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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Nov302006

El delegado zero en Ciudad Victoria, Tamaulipas, 24 de noviembre

Reunión con adherentes Ciudad Victoria

Reunión con pescadores en el municipio de Nuevo Padilla Lea aquí

Ciudad Victoria, Tamaulipas
Reunión con adherentes
24 de noviembre del 2006

Buenas noches Ciudad Victoria, la otra Ciudad Victoria. Queríamos platicar algunas cosas de lo que hemos visto. Porque cuando llegó esta idea en la cabeza —decimos nosotros— de nuestros jefes indígenas allá en Chiapas, teníamos una vaga idea de lo que estaba pasando en el resto del país.

Nosotros vivimos en las montañas de Chiapas, en las montañas del sureste mexicano. Y veíamos dolores que nos había platicado la gente que llegaba allá. De lo que pasaba en otras partes de la República, lo que pasaba en el campo, lo que pasaba en la ciudad, lo que pasaba con los jóvenes, lo que pasaba en las escuelas y en las universidades. Y con los trabajadores en la ciudad y también en el otro lado, al norte del Río Bravo.

Cuando nosotros empezamos a hacer este plan de buscar a otros que fueran como nosotros, para conocer su historia, esto que explicaba la compañera de que esta reunión es para escuchar la palabra que nadie escucha —o sea la palabra de la gente de abajo—, no sólo la reunión, sino la Otra Campaña de eso se trata en esta etapa. De que nos conozcamos y que sepamos quiénes somos y en dónde estamos.

Cuando empezó la gira, recorrimos 21 estados de la República, llegamos al Distrito Federal, y se dio el ataque de los gobiernos del estado de México, el municipal de Texcoco y el gobierno federal de Fox en contra de los compañeros de Atenco. Y ahí detuvimos la gira para hacer acciones de solidaridad, buscando la libertad de nuestros compañeros y nuestras compañeras.

Después de un tiempo, vimos que había que seguir con el norte —lo que había quedado pendiente— y unos comandantes se movieron para estar pendientes del pueblo de Atenco y yo pudiera terminar la gira que había iniciado en enero de este año.

Antes de eso, estuvimos preguntando con la gente cómo veía el país, con gente cercana. En una reunión en Puebla, en el estado de Puebla y en su capital que es Puebla también, nos reunimos con unos intelectuales, hombres y mujeres, estudiosos de lo que pasa en nuestro país. Para analizar qué estaba pasando con esto del movimiento poselectoral, después del fraude electoral en contra de López Obrador. El que va a imponer ahora el primero de diciembre a Felipe Calderón como un presidente ilegítimo en Los Pinos y en el Palacio Nacional. Y también cómo veían la Otra Campaña.

Porque nosotros habíamos visto en esos 21 estados del sureste, del sur y del centro de México lo suficiente como para tejer una red de lucha y de apoyo entre la gente de abajo. Y estos intelectuales, estos estudiosos, nos decían que el norte era completamente diferente. Que en el norte nos iba a ir muy mal. Que el norte estaba en otra situación, tenía otras ideas, otra expectativa, y sobre todo, nos dijeron: tiene otro nivel de vida.

Prácticamente nos dijeron que no valía la pena recorrer el norte del país. Que si nos había ido más o menos bien en el sur y en el centro, pues con eso se iba a levantar la Otra Campaña, y el norte… pues el norte era otra cosa. Prácticamente, estaba perdido para ellos.

Y nosotros recordamos lo que habíamos escuchado de gente como ustedes, pero de otras partes de nuestro país en estos estados. Y entonces nos preguntábamos si será que en el norte no hay ejidatarios que están siendo despojados de sus tierras por medio del Procede.

Si no hay jóvenes que estén siendo perseguidos por la policía, nada más por su apariencia física. Por cómo se peinan, cómo se visten, por la música que escuchan. Si será que las mujeres en el norte no son hostigadas, perseguidas, violadas, golpeadas y asesinadas.

Si las universidades en el norte son autónomas. Si las universidades en el norte son públicas y gratuitas. Si los maestros en el norte —los maestros de primaria y de secundaria— tienen sus derechos laborales respetados. Si los trabajadores de las maquilas en el norte tienen buenos salarios, y jornadas laborales justas, y prestaciones de trabajo.

Si la gente que está en el norte, los pueblos indios que hay en el norte, sí ven respetados sus derechos y su cultura…

Pues nos quedó la duda, porque ellos nos estaban diciendo, y ellos estudian lo que los indicadores económicos, las tendencias electorales, todo eso. Si todo esto no estaba pasando. Si realmente nuestro país acababa en Puebla —por eso el Plan Puebla-Panamá—, y que en todo el norte de la República era otro país. O peor aún, que era ya parte de la Unión Americana.

Pues como somos zapatistas dijimos: no, pues vamos a sacar nuestra duda. Y empezamos a recorrer el norte de la República. Y descubrimos que hay pueblos indios, aunque sus gobernantes los ignoren.

Fuimos a Sinaloa y encontramos ahí al pueblo mayo yoreme. Y nos contaron cómo son perseguidos, despreciados, humillados por ser indígenas, aunque sea gente que trabaja. Aunque sea gente que quiere aprender a vivir. Aunque sea gente que no quiere dejar de ser indígena, ni quiere dejar de ser mexicana.

Nos cruzamos a Baja California Sur, nos fuimos hasta la esquina de este país, que es en Los Cabos. Y durante el recorrido vimos montón de territorios, de terrenos, de construcciones, propiedad norteamericana. Los letreros en inglés, las indicaciones en inglés, el dueño en inglés y el que lo servía, pues era un gobernante de izquierda, según esto.

Prácticamente la parte sur de la Península de Baja California es un territorio norteamericano, propiedad de norteamericanos, ni siquiera de europeos, de norteamericanos. Y veíamos las grandes construcciones de lujo, los grandes hoteles. Y en la orillada: la gente que la trabajaba.

(Como en la colonia Azteca, que al rato vamos a ir, nomás que acabemos de hablar. Ya nos pusimos de acuerdo y ahorita nos vamos para allá para que nos enseñen el lugar y cómo está la situación).

Y como gente la que ha pasado aquí, que eran los… son pues los que trabajan los jardínes, los que atienden en los hoteles, los que cocinan en los restaurantes, los que hacen esto del pollo —que nos platicaba el compañero—, porque parece que a los gabachos les gusta mucho eso de la comida de plástico. Y cómo habían ido despojando —porque hablamos con ejidatarios—, que esos terrenos eran terrenos ejidales que fueron despojados por el gobierno.

Nosotros dijimos, bueno, a lo mejor es el clima de Baja California Sur, que les gusta mucho a los gringos, va a ser diferente más adelante.

Cruzamos hacia Baja California, o Baja California Norte, como les dicen unos, y ahí nada más en el límite entre Baja Sur y Baja California, hay una gran extensión donde se consigue sal. Son las salineras, que son tierras ejidales. Y eso es propiedad de una empresa japonesa. Y esa empresa japonesa, le está pagando renta a los ejidatarios, a los legítimos propietarios de esa tierra.

Con trampas del gobierno les está pagando una miseria. Y ahí había un movimiento ahí para exigir un precio justo, o que se fuera la salinera de ahí. Escuchamos su palabra, nos comprometimos a lo mismo que nos comprometemos en todas partes, que es a llevar esa historia, para que la conocieran en el resto de la República.

Y ahí nomás cruzamos, llegamos a un lugar que se llama el Valle de San Quintín. Que hagan de cuenta que están viendo una película de la época de Porfirio Díaz, en las grandes haciendas. Y hagan de cuenta que es lugar de estar entrando a Baja California, estaban entrando a Oaxaca. Porque todos los trabajadores son indígenas, migrantes de Oaxaca, triquis la mayoría, mixtecos y zapotecos. Trabajando en condiciones laborales iguales o peores a las grandes haciendas porfiristas.

Las mujeres tenían que entrar a trabajar, porque si no, no alcanzaba la paga para poder comer. Y nos mostraban sus manos laceradas por el químico que las hacen usar en el campo. Si ninguna protección, sin guantes, sin máscaras para el veneno, ni nada para eso. Y nos platicaban que hacían ese trabajo, y lo siguen haciendo, embarazadas, o con el niño terciado a la espalda —como se dice—.

Seguimos más adelante, en Ensenada, una gran construcción que están haciendo con capital norteamericano, cuyo trabajo es mandar el gas mexicano para Estados Unidos. Pero con un gran peligro para el medio ambiente, y también con un gran peligro militar, porque ya ven que Estados Unidos está peleando con todo mundo, y recibe ataques terroristas.

Pero esa industria está en territorio mexicano. Si recibe un ataque terrorista del pueblo de cualquier lado, sobre todo ahorita en Medio Oriente y en Oriente Medio que se están peleando, pues los afectados van a ser mexicanos.

Llegamos a Tijuana, y nos platicaron las condiciones de vida de las maquiladoras. Que eran las mismas que habíamos escuchado nosotros en Puebla. De mujeres en la maquila que están trabajando todo el tiempo: jornadas de diez, doce horas. Salarios que van de los 80 a los 100 pesos al día. Y también, sin ninguna condición de protección para su salud.

Y nos platicaban la historia de una trabajadora que estuvo tres años: de los 27 a los 30 años, en una maquiladora. Y se murió a los 30 envenenada, por todo lo que había respirado y su piel había tocado en la maquila.

