán respuesta.

¿Qué significa que una organización cercada, perseguida, hostigada y atacada por medios militares, políticos, ideológicos, sociales y económicos pueda preparar a 5 mil de sus miembros para romper el cerco y cubrir los 32 estados de la Federación mexicana?

¿Qué fuerza política, social y ciudadana se necesita para recoger a esos 5 mil transgresores de la ley en las montañas del sureste mexicano y trasladarlos a todos los rincones de México?

¿Cómo fue posible celebrar el más gigantesco ejercicio de diálogo que haya conocido la historia de este país?

¿Qué hay en el corazón de esos hombres, mujeres, niños y ancianos que desafiaron amenazas, mentiras y riesgos para encontrarse frente a frente con los zapatistas, viajar con ellos, comer con ellos, dormir con ellos, hablar con ellos, preguntar con ellos, responder con ellos, caminar con ellos?

¿Dónde quedó el miedo a comprometerse, a participar, a ser actor y no espectador?

¿Qué movió a decenas de miles de mexicanos y mexicanas en territorio nacional y en el extranjero a levantar la bandera de la consulta no sólo sin recibir pago alguno, sino incluso teniendo que poner de su bolsillo?

¿Cómo contar la dignidad, el deber, la memoria y el compromiso de todos y todas esos y esas obreros, obreras, campesinos, campesinas, indígenas, estudiantes, punks, chavos banda, activistas políticos y sociales, miembros de organizaciones no gubernamentales, artistas e intelectuales, homosexuales y lesbianas, comunidades eclesiales de base, sacerdotes, monjas, obispos, jubilados, y pensionados, deudores, hombres, mujeres, niños, ancianos, jóvenes?

V. Pesos y balanza

En la balanza de apuestas del México de fin de siglo, el platillo derecho sostiene el peso del sistema político mexicano. La putrefacta manzana del Poder, rezumando sangre y lodo, inclina peligrosamente la balanza de la historia hacia un lado.

Desesperada, la luna de la realidad se deja caer y posa su peso y su paso en el platillo izquierdo de una balanza a punto de venirse abajo. Algo equilibra su gesto, pero no basta para que la balanza se incline hacia donde debe, al mañana.

En inestable equilibrio pasa la noche mexicana, amenazando aún con caerse. Claro que otra historia sería si otra manzana a la luna se sumara…

VI. Otra manzana, otra política

Adán comió la manzana
de la virgen Eva.
Newton fue un segundo Adán
de la Ciencia.
El primero conoció
la belleza.
El segundo un Pegaso
cargado de cadenas.
Y no fueron culpables.
Las dos manzanas eran
sonrosadas
y nuevas,
pero de amarga leyenda.
¡Los dos senos cortados
de la niña inocencia!

Federico García Lorca

En torno a la caída manzana de Newton se han congregado científicos, politicólogos, líderes de opinión, jefes de sectas políticas grandes o pequeñas. Todos ellos analizan, discuten, corroboran. Horas, días, semanas, meses, años enteros tardan. Por fin llegan a la conclusión irrebatible: la manzana ha caído porque así lo manda la ley de gravedad. Es irremediable, la manzana debía caer y, al hacerlo, no ha hecho sino sujetarse al realismo. Los politicólogos se felicitan y ya inician grandes ensayos para mostrar a la manzana de Newton como ejemplo de real-politik. Los jefes de Estado discuten erigirle un monumento múltiple en todos los palacios de Poder.

Pero, entre la muchedumbre congregada en torno al futuro monumento a la política moderna, hay un personaje extraño. Parece sombra, sin rostro y sin nombre. Si le preguntaran quién es, la sombra respondería “zapatista”, pero nadie le pregunta nada. Todos están muy atareados con cuentas, planes y planos.

Pero mientras los científicos hacen complicados cálculos sobre velocidad, trayectoria, mucha masa, aceleración, resistencia eólica, impacto y etcéteras parecidos, y mientras los politicólogos rescriben a Maquiavelo y discuten precios con los modernos príncipes, el zapatista se acerca a la manzana, la mira, la huele, la toca, la escucha…

Entiende el zapatista lo que la manzana le susurra al oído. Entiende el reto que su clamor reclama. Dice la manzana que el destino no le manda caer a tierra y, puesto que se trata de un transgresor de la ley quien la escucha, de lo que se trata es de transgredir la ley de gravedad.

La manzana es una manzana, pero es ante todo una dama. El zapatista es sin rostro ni nombre, pero ante todo es un caballero. Y ya salen a relucir papel y lapicero, y explica la manzana y el zapatista siente y asiente.

Es otro el destino de esta manzana a la que Newton ha encadenado al suelo. La luna es una manzana. Dos manzanas necesita la balanza de la historia para bien asomarse al mañana.

Mientras logra descifrar el vuelo inverso de la manzana de Newton, el zapatista vuelve a mirar la manzana, la huele, la toca y, sin más, le da un tierno mordisco.

Los politicólogos siguen repitiendo y repitiéndose que la real-politik, y los etcéteras que ya llenan planas de revistas y periódicos, y tiempos de radio y televisión.

El zapatista sigue haciendo cuentas. Caer para arriba, ese es el misterio que se ha propuesto resolver…

VII. La invitación

Hermanos y hermanas:

A nombre de los hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional les damos la bienvenida a La Realidad y les decimos que esta es nuestra invitación para este encuentro:

Los invitamos a juntos descubrir y aplicar la ley que devuelva la manzana de Newton a su vocación original que evidentemente no es otra que, después de ceder al asedio de labios, dientes y lengua, caer hacia arriba y llegar al cielo, que es donde deben estar soles, lunas, estrellas, y todas las manzanas mordidas por la historia…

Vale. Salud y le hacemos saber al supremo gobierno que un extranjero se ha colado a este encuentro y transgrediendo leyes en él ha participado. ¿Su nombre? Federico. ¿Sus apellidos? García Lorca. Disfrazado se ha de muerto y oculto entre las páginas de un libro llega cuando “…en las tejas de pizarra / el viento, furioso, muerde”.

Desde las montañas del Sureste Mexicano

Subcomandante Insurgente Marcos

México, mayo de 1999

 

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