Ahí nos encontramos con los mexicanos y con los chicanos y chicanas que están del otro lado, en la zona de California y de otras partes de la Unión Americana. Y también nos contaron cómo a los indocumentados —o sea, la gente que está sin papeles trabajando allá— no pueden reclamar sus derechos. Porque a la hora que reclaman sus derechos, el patrón los denuncia a la migra y los deportan y van para atrás.

Pero derechos tan elementales como el derecho a la vida. Si una mujer es agredida por su marido, y ella es indocumentada, no puede hacer la denuncia a la policía porque la deportan. Entonces, nos platicaban historias de mujeres mexicanas, ilegales de aquel lado, asesinadas por el marido, sin decir nada, con la policía a un lado. Porque si la policía las descubría las iba a echar para atrás. Y ellas eran —esa familia— el único sostén de la gente que tenían… de sus familiares que tenían en México. Algunos de ellos en Oaxaca.

Seguimos recorriendo pues el norte de la República. Ahí ya llegamos —ahí mismo en Baja California—, encontramos a un pueblo indígena. Y el gobernador que es del Partido Acción Nacional ahí en Baja California, ni siquiera sabía que había un pueblo indio, o sea, indígenas en su territorio. Kumiai se llama ese pueblo.

Y nos estaban contando cómo les están quitando las tierras. Los pueblos indios en el norte de México no reconocen la frontera. Ellos estaban antes de que existieran los países. Y las fronteras cruzaron en medio de sus territorios. Pero para ellos esa frontera no existe. Se mueven de un lado y de otro, porque es su territorio, es su tierra.

Y para los pueblos indios, la tierra es el lugar de la cultura, el lugar de los muertos, el lugar de la tradición. El que nos hace ser indígenas, decimos nosotros. Entonces, igual: asediados por el gobierno, por medio del Procede y del Procecom. Y el gobierno convirtiéndose en una especie de coyote —le decimos nosotros, intermediario creo que le dicen aquí en el norte—, donde el gobierno le despoja la tierra a los campesinos o a los pueblos indios y luego la malbarata, la vende a otros.

Nos platicaba aquí el compañero de la… —que pasó hace rato— sobre la lechuguilla para sacar el ixtle, que les pagan 70 centavos el kilo. Porque todavía de ese kilo de lechuguilla todavía hay que sacar el ixtle, hay que estarlo rayando —eso nos lo platicaron en Coahuila, otros trabajadores—.

Bueno, en este caso, les despojan de la tierra por menos de 50 o 70 centavos el metro cuadrado. Y en el momento en que el gobierno la vende, esa tierra sube de valor, porque en esa tierra se va a construir un centro comercial, o un complejo hotelero, o una carretera, o un boulevard —que es lo que no le quieren decir a la colonia Azteca—.

Les están diciendo que les conviene irse, porque cuando pase ahí el libramiento vial éste que van a hacer, va a subir el precio de su terreno y entonces van a tener que pagar más impuesto. No, va a subir el precio del terreno y el que lo tenga lo va a poder vender más caro. Entonces, le van a ofrecer una miseria por esas tierras que tienen ahí, y luego, automáticamente, ahí va a subir de precio.

Y a la hora que empiezan a instalarse los centros comerciales, las grandes tiendas y las oficinas en torno a ese libramiento vial, va a subir todavía más el terreno. Entonces, van a vender digamos el terreno en 10, 15 pesos el metro cuadrado. Y va a llegar a 800 o 900 pesos el metro cuadrado, pero ya en manos de otro. Que es así donde se va a enriquecer. Eso ya lo vimos también en ese lugar.

Nos seguimos ahí en Baja California y llegamos con otro pueblo, que es el pueblo cucapá. Ese pueblo cucapá hace nueve mil años pescaba en el Río Colorado, donde va a caer al Golfo de California. Y ahora resulta que es un delito pescar. Porque el gobierno dijo que había que proteger la flora y la fauna de esa zona, y prohibió la pesca de determinadas especies.

Y nosotros vimos los barcos de las grandes empresas armadoras que están ahí pescando. Y los indígenas cucapás no pueden pescar en sus lanchas. Porque son detenidos por la infantería de marina. Pero a los grandes propietarios no les hacen nada. Ese pueblo, ahí en el pueblo cucapá, encontramos a otro pueblo que es el pueblo kiliwa.

Del pueblo kiliwa quedan cincuenta familias, sólo cuatro hablan la lengua. Y tanto los han chingado —perdón la palabra—, tanto los han perseguido y hostigado, que las mujeres kiliwas hicieron un pacto de muerte. Dijeron: ya no vamos a parir hijos, porque sólo los parimos para que sufran. Entonces, cuando muera la última niña —nos la enseñaron—, se acabó el pueblo kiliwa.

Eso se llama etnocidio, y es obra del gobierno de Vicente Fox. Porque les voy a decir qué pasó. Llegó Fox a visitar ahí y a decir que iba a proteger la naturaleza. Los cucapás y los kiliwas fueron a hablar con él y le dijeron: nosotros queremos que nos dejen hacer lo que hemos hecho desde hace 90 siglos, 9 mil años, que es pescar, de eso vivimos. Y Fox les dijo: no, porque hay que hacer un estudio ambiental a ver si no hay problema, si no van a destruir la naturaleza.

Y los cucapás decían: pues si nosotros estamos hace 9 mil años y la naturaleza no era destruida. Es hasta que llegaron ustedes que empezó a ser destruida. “No, pues tiene que hacerse el estudio”, les dijo Fox. “Bueno, pues que se haga el estudio”, dijeron los cucapás. Dice: “no, pero no hay dinero. Consigan ustedes dinero y hagan el estudio”.

A gente que no tiene nada, más que la lancha para pescar, el supuesto presidente de la República, Vicente Fox, le dijo a esa gente que tenía que cooperarse entre ella para pagar un estudio que vale millones de dólares. Porque su gobierno no tenía dinero para hacerlo. Pero sí tenía dinero para comprarle las toallas a Martha Sahagún, para comprarle sus vestidos, y para cubrir las transas de sus hijos de Martha Sahagún, los hermanos Bribiesca.

Bueno, seguimos pues ahí por Mexicali y llegamos a Sonora. Y hay otro pueblo indio ahí que se llama tohono o’odham —pápagos, les dicen en México—, pero es otro pueblo indio que la frontera lo partió a la mitad. de hecho la frontera pasa por un centro ceremonial, encima, la raya.

Y ellos nos estaban diciendo que ahí en su territorio, del lado mexicano, los gringos pusieron un basurero tóxico. Un basurero que está prohibido en su territorio, porque envenena la tierra y el aire, el agua. Todo lo que tiene que ver ahí. Entonces, las leyes norteamericanas prohiben esos basureros en su territorio, en el territorio norteamericano. Pero nomás cruzan la frontera y ahí está el basurero.

Y el gobierno de Fox no dijo nada. Pero los pápagos, los tohono o’odham, dicen: no, pues es nuestro territorio de un lado y de otro. Y están usando nuestra tierra como si fuera un basurero, literal. Y además, esa basura va a envenenar todo lo que está alrededor.

Seguimos, y fuimos a la costa de Sonora, que da al Golfo de California. Y ahí hay un pueblo, otro pueblo indígena que se llama comca’ac —que le dicen los seris, también les dicen en México—, y ese pueblo, tú pasas a un lugar que hay ahí y ves… Has de cuenta que estás en una ciudad gabacha de esas de diversión, o sea de recreo: grandes construcciones, hoteles, casas de lujo, todo eso. Y luego entras a un camino de terracería y a menos de 20 minutos, puras casas de cartón. Es ahí donde viven los indígenas comca’ac, o sea los seris.

Y ellos tienen, enfrente de ellos hay una isla que se llama la Isla del Tiburón. Para ellos, es el corazón de ellos como indígenas, la Isla del Tiburón, porque fue la que los protegió cada vez que eran atacados por todos los que los han atacado. Desde otros pueblos indios como los comanches, los apaches, los sioux. Luego los mexicanos —o los mexicaneros, dicen ellos—, y luego todos los gobiernos que han pasado.

Iban… Van y se refugian a esa isla: es su corazón. Dicen: “por ése vivimos”. Y resulta que el gobernador de Sonora, que es priísta empanizado, es Bours —que es así como el sobrino político de Elba Esther Gordillo— quiere la isla. Se las quiere quitar, porque la quiere vender para un complejo hotelero.

Enfrente de ellos está la comunidad llena de casas de cartón. Hay una base de la infantería de Marina, que se supone que está para cuidar el paso del narcotráfico. Y no hace otra cosa que estar hostigando a las mujeres y a los jóvenes del pueblo seri.

Nos seguimos para abajo y llegamos con los yaquis. Los yaquis tienen un territorio que se los han ido mordiendo por los cuatro puntos cardinales. Que una ley, que una expropiación… Y los empiezan a acorralar y a encerrar. El pueblo yaqui es un pueblo guerrero, por naturaleza.

Se ha mantenido peleando todo este tiempo. Peleando contra españoles, peleando contra otros pueblos indios, contra los gringos cuando invadieron, y contra todos los gobiernos mexicanos.

Y dicen: “nosotros lo que queremos es que nos dejen vivir en paz. Nosotros no estamos ambicionando la tierra de otros. Estamos queriendo defender nuestra tierra y vivir con dignidad”.

De ahí nos fuimos con los pimas, otro pueblo indio en Sonora, casi en el límite con Chihuahua. De una pobreza extrema. Sus campos son invadidos por narcotraficantes. Y a la hora de que llega el ejército o la PGR a agarrar narcotraficantes, los agarran a ellos, no a los que están sembrando la droga.

Entonces, el gobierno no les hace caso, y sólo les hace caso para meterlos a la cárcel. Las cárceles en Sonora están llenas de indígenas, no de políticos, que es como debía estar lleno.

Luego fuimos con los mayos, al valle mayo, ahora del lado de Sonora, no el de Sinaloa. Compañeros, compañeras: grandes extensiones de tierra con pozos de agua. Donde hay propiedad privada. Donde está la propiedad comunal de los mayos, los pozos no se pueden abrir, están clausurados. No hay permiso. Sólo el permiso lo tiene el hacendado, el propietario de a un lado. Y la gente ya completamente arrinconada.

Nos brincamos a la sierra tarahumara, a Chihuahua. Y vimos a los tarahumaras —como platicó el compa hace rato—. Están destruyendo completamente ese bosque. Y están orillando a los tarahumaras a la muerte, ya ni siquiera digas a la miseria. Y los tarahumaras también buscando para dónde hacerse. Y diciéndonos, entre otras cosas, que no se llaman tarahumaras, que se llaman rarámuris. Tarahumaras les dicen los mestizos. Nosotros somos rarámuris, dicen ellos.

Y bajamos a Chihuahua, a la capital. Y nos cuentan ahí, otra vez, jóvenes como en Sonora, como en Sinaloa, como en Baja California, como en Baja Sur, que nos dicen: “es que a nosotros nos persiguen porque nos vestimos de negro, y porque nos peinamos diferente. Y porque nos hacemos un percing, o porque nos hacemos un tatuaje. Pero no hacemos otra cosa más que eso. Y nos ven en la calle y la policía va sobre nosotros. Y hay que mocharse, si no quieres que te lleven al separo, o si no quieres que te den una calentada”. Y el delito es el calendario. Porque soy joven, ése es mi único delito.

Y nos platican las mujeres: es que nosotras no podemos andar tranquilas ni en la calle, ni en ningún lugar. Ni siquiera a conseguir trabajo por lo que sepamos hacer o por nuestra capacidad. Porque llegamos a pedir empleo y el que está dando los trabajos —si es hombre— pues nos mira.

No mira lo que decimos que somos, sino nos mira físicamente. Y así nos valora y así nos va a dar el trabajo. Entonces, no importa qué estudiaste, ni lo que sabes hacer, sino cómo estás. Y luego, cómo eres, porque hay que ser amable con el que está contratando.

Y nos empiezan a platicar de las universidades en Sonora, en Sinaloa, en Baja California, en Baja Sur. Dicen: eso de que la universidad pública y gratuita es pura mentira. Te ponen cuotas. Cuotas para inscribirte, y luego cuotas de laboratorio, y luego cuotas de la biblioteca. Y luego, si te quieres graduar, es una lana: para hacer la tesis, para registrarla, para que haya el examen profesional. Y ya para que tengas el título, resulta que pagaste por una universidad que el gobierno está diciendo que es gratuita.

Y las amas de casa diciéndonos: no, pues aquí la luz, el agua, es lo más caro, más caro que la comida. A veces hay que elegir entre una cosa y otra. Y son lugares donde hay temperaturas muy extremas. Cuando hay mucho calor, tienen que usar el aire acondicionado porque si no se mueren, así de sencillo. Y cuando hace frío, tienen que usar la calefacción porque si no se mueren de frío.

Entonces, están entre una cosa y otra. Y las tarifas de luz son muy altas para el ama de casa. Porque el del centro comercial paga menos luz, aunque la tenga prendida para sus marquesinas, y para sus tiendas.

Chihuahua: igual. Fuimos a Ciudad Juárez, muchas maquiladoras también. Que nos cuentan la misma historia que escuchamos en Tijuana y en Puebla, y en Quintana Roo y en Yucatán.

Y ya empezamos a entender que no es cierto, que el norte sigue siendo México. Y que sigue siendo explotado, despreciado, reprimido y despojado, robado. Y ya a esas alturas estamos entendiendo…

(Vamos a esperar a que se vaya, pues se escapó de su casa para venir para acá. No, de veras, hace rato me dijo eso, yo creo que ya lo cacharon, por eso vinieron por él. Si entregó aquí una carta para advertirme que el chupacabras era Carlos Salinas de Gortari, ya lo sabíamos nosotros).

Entonces, a estas alturas del norte, ya nos dimos cuenta que no, que el norte seguía siendo México. Que estaba siendo explotado, robado —o sea despojado—, reprimido y despreciado. Igual que si fuera cualquier estado del sur de la República ¿no?

Entonces, empezamos a entender de que el norte estaba mucho más cerca de las montañas del sureste mexicano, que lo que nos estaba diciendo Vicente Fox y sus funcionarios ¿no?

Y entonces, empezamos también a descubrir que no sólo se trataba de que estaba la misma miseria que había, que hay pues, en el sureste de México, y en el sur, y en el centro. Sino que también hay la misma rebeldía y la misma resistencia.

Entonces, ya seguimos por la Comarca Lagunera, Durango, Zacatecas, Coahuila, San Luis Potosí, Tamaulipas ahora, Nuevo León. Y empezamos a ver a nuestro país de otra forma: como que… como si se hubiera rehecho la geografía que habían destruido los gobernantes, haciéndonos creer esta mentira de que el norte ya estaba en otra etapa de la modernidad. El centro estaba en tránsito. Y el sureste pues era de plano parte de Centroamérica.

Y volvía a crecer en nosotros, en los que estamos en la Otra Campaña y en los zapatistas, el sentimiento de nacionalidad que nos habían estado robando durante todos estos años. Que nos habían hecho mirar hacia el norte como un destino, o como una aspiración. Cuando en realidad, lo que es el norte, al norte del Río Bravo en Estados Unidos, es el responsable de nuestros dolores.

Nosotros queremos avisarles lo que va a pasar en este país. Porque, si ya lo que habíamos visto en el sur y en el centro daba para hacer algo importante en este país, lo que hemos visto ya en todo el país —porque prácticamente aquí en Victoria terminamos el norte de México, falta la Huasteca, arrancando desde Tampico, Altamira y Madero—, lo que hay ahorita en este país de dolor y lo que hay de rebeldía da para un alzamiento nacional.

Y lo que tiene que preguntarse la Otra Campaña, todo este conglomerado de grupos, de colectivos, de organizaciones, de familias, de individuos, que hay en todo el país, es preguntarse… empezar a preguntarse: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar?

Si está dispuesto a llegar sólo a un cambio de gobierno, a que entre otro a dirigir. O si de una vez —que es lo que pensamos nosotros los zapatistas— es que hay que librarse de toda la clase política. Que hasta ahora ha vivido como parásita. Y además, como un parásito que hace daño.

En nuestra idea como zapatistas se está repitiendo la guerra de conquista, casi 500 años después. Nada más que en lugar del ejército español, están los diputados, los senadores, los gobernantes, los gobernadores, los presidentes municipales, las cámaras locales. Que mediante leyes, están legalizando todo el despojo y la conquista de nuestra tierra, fundamentalmente, por extranjeros. Y de esos extranjeros, fundamentalmente por norteamericanos, por capitales norteamericanos.

Y nosotros creemos que lo que une a Tijuana, Matamoros, Victoria, Ciudad Juárez, Los Cabos, La Paz, con las montañas del sureste mexicano y con todo lo que está de entre un lado y otro, sigue siendo esa bandera verde, blanco y rojo, con un águila devorando una serpiente en medio.

México sigue siendo el mismo en su dolor. Lo que nosotros vemos es que ese dolor va a llegar el momento en que nos va a llevar a la muerte, no física, pero sí como nación. Y que llegó el momento en que tenemos que hacer algo. Lástima que se fue Don Filemón, que es el que nos decía que ya hay que hacer algo por nuestra patria. Hay que aprender a nombrar a nuestro país de otra forma. Diferente a lo que ha hecho Fox con ella, y lo que va a seguir haciendo Calderón.

Porque miren: Fox dice tarugadas. Y primero daban risa, ahora dan coraje. Porque se está burlando de nosotros, después de los seis años de lo que dijo. Que a nosotros nos dijo que en 15 minutos arregla Chiapas. Y que a todos les dice: ya tienes Seguro Popular.

Y ahora nos decía una señora en Coahuila, dice: “no, cuál Seguro Popular. Hay una lista y tienes que enfermarte de lo que hay en esa lista. Porque si te enfermas de otra cosa, te chingaste, ya no recibes ningún apoyo”. Y dice: “entonces cómo voy a hacer yo que me voy a enfermar y diga: a ver de qué me toca enfermarme hoy, porque si me…” Dice: “así de ridículo es”.

Y les da coraje y rabia seguir viendo los espots de televisión de Fox y sus informes y todo lo que está diciendo a la prensa, a la radio y la televisión. Ya no da risa, ya da coraje, porque ya se están burlando de uno, después de haberle destrozado la vida a familias enteras.

El principal producto de Vicente Fox en estos seis años, son los millones de mexicanos que están en el otro lado. Y que la economía nacional dependa de la gente que no vive en este país, que son los mexicanos que están al otro lado. Junto con el petróleo, eso es lo que sostiene acá.

Entonces, imagínense el peso que hay sobre la gente que está del otro lado, nuestros compatriotas, que tienen que sostener la economía norteamericana, y también la economía mexicana. Ellos y ellas. Y aparte de eso, los tratan como terroristas y como criminales. Y ¿quién los arrojó allá? Es este gobierno.

Nosotros decimos que el que sigue ya no debe terminar. Porque si termina, con él vamos a terminar como país. Tenemos que hacer algo. Y nosotros los estamos invitando a que lo hagan junto con nosotros. O si no, lo vamos a hacer solos. Porque no podemos seguir cargando con esta historia —después de este México que ya vimos, nosotros y todas las organizaciones, grupos y colectivos que hay en la Otra Campaña—, y regresar a las montañas del sureste mexicano, o al estado de cada quien, o al país de cada quien, y hacer como que no pasó nada.

No podemos, después de esta lección de historia que nos han dado ustedes aquí en Victoria, ahorita que hablaron. Y hace rato en Nuevo Padilla, y al rato en la colonia Azteca. Y ayer en Matamoros, y antier en Nuevo Laredo. Y así en cada parte de los puntos que hemos estado. No podemos hacer como que no aprendimos, porque sí aprendimos.

Y aprendimos que somos compañeros. Aprendimos que hay gente dispuesta a todo. Y no se trata de dispuesta a matar o a morir. Sino dispuesta a luchar. Porque nosotros no estamos llamando a un movimiento armado, sino a un movimiento civil y pacífico.

Nosotros decimos que es el momento, que esta es la hora. Que si ya nos conocimos, lo que sigue es asegurar que nuestro movimiento no agarra otro camino. Porque si hay mucha gente allá afuera —aquí en Victoria, y en todo Tamaulipas y en el norte de México— que dice: no pues ése otro movimiento va a ser igual. El Marcos va a agarrar cargo, o le van a dar dinero. O se va a hacer una casa en otro lado. Todas las cosas que sabemos que pasan con los líderes políticos.

Y es donde nosotros decimos: no, es que este movimiento no es zapatista, ni es de Marcos. Tiene que ser de la gente de abajo. Y es la gente de abajo la que tiene que decir cómo debe ser. Por eso explicó el compañero. Llegó el momento en que la Otra Campaña se diga a sí misma: yo soy esto. Ya no lo que dice el EZLN, sino yo que estoy participando aquí.

Porque así le vamos a poder decir a la gente de afuera que somos diferentes, que nos escuchamos entre nosotros. No lo que dice un líder, un comité central, el CEN —o no sé cómo se llamen ahora lo de los partidos políticos electorales—, sino que tiene que ser que valga la palabra de cada uno.

De Don Filemón que se acaba de ir, porque le cayó la justicia de su familia porque se escapó. Pues a lo mejor ya no puede venir, pero hay que ir a su casa y preguntarle. Y cada quien tiene que responder esa pregunta. Y responderla todos y sacar la cuenta cabal de todos, porque eso ofrecimos.

Ofrecimos otra forma de hacer política que es escuchar a la gente, que eso era lo que importaba. Pero no sólo escucharla, sino tomarla en cuenta. Que valga pues, la palabra de cada quien.

Y entonces, poder empezar a hacer el trabajo afuera. Porque el problema compañeros que hemos visto —y lo vimos ahí en Nuevo Padilla— pues es que no se escucha cuál es el problema de la gente. Y por eso la solución no llega. En el extraño mundo de la cabeza del presidente de Nueva Padilla —del presidente municipal—. O en la cabeza —si es que tiene— de Eugenio Hernández —¿así se llama?, ¿sí? bueno—, no existe el resto. O se le ocurre que a lo mejor Victoria necesita un boulevard, aunque destruya viviendas. O necesita otra cosa.

Pero no hay el mecanismo para que la gente opine y haga valer su opinión. Que valga como orden —eso decimos nosotros—. No se le toma en cuenta la opinión de la colonia Azteca. No, que mande la colonia Azteca. Y que sólo se haga ahí lo que ellos permitan. Que el gobierno pida permiso. No que nosotros le pidamos permiso al gobierno. El gobierno no tiene porqué decidir cuál debe ser el rumbo de la Autónoma de Tamaulipas. Debe ser la comunidad universitaria de la Autónoma de Tamaulipas. Y de cualquier universidad del país.

¿Cuál debe ser el rumbo de la educación en México? Debe ser trabajo de los maestros, no de un licenciado que está allá, o de una señora, porque ahora pusieron a Josefina Vázquez Mota, que es la viuda alegre porque escribe libros así extraños. Que no sabe nada de educación, nada, ni hablar sabe pues. Y ésa es la que se va a encargar, según esto, en el sexenio de Felipe Calderón de la educación pública. En realidad, ahí la que va a decir es Elba Esther Gordillo. Que vean —lo que nos platicó la compañera— lo que ha hecho con el magisterio, por fraudes.

No es posible que alguien decida aquí: se van a hacer unas casas, tengo un presupuesto de un millón de pesos. Y hace una transa con la constructora y le dice: échale más arena en lugar de más cemento —por ponerles un ejemplo—, no le eches cal.
—No, porque se va a caer la casa.
—¡Pst! Pero es gente pobre, qué, nadie se va a dar cuenta. O cuando se den cuenta, pues ya pasó el tiempo. O van a pensar que es mala suerte, o que dios así lo quiso, o fue el destino, o la tormenta que llegó.

Y se ahorra 500 mil. Y esos 500 mil son para él. ¿Por qué? ¿Por qué no decide cómo debe ser la casa, incluso cómo debe ser construida y con qué material, la familia que la va a habitar? Ésa es la que tiene que decir que ese material sea de calidad. Porque ahí va a vivir. Si pasa una desgracia, es su familia. Pero no.

Vimos en colonias marginales pues, en todo el norte de la República y has de cuenta que estamos en Yucatán o en la ciudad de México: casas de cartón, techos de plástico, sin agua, sin drenaje, sin luz. No estoy hablando de Chiapas, estoy hablando de Nuevo Laredo, gobernada por Eugenio Hernández —que dice que Tamaulipas ya está del otro lado—. Y está bien bonito, grandes extensiones de tierra para cultivar. Y mucha miseria en determinados lugares. Y a esa gente, la más pobre, es a la que más le cargan la mano.

En otra parte, en otro estado del norte de la República, nos dice un señor: “Subcomandante, a ver cómo le va a hacer porque aquí viene la cuenta del agua, que quieren que la pague”. Y le digo: pues yo ¿qué hago? “No, es que en mi colonia no hay drenaje, no hay agua, y me están cobrando y tengo que pagar, si no me la cortan”. Pues que se la corten. Pues ¿cómo se la van a cortar? “Sí, pero me da coraje que me estén burlando así, porque no sólo no me ponen el agua, sino además se burlan de mí”.

Y eso es lo que ya están haciendo los gobernantes. En lugar de caballos, arcabuses, vergantines —lo que usaban para conquistar cuando conquistaron México— ahora están usando licenciados, diputados, senadores, gobernadores, presidentes municipales.

Y al final, no va a quedar nada. Y vamos juntos: los pueblos indios, los jóvenes, los maestros, toda la gente de abajo va junta. Y vamos a empezar a vivir como fantasmas: sin raíz, sin identidad. Porque ni crean que los gabachos van a decir: órale, éntrenle. No, siempre vamos a ser así el sótano de su país. El basurero, porque para eso están usando nuestro país: para poner la basura que ellos no quieren tener ahí.

Entonces, nosotros decimos: hagamos este movimiento y no nos detengamos. Que sea la elección pasada de julio, la última de la clase política actual. Y que la próxima vez que haya elecciones, haya cambiado todo abajo, para que ya el que quede —el que vayamos a poner— obedezca, no mande. Porque ahorita lo que estamos escogiendo es quién nos va a mandar y quién nos va a dar orden.

Y se supone que en 1910 hubo un movimiento por libertad. El mismo que hubo en 1810. Y para que no agarra chueco, se necesita que se participe cada quien. Y para que no agarre chueco, no buscar pues un cargo. Sino que cada quien decida qué se va a hacer en cada lugar. Y en colectivo, tomando en cuenta a todos.

Por eso, nuestro movimiento lo que quiere no es cambiar de amo, sino que no mande nadie. Eso se llama libertad. Que el que trabaje reciba lo justo. Y que el que no trabaje, no reciba nada. Eso se llama justicia. Lo mismo con que el que tiene delito lo pague. No al que le están inventando un delito nada más porque es pobre.

Y democracia quiere decir que el pueblo manda y el gobierno obedece. Ésas son las tres demandas. Y para eso necesitamos otro país. Y el lugar de donde va a salir es la Otra Campaña. No es cierto que hay muchas alternativas.

Hay otras alternativas que quieren llegar al poder: como la de López Obrador. Pero la nuestra no quiere llegar al poder.

La nuestra quiere cambiar el país de nuevo y volver a hacer todo otra vez. Eso es lo que les queríamos decir compañeros. Vámonos a la colonia. Gracias.

Nuevo Padilla, Tamaulipas
Reunión con pescadores

24 de noviembre del 2006.

Queríamos contarles una historia y dar un consejo que a lo mejor puede servir para los problemas que tienen.

Nosotros somos de Chiapas, indígenas. Tal vez se enteraron por las noticias lo que pasaba. Yo les voy a contar lo que pasaba antes, antes de que nos alzáramos en armas, el primero de enero del 94.

Nosotros como indígenas pues nos tenían completamente olvidados, ni siquiera sabían que existíamos. Ni las autoridades, ni gente de otros países, ni gente de aquí de México sabía lo que estaba pasando.

A pesar de que nosotros estábamos aquí antes que los españoles llegaran. Antes que llegaran los gringos, antes de que hubiera gobierno. Nosotros como indígenas, como hay muchos pueblos en todo el país, pero nosotros allá en Chiapas —que es el rincón que hay— pues no teníamos hospitales, ni escuelas, ni tierra, ni nada.

Y aparte que estábamos pobres, así como nos platicaron ustedes, pues nos despreciaban por nuestro color, por nuestra lengua, por nuestra forma de vestir. Hasta llegó el momento en que ya no teníamos pa’ dónde hacernos. O nos moríamos como animales, o peleábamos.

Y entonces, decidimos pelear. Y no crean que éramos así unos poquitos. Éramos muchos miles de gente que ya estaba desesperada. Y salimos y le declaramos la guerra al gobierno, al ejército, a la policía, al gobierno. Y empezamos a pelear con ellos.

Y luego llegó que la gente empezó a decir: no, que no queremos guerra, queremos que van a hablar mejor. Y empezamos a hacer diálogo con el gobierno, y a firmar un acuerdo de paz —se dice—. Y el gobierno dijo que sí va a respetar a los indígenas y no cumplió.

No sólo el gobierno de la República, sino también los diputados, los senadores del PRI, del PAN, del PRD, de todos ésos que están que nomás quieren cargo, no cumplieron. Y entonces, nosotros dijimos: ¿pues para qué vamos a hablar con los gobiernos si no nos escuchan? Mejor vamos a hablar con la gente de abajo. Con la gente que está oprimida, que tiene problemas, porque nadie la escucha.

Ustedes lo saben pues, cuando hay elecciones, que llega el candidato y dice: yo les voy a hacer esto y otro, y ni siquiera saben qué es lo que necesitan. No les dice el candidato: a ver vengan, pasen y digan su problema. Ni se compromete así que va a cumplir.

Por eso —como nos explicó el compañero—, el presidente municipal dice: “pues ya se me olvidó, no me acordé”. Pero sí se acordó de cobrar cada mes.

Y entonces, lo que empezamos a hacer nosotros es juntarnos con otros grupos, organizaciones que hay en todo México, en esto que se llama la Otra Campaña. Y se llama la Otra Campaña, porque no estamos buscando cargo. No queremos llegar al gobierno. Lo que queremos es tumbar al gobierno. A todos: al presidente municipal, al gobernador, al presidente de la República, a los diputados, a los senadores y todo.

Porque lo que hemos visto nosotros es que ellos no trabajan y ganan mucho dinero. Y la gente que trabaja, nomás le están quitando el dinero por multas, y luego todavía los golpean, y luego todavía la cuenta de la luz, del agua, del predial. De todas formas como que te están metiendo la mano en el bolsillo y te están saque y saque dinero.

Y nosotros lo que dijimos: no, pues es que no está cabal eso. Se supone que el gobierno tiene que ayudar a la gente. Y resulta que son los que nos están amolando.

Pero nosotros antes pensábamos que nada más a nosotros, porque somos indios, porque somos indígenas. Y empezamos a caminar por todo el país y hablar así como estamos hablando así con ustedes, y a escuchar a la gente. Y resulta que donde quiera, cualquier lado, nos están contando la misma historia.

Y empezamos ahí en Chiapas, en la costa del Pacífico, y ahí nos platicaron unos pescadores de camarón que no les dan permiso, no les dan permiso para pescar. Y cada vez que salen a pescar, los detiene la marina. Y ellos ven que, en cambio, los grandes barcos de las grandes armadoras —dicen— pues ésos sí andan con permiso.

Y dicen: no nos da, porque pescamos 40, 50 kilos al día —desde temprano estarle dando—, y luego resulta que ahí nomás donde desembarcamos está el de la autoridad y nos quita el camarón. Y si no se lo damos, se lleva la ataraya, la red pues, o se lleva la lancha. Entonces resulta que todo el día que trabajamos y llegamos a nuestra casa y ahí están nuestros hijos, nuestra familia, y no hay nada que darles, ni siquiera el camarón para comer. Mucho menos pues para vender.

Y eso sí, lo que llega cabal es la cuenta de la luz. Y entonces ellos dijeron: ya no vamos a pagar la luz porque no, no podemos. Entonces, dice que llegó la Comisión Federal de Electricidad a decir que iba a cortarles la luz porque no pagaban.

Y entonces, se organizó el pueblo y agarró a los que iban a cortar la luz, y los metió al mar, con el agua aquí hasta la cintura, al mediodía. Y allá —me imagino que igual que acá— hace mucho calor. Y entonces ya los dejaron ir. Dejaron que se hicieran así como tostaditos, los soltaron.

Y les dijeron: al que venga otra vez a cortar la luz, le va a pasar lo mismo. Ya no regresaron. Pero dicen: como quiera tenemos el problema de la pesca, porque no podemos pescar. Eso es Chiapas.

Y luego fuimos a Quintana Roo. Y entonces, ahí resulta que los ejidatarios que eran dueños de un ejido que daba a la orilla del mar, les hicieron trampa con ese programa del gobierno que se llama Procede. Que según esto los van a hacer pequeños propietarios. Entonces, la gente dejó el ejido y se hizo pequeño propietario, y se endeudó con el banco, y se lo quitó la tierra. Sin darles trabajo ni nada.

Y entonces, lo que hicieron los ricos, que fueron los que la compraron, es pusieron una barda —como la que están haciendo los gringos en la frontera—, pero una barda en la playa. Porque van a hacer un hotel, en tierras que eran del ejido. Entonces, esos ejidatarios ya ni siquiera pueden ver su tierra —ya no digas tenerla—, porque hay una barda que no los deja verla. Bueno.

Fuimos más pal’ norte ahí mismo en Yucatán, en la Península de Yucatán, en Quintana Roo, en Isla Mujeres se llama, pescadores también. Y resulta que nos cuentan: no pues es que nosotros salimos a pescar y nos dicen que estamos destruyendo la naturaleza. Y nos detiene la infantería de Marina. Y nos mete a la cárcel y nos golpea.

Y lo que quieren ellos es que se salgan de ahí, porque ellos son los propietarios de ejidos a la orilla del mar. Y lo que quiere el gobierno es entregárselo a los gringos para que hagan hoteles. Dicen: ¿cómo vamos a destruir nosotros el mar, si de ahí comemos? Los que van a destruir el mar son los del hotel porque lo vayan a llenar de basura. Que de por sí sabemos que así hacen.

Nos seguimos pues por todas las partes de México. Y llegamos hasta el otro lado, en Sinaloa. En un pueblo también de pescadores, Teacapán se llama, en Sinaloa. Que no los dejan pescar, también es de camarón. Dicen: no nos dan el permiso a nosotros, pero al que tiene muchos barcos le dan el permiso. Y a nosotros nos dicen que no nos dan permiso que porque vamos a acabar con la naturaleza. Y nosotros sacamos unos cuantos kilos, y el que tiene los grandes barcos saca toneladas. Y a él no le hacen nada.

Pasa el barco y está la lancha patrullera de la Marina y no dice nada. Pero sale una panguita —le dicen—, o panga, la lancha pues, y luego, luego se va la lancha torpedera sobre ellos. A otro puerto ahí mismo en… otro pueblo pesquero ahí mismo en Sinaloa, que se llama el Dautillo. Ni agua, ni hospital, pero es el basurero de la colonia rica que está en la ciudad capital del municipio, donde está la cabecera municipal.

Ahí está la gente así como ustedes. Y los niños, muchos niños chiquitillos, y están los alteros así, como si fueran los camiones, pero son puro altero de basura. Creando zancudo, moscas y gusanos. Pues se empiezan a enfermar los niños. Entonces, ellos dicen: no tenemos dinero para pagarle al camión de la basura —se supone que el impuesto que pagamos, el camión de la basura tiene que ir—.

Y van con el presidente municipal, el presidente municipal les dice: saben qué, es que se descompuso el camión de la basura. Pero sólo el que iba a recoger la basura de ese pueblo pobre. Porque el camión de la basura que iba a la colonia rica no se descompuso. Ése sí lo recoge diario. Dicen: no nos dan permiso, igual, para pescar —son una cooperativa— y dicen: pescamos el camarón —a escondidas— y luego no podemos pagar la luz para refrigerarlo. Entonces, se echa a perder.

Entonces, estamos trabajando y nos están tratando como si fuéramos delincuentes. Y ayer estuvimos acá en Matamoros, en Playa Bagdad. Igual nos dijeron los pescadores de ahí.

Entonces, en todas partes vemos eso con ejidatarios, con pescadores, con pueblos indios. Porque donde quiera que hemos pasado también pasa lo mismo. Con trabajadores de la maquila, con estudiantes, con maestros, con empleados que trabajan en las tiendas. Con todos los que están trabajando abajo, todos te dicen lo mismo: no alcanza la paga, no alcanza el salario.

Y entonces, hacen cuentas, y en un lugar que pasamos por Puebla, de una maquiladora, les pagan 45 pesos al día, y los hacen trabajar 14 horas al día. Y ¿de qué va a vivir con 45 pesos al día? Y entonces, nosotros vimos cuánto gana un diputado, o un senador: gana 7 mil o 10 mil pesos al día.

Y nosotros vemos que esa trabajadora —porque es mujer— que trabaja en la maquiladora, trabaja 14 horas al día, seis días a la semana —sólo le dan un día de descanso. Cuando está trabajando, no puede ir al baño, porque le toman el tiempo. Y si se tarda un poquito más, le abren la puerta de una patada. Y si está pues, tiene que levantarse su nagua, su pantalón lo que sea, y rápido salirse. Porque ni siquiera la dejan ir al baño a gusto, o tranquila.

Entonces, ésa trabaja seis días a la semana, 14 horas. Y el diputado y el senador trabajan la mitad del año nada más. Dos, tres horas al día, cinco días. Y véanlo en la televisión y en la foto: está dormido. Y por irse a dormir ahí —que se supone que va a hacer leyes para proteger al pueblo—, le están pagando hasta 10 mil pesos cada día, por no hacer nada.

Entonces, nosotros empezamos a pasar por todas partes, y empezamos a hacer acuerdo. O sea, a organizarnos juntos, con mucha gente en todo el país. Entonces, yo les voy a decir qué va a pasar. Lo que va a pasar es lo que pasó hace cien años. Que igual está ahorita la situación: que la gente pobre ya no tiene pa’ dónde hacerse. Hasta que se hartó la gente y se levantó y tumbó a Porfirio Díaz, que había llegado con un fraude. Y empezó la bola.

Ahora, nosotros vemos que también llegó con un fraude ese Felipe Calderón, que ahora el primero de diciembre dice que va a ser presidente de México. Pero todo México sabe que hizo trampa, sabe que no ganó. Que fue Fox, y el IFE, el chingado que anda diciendo que vota por la democracia y no sé qué, y ésos hicieron trampa. Entonces, la única forma de hacer el cambio en este país, que era por el voto —con perdón de ustedes— se limpiaron la cola con el voto de la gente.

Y ahora ¿cómo nos van a decir? Hay que votar y saca tu credencial de elector. ¿Para qué? Si no sirve más que para que sepan quién eres. Pero no sirve para votar, no puedes elegir a tus autoridades. Gana el que ellos quieren que gane. Y aunque pasa uno y pasa otro no cambian las cosas. Pasa un partido, salió malo. Otro partido, salió peor. Otro partido, salió todavía peor.

Entonces ¿para dónde nos vamos a hacer? Entonces yo quiero pedirles que vayan a ver al gobernador —Eugenio Hernández se llama— allá en Victoria. Que se organicen o hagan una carta. Y le digan: pasó aquí el Marcos ése y nos contó lo que hicieron en Chiapas. Y nos contó que ahora ellos tienen escuelas, hospitales. Que ellos mismo hicieron, no los hizo el gobierno, ahí no manda el gobierno, ni el federal, ni el estatal, ni el municipal. Mandan las comunidades.

Entonces, nos contó que se están organizando en todo el país muchos grupos y organizaciones. Y que van a hacer un levantamiento pacífico y civil. Y que van a tumbar a todos los gobiernos: al presidente municipal de Padilla —del Nuevo Padilla y el viejo Padilla y al que se atraviese—, al congreso del estado de Tamaulipas, y a Eugenio Hernández, y a Felipe Calderón, y a los diputados y senadores, a los diputados federales y senadores.

Pero nosotros no estamos diciendo nada, eso fue lo que nos vino a decir él, que porque él dice que el gobierno no cumple. Porque la gente tiene sus necesidades y no le cumple. La justicia la compra el que tiene dinero —ya nos platicó la señora pues, de que el otro da pescado y a él sí le hacen caso, y como ellas no dan dinero, pues entonces no les hacen caso—. Y la necesidad que se tiene es según la necesidad del rico.

¿Por qué no mete el acueducto a Nuevo Padilla? Porque es gente pobre. Pero viera que aquí viven ricos, hasta de lujo hacían el acueducto. ¿Por qué no quieren dar el permiso? Yo les voy a decir porqué no les quieren dar el permiso. Porque quieren que se vayan de aquí. Porque lo que quieren hacer es aquí una colonia para ricos. Para que vengan los gringos y de otros países. Y entonces, ustedes les estorban.

A los ricos no les gustan los pobres, dicen que olemos mal. Que estamos muy feos pues. Ellos pura gente bonita pues y perfumada. Entonces, esos ricos no van a querer vivir con ustedes, pues son pescadores. Entonces, lo que quieren es sacarlos de aquí. Por eso el agua envenenada. Si está tan buena, que se tome un garrafón de agua de ésa que toman ustedes, que se la tome Eugenio Hernández, el gobernador, a ver si no se enferma. Si es que está buena, que la tome él. Y le va a dar chorrillo pues.

Pero él ya tiene edad pues. Y si a un niño pues se enferma, él no tiene pa’ dónde hacerse pues. Si alguien se enferma aquí, tiene que irse hasta Victoria a un hospital, porque aquí no hay. Pero ellos, los ricos, sí tienen los hospitales luego, luego. Y hasta tienen un avión, un helicóptero y se van a Houston, o a San Antonio a que los operen los doctores grandes pues.

Entonces, nosotros estamos viendo todo esto en este país. Nosotros decimos: lo que vamos a hacer es quitar al gobierno. Entonces, ustedes díganle al gobernador: una de dos, o es mentira o es verdad lo que dijo el Marcos. Si es mentira, entonces quiero el permiso y quiero justicia para mi esposo, quiero el agua potable, quiero la luz para mi ejido, quiero todas las necesidades. Porque si él hecha mentiras, entonces el gobierno sí los va a atender.

Entonces, tú dinos si es mentira o es verdad. Y si es verdad que tú gobernador eres un ladrón y no cumples con las demandas del pueblo. Tú y el presidente municipal y todos, pues nomás venimos a avisarte que te van a tumbar. Y que cuando llegue ese momento, que todo el país se levante, ahí lo vamos a ver nosotros si lo vamos a apoyar o no. Porque aquí es libre, no es que a fuerzas nada.

Y no es que vamos a tomar un arma, ni que vamos a ponernos pasamontañas, ni nos vamos a ir a la montaña. Ahí mismo, en la colonia, en Nuevo Padilla, nos vamos a organizar. Y vamos a corretear a los infantes de Marina, a la judicial, a la policía ministerial, a la rural, a la del estado y al que pongas. Porque en todo el país, y no van a alcanzar las policías, ni los ejércitos para acabar con todos.

Y entonces sí, el presidente municipal a dónde va a ser, y el gobernador para dónde se va a hacer. Y el diputado local para dónde se va a hacer.

Entonces, yo les recomiendo que le digan eso claro. Le digan: qué nos vas a decir, si es mentira lo que él llegó a contar o es verdad. Si es mentira, pues nos vas a cumplir nuestra demanda porque es justa. Ya nos explicaron pues que otras partes sí tienen el permiso para hacer cooperativa para la pesca comercial. Y ¿por qué Nuevo Padilla no? Si otras partes tienen el acueducto también y el agua potable ¿por qué Nuevo Padilla no? Tiene que contestar esas preguntas.

¿Por qué no hay un hospital aquí, y sí en otras partes? Si hay gente, hay hombres, hay mujeres, hay ancianos, ancianas, niños, niñas, necesitan un hospital. Entonces, tú dinos Eugenio Hernández —o cómo se llame el güey ése— si es mentira. Si es mentira, entonces tú vas a traer todo eso. Y si es verdad, pues a ver pa’ dónde te vas a hacer, porque te van a tumbar. Y o te vas del país, o lo vamos a meter a la cárcel. Porque eso es lo que merece.

Porque ¿de dónde está sacando todo ese dinero que tiene el gobernador? Porque nosotros vemos que ustedes trabajan. Y vimos a los pescadores allá en Playa Bagdad que están trabajando. Y vimos a las trabajadoras de la maquiladora en Nuevo Laredo y están trabajando y viven mal. No les alcanza.

Ahí en Nuevo Laredo hay una colonia que se llama Blanca Navidad… ¡Uta! vieras puras casas de cartón. No es mentira, las vimos. Un cuartito así, más chiquito que éste donde estamos ahorita, ése donde están las sillas. Y viven familias de seis, siete gentes. Ahí todos amontonados. No hay agua, no hay luz, no hay drenaje, no hay nada.

Y cada tanto llega la misma gente del gobierno y les queman las casas. De noche, con los niños adentro. Entonces, si se despiertan a tiempo, pues corren. ¿Y si no se despiertan a tiempo? Pues se mueren. Y ¿quién fue? Nadie supo, igual —como dice la señora— las autoridades se hacen pato.

Entonces, lo que nosotros vamos a hacer compañeros y compañeras, es llevar esta historia para que el gobernador no esté contando mentiras. Ni el presidente municipal de Nuevo Padilla, que esté diciendo que la gente está bien, que vive contenta. Ni la del municipio de Hidalgo. Nada.

Esto tenemos que contarlo en otras partes. Para que así como yo les cuento lo que pasa en el municipio de Tonalá en Chiapas, o en el municipio de Chetumal en Quintana Roo, O en Isla Mujeres también en Quintana Roo, o en Veracruz, o en Sinaloa, o acá en Matamoros, pues también cuento lo de Nuevo Padilla. Para que se sepa, porque si no, no se va a saber en las noticias.

Fíjense que nosotros los que estamos jodidos sólo salimos en las noticias cuando nos morimos, y bastantes. Porque si son poquitos los que se mueren, no nos hacen caso. Tiene que va a morir un buen tanto, y entonces sí sale en las noticias. Y ya, nomás dicen: ah, pues pobrecitos que se murieron, dios los ampare, ojalá se vayan al cielo… Y el que sigue, y así se muere otro y otro, y otro.

Fuimos a Coahuila, a Pasta de Conchos, donde hay una mina. También yo les dije que iba a contar la historia de sus familiares. Se metieron —ahí trabajan abajo de la tierra— para sacar carbón. Con ése prendes la luz. De ahí se hace la energía eléctrica para la luz. Aparte están las presas, pero ésa es una termoeléctrica.

Entonces, allá abajo, cuando están trabajando sale un gas. Y con una chispita, explota. Pero no hay para dónde hacerse, estás bajo tierra. Entonces, ellos avisaron —unos mineros— que olía mucho a gas. Y no había nada para cubrirse, ni extinguidores, ni máscaras para protegerse del veneno, ni nada. Y la empresa, el dueño, les dijo: pues si no bajas a trabajar, vete, te corro.

Y él dijo: pues y yo qué voy a hacer, pues si es lo único que sé hacer y no hay otro trabajo —como nos dijo el compañero pescador—, ni modo que me salgo de minero y me meto a otra cosa. Porque no hay otra cosa más que la mina. Así como nomás aquí hay la pesca, allá nada más la mina.

Entonces, si se salía de trabajar, pues se muere de hambre. Y si se mete a trabajar, se muere adentro. Entraron a trabajar y explotó la mina. Y murieron 65. Y es fecha, hace nueve meses, que no pueden sacar los cuerpos. Entonces, sí salió en las noticias. Y Fox habló, y habló el secretario de Trabajo y no sé cuánta gente habló. Pero ahí siguen, esos cristianos siguen ahí, sus cadáveres están allá adentro y no los pueden sacar. Y no han hecho nada para arreglar la mina.

Los demás mineros siguen bajando, hasta que haya otro accidente. E igual, no van a hacer nada. Y ¿quién fue el culpable? Preguntan las señoras, sus viudas, sus hijas, sus hermanos, sus hermanas. Dicen: bueno, mi familiar se murió. No, lo mataron. Porque lo mandaron ahí sabiendo que corría peligro su vida. Pero ahora ya está muerto. Si hay justicia: ¿quién es el culpable? Y tiene que pagar su culpa.

Y la empresa tiene que hacer que se arregle, para que ya no pasan más esos accidentes. Nada. Porque ya nomás quedan los familiares, pues ya no es noticia, ya no les hacen caso. El gobierno sólo donde sale en la noticia, ahí sí rápido se va a acomedir.

Si sale en la noticia que estuvimos aquí en Nuevo Padilla, van a ver que va a llegar un funcionario del gobierno: “a ver muchachos, ¿qué les pasó? no hombre, no se preocupen, vamos a arreglarlo”. Y ahí nomás una limosnita les va a dar para que se contenten un rato. Pero sabemos que el problema no se resuelve.

Si aquí en Nuevo Padilla, la única fuente de trabajo es la pesca y no hay permiso para pescar, entonces díganle al gobernador: ¿entonces qué hacemos? ¿Nos hacemos ladrones, criminales, narcotraficantes o qué, porque nuestro trabajo no nos lo quieres dejar hacer? Ahora si trabajo, soy un delincuente. Y ni modo, pues no se pueden hacer políticos pues, no son hijos de Fox o de Martha Sahagún. Es gente humilde pues.

Entonces, ¿qué les está diciendo? Les está diciendo entonces… O díganle: ¿o vamos a hacer igual que en Chiapas? Porque ya si no nos dejan otra, ¿qué vamos a hacer? Yo no voy a ver que mis críos se están envenenando con el agua y no voy a hacer nada. No voy a decir: no, pues dios así quiso.

No, dios no quiso, eres tú gobernador que estás mandándonos esa agua envenenada. Dios no quiso que no haya comida en mi casa, eres tú que no nos das el permiso para la pesca comercial. Entonces, esa cuenta la tenemos que cobrar.

Entonces, el gobierno es el que tiene que decir qué vamos a hacer. Porque nosotros ya no creemos. No sé si ustedes todavía creen en el gobierno. Si es que todavía creen, pues pídanle pruebas. Órale, tú dices que te vamos a creer a ti, demuéstralo. Pero nosotros ya no creemos. De por sí lo vamos a tumbar.

Y ya en todas partes donde hemos ido estamos encontrando gente así como ustedes, que ya no tiene para dónde hacerse. Ni modo que digan: bueno pues vete al otro lado a buscar trabajo. Pero ¿a poco se puede pasar? Primero hay que juntar dinero para el coyote, para que te cruce. Y luego, ya que estás del otro lado, si no te agarra la migra y te regresa. O si no te agarran los rancheros y te matan, o si no te mueres al cruzar el río.

Y todavía allá, del otro lado, a ver si encuentras trabajo. Y si encuentras, te van a pagar un poco —más que aquí, pero un poco— y se van a burlar. ¿Sabes cómo te van a decir? Frijolero. Porque dicen que los mexicanos comemos frijoles. Entonces, los patrones gabachos —los güeros— son patrones… Le dicen: a ver llévate a esos frijoleros allá a la pizca. ¿Ocho horas? No, diez, doce horas. Y te pagan poco.

Y si vas a protestar, si protestas le hablo a la migra y te vas pa’ fuera. Y ya no le pagan. Así, ya cuando no quieren pagar, están un mes, dos meses trabajando, y el mismo patrón le habla a la migración: aquí hay unos mexicanos. Y pasan y se los llevan a todos, y no les pagaron nada. Y ahí vienen de regreso.

Y nosotros queremos preguntar: ¿por qué vamos a irnos a trabajar a Estados Unidos, si ahí está el pescado? Y ahora resulta que la infantería de Marina en lugar de estar cuidando el país del extranjero —porque ése es su deber, el del ejército, de la Marina, es cuidar a México de que lo ataque el extranjero—, y ahora resulta que lo que está haciendo es persiguiendo a los mexicanos que trabajan.

Y los extranjeros son los que están comprando todas las tierras. Ya lo vimos: hoteles, ranchos, gobiernos enteros están comprando los gringos, enteros. Como ya ha pasado en otras épocas. Y esos militares, los de la Marina o los del ejército, no están haciendo nada para ayudarnos.

Entonces, nosotros le decimos ese consejo compañeros. Les pedimos que lo piensen y vea cada quien. O se juntan. Y nomás decidan esto: ¿vamos a creer en el gobierno o no? Échale pues que tienen la duda, vayan con el gobernador. Brínquense al presidente municipal —es un tarugo—, vayan con el gobernador. Y le dicen: ahí traemos un recado. Llegó el Marcos con gente de toda la República —porque viene gente de todo México en la karavana—, ellos dicen que ya vieron que por todos lados que ya no aguantan. Que no va a ser con armas, va a ser con movilización pacífica. Y que van a tumbar a todos los políticos, a todos, y que van a correr a los ricos.

Y le dicen: y nosotros le contamos que pues tú no cumples. Y él dijo que hay que tumbarte a ti también. Así le dicen claro. Y a ver qué les dice. Si les dice: no pues están locos, pues ya les respondió. Nomás que somos muchos millones de locos, que ya dijimos que ya no. Y si dice, no pues está mal el Marcos. Entonces, les tiene que dar el permiso, luego, luego. Él lo puede arreglar con las autoridades de Ecología, que es la que da el permiso de pesca.

Y entonces, ya ahí dicen: sí pues sí es cierto, se equivocó Marcos, que le vaya bien. Pero nomás acuérdense que hasta que pasamos nosotros hubo respuesta.

Y entonces, fíjate compañero, ¿y donde no pasamos? A poco esa gente no va a decir: no pues aquí no pasa Marcos, ni la Otra Campaña, ni los políticos, ni nadie. Como los del ejido del compañero. Pues si esa gente solita se va a alzar. Y nosotros vamos a estar con ella.

Entonces, ahí les pido compañeros. A las compañeras: hagan la cuenta ¿ha bajado la luz? Nunca. ¿El agua?, ¿el predial?, pero llega cabal cada día que le toca llega la cuenta. ¿Y si no pagan? la cortan ¿qué no? Pero si el presidente municipal no cumple, ahí dice: no, pues mañana, y otra vuelta, y otra vuelta. Ése sí tarda. O acaba —como nos platicó el compañero— y se le olvidó y ya no hubo luz o nada.

No puede ser que estamos viviendo con un gobierno que está en contra de nosotros. Está como si fuera nuestro enemigo. Nos golpea, roba la lancha… Ahí donde les digo en el Dautillo, en Sinaloa, están dos pescadores —así como contó el compañero—, los para la patrullera de la Marina, y le echan la voz, que se detengan. El otro dice: de tarugo me detengo, pues si me van a perjudicar.

Entonces, se quiere escapar, pero es una lancha de aquí a donde está la compañera de rojo, una panga pues, una lancha. Y la otra pues es un barco que es como de tamaño de esta casa pues donde estamos. Pues se le aventó encima y la partió. Y los aventó al agua, eran dos: uno se quedó inconsciente y lo tuvo que jalar el otro. Ésos igual tres kilómetros —como nos platicó el compañero—, jalarlo a la orilla para que no se ahogara.

Y ¿sabes qué había hecho ese compañero? Se había ido al otro lado, y estuvo trabajando seis años para juntar dinero. Y sólo pudo dar el enganche de la lancha. Ahora ya no tiene lancha, y la debe como quiera.

Hizo la denuncia… Nada. Dice que ya pasó dos, tres años y nada. Al igual como dijo pues el compañero: hace la denuncia y no hay respuesta pues del gobierno.

Entonces, nosotros los invitamos a eso compañeros. No les prometemos nada. Lo único que les prometemos es que vamos a tumbar al gobierno. Eso sí lo vamos a cumplir. Pero lo que nosotros les decimos es que piensen: ¿quién es el culpable de como está la situación? Y si le van a dar oportunidad o no. Si le van a dar oportunidad de que todavía cumple, díganle.

Díganle: ahora, te vamos a dar chance de que nos cumples. Y viera que te portas bien, pues cuando te metan a la cárcel te vamos a llevar cigarros. Porque lo vamos a meter a la cárcel. Pero si se porta mal, pues ni siquiera cigarros pues.

Y si ya no le creen, pues organícense compañeros. Y hay que esperar el día que va a llegar eso, y cuando llegue el día, se va a saber. Ustedes van a tener que hacer algo aquí. Hombres, mujeres, niños, ancianos, todos van a tener que hacer aquí. Y lo que van a tener que hacer es tomar lo que es suyo.

Y lo que es suyo es el gobierno. No es de los partidos políticos, es de ustedes. Y tomar la presa, y administrarla ustedes. Y hacer el acueducto y todo. Y todo lo que necesitan, porque ahí lo tienen. Ahí tienen la riqueza, nomás que se la está quedando el político o el rico.

Y si nosotros hacemos eso en todas partes, al mismo tiempo, no pueden con nosotros. Ya lo vimos que pasa en otros países. No es con armas, es con la pura movilización y que la gente se decide y se organiza. Y no se puede controlar.

Pero no va a ser que nos vamos a quedar contentos nada más que entra otro cabrón que es el que nos va a explotar. Mejor de una vez que se vayan todos. ¿Qué es lo que nosotros queremos? Que en Nuevo Padilla manden ustedes, no los partidos políticos.

Ahorita mandan los partidos políticos. No, ya que mande la gente. Y que el gobierno los obedezca a ustedes. No que da la orden él. Que hay que pedirle permiso —lo explicó el compañero del ejido— no, el gobierno tiene que pedir permiso si va a hacer algo aquí. Tiene que pedir permiso: ¿oye, será que puedo hacer tal cosa? Y ya ve la comunidad si le da permiso o no. Si no, pa’ fuera.

Así le hacemos allá nosotros. ¿Que quiere hacer un camino? Vamos a ver si le damos permiso. Y si se le da permiso, tiene que pagar un impuesto. Al revés. En lugar de que el pueblo pague el impuesto, el gobierno tiene que pagar un impuesto. Se le dice: bueno, vas a hacer carretera aquí, entonces, necesito que hagas un kinder aquí —un jardín de niños—. “No, pues no”. No hay carretera, y no pasa. No pasa aunque esté el ejército no pasa.

Porque nosotros ahí vivimos, no venimos de fuera. Nomás empezamos a tirar árboles, piedras, y nos paramos ahí y no pasa. Igual ustedes aquí viven, ustedes conocen este lugar. ¿Ustedes creen que les va a decir un licenciado de México cómo cuidar la presa? Pues si él no vive aquí, no sabe ni pescar. El que sabe de la pesca es el pescador.

El que sabe de cómo se hace una casa es la gente que está en la casa, igual. Hagan de cuenta, lo que está haciendo el gobierno ahorita, es que alguien se mete a su casa y le empieza a decir: oye no pongas esa ventana ahí, ponla allá, levanta ese tiradero. Pues ustedes le van a decir: ¿y tú por qué? ¿por qué te estás metiendo a mi casa a decir? Igual es la población, es de ustedes, no del gobierno.

Y no puede ser que nos estén haciendo como quieren y no hagamos nada. Y lo que nosotros vemos, que encontramos ya, que no nada más en Chiapas nosotros. Donde quiera. Donde quiera hay gente que dice: órale, qué día, a qué hora, y vámonos por ellos.

Nosotros decimos: no, pues vamos a conocernos todos. Ahorita estas palabras que dijeron ustedes, no nomás me las llevo yo en mi cuaderno. Sino que los compañeros que vienen en la karavana, lo grabaron. Y lo van a pasar con otros pescadores en otras partes. Y con otras amas de casa. Y van a decir: “sí es cierto, ésa es gente igual que nosotros”.

Y los van a ver pues en la foto, y van a decir:
—Pues ese señor es igual que yo. Y ¿qué dijo?
—Pues que el gobierno no cumple.
—Yo también digo lo mismo. Entonces ¿ella dice que va a luchar en Nuevo Padilla?
— Sí.
—Yo digo que yo voy a luchar en Chiapas.

O en Sinaloa, o en Baja California, o lo que sea. Y van a ver que los políticos no van a tener para dónde hacerse.

Entonces, es lo que yo les recomiendo compañero, paisano, es de Chiapas. Que le hagan una carta o hagan una comisión y vayan con el gobernador y le pasan el recado. Y si no quiere recibirlos o algo, pues con un periodista. Dice: nomás traemos este recado, vamos a dar tanto tiempo de plazo para que responda el gobernador. Y si no responde, pues ya vamos a saber nosotros que sí fue cierto lo que dijo.

Y van a ver que sí es cierto. Sólo si sale en las noticias se va a preocupar, porque si no, no se va a preocupar. Pero nosotros sí nos vamos a preocupar. Dijo un compañero aquí que no hay que olvidarse en Nuevo Padilla. No, nosotros estamos en Chiapas, pero éste es México y ustedes son nuestros compañeros y compañeras.

Y también vamos a luchar junto con ustedes, nada más que no con las armas, sino con la movilización —decimos nosotros—. Y no con los votos, porque ya vimos que no los respetan. Entonces para qué vamos a estar dando vueltas nada más. Y no para que llegue un político, sino para que la gente mande.

Ése es nuestro plan compañeros y compañeras. Y es lo que estamos pasando por todo el país. Ahorita ya estamos terminando de pasar por todos lados. Éste es el… Tamaulipas es el último estado. Treinta y dos recorrimos ya. Nos tardamos casi un año, pero lo vimos todo. Pura gente pues como ustedes: gente de abajo. No hablamos con políticos, ni con ricos, con gente jodida. Y todos nos contaron la misma historia.

Ya nomás de aquí vamos a Victoria. Luego Tampico, Altamira y Madero. Y la Huasteca, y ya. Y entonces ahí ya vamos a decir: pues somos tantos. En todas partes que quieren que va a cambiar las cosas. Entonces, hay que empezar a hacer lo que nosotros decimos: un apunte.

Porque ya ves que cuando un político llega al poder, dice: “ah, Nueva Padilla, ¿dónde queda?” En Tamaulipas. “Pues mándales tortas —lo que se le ocurre pues, luego se le ocurren puras tarugadas: manda balones y no hay cancha, por ejemplo ¿no? Y luego sale Fox tomándose las fotos con los balones, y se asoma uno aquí y pues no hay cancha ¿pa’ qué están los balones? Pues ahí están… cuando quieran ¿no?—.

Nosotros decimos que no. Que hay que hacer la lista de la demanda de cada quien en cada lugar. Entonces, ¿qué se necesita en Nuevo Padilla? En lugar de que le preguntamos a un político, pues les vamos a preguntar a ustedes.

Y a la hora que tumbemos a los políticos, pues esto es lo que hay que hacer aquí. Y ¿dónde se va a sacar el dinero? Ahí está, el que le quitamos a los ricos y a los políticos. Si no, ¿de dónde saca el dinero, su sueldo pues, el presidente municipal y el gobernador? Pues es de lo que ustedes están trabajando.

Si ya no lo agarra él, pues lo van a tener ustedes. Entonces, ustedes van a decidir si se hace una escuela, si se hace el hospital, si se hace el acueducto. En lugar de que ustedes van a pedir permiso para pescar, si otro quiere pescar, le va a tener que pedir permiso a Nuevo Padilla.

Porque luego por ahí vimos en el camino que hay una… Esa empresa pues, para turistas, para que vengan a pescar y a cazar. Ésos no piden permiso. Entonces, debiera ser al revés: ésos tenían que venir a pedirle permiso a ustedes, no al presidente municipal, ni al gobernador. Y tenía que —si le dan permiso—, tiene que pagar.

Entonces, van a ver cómo empieza la riqueza para otro lado. Ahorita se la están llevando ellos, ahora llega para abajo otra vez. Entonces, todas esas cosas es lo que nosotros decimos que hay que hacer. Es lo que decimos que es un plan nacional de lucha. Es que cada lugar dice: aquí se tiene que hacer esto. Y si no se hace, no sirve. Tiene que hacerse, a fuerzas.

Porque ése es nuestro compromiso. Entramos a luchar, pero vamos a conseguir lo que queremos. Y nosotros allá en Chiapas, nomás queremos que nos dejen en paz. Queremos sembrar la tierra, cuidar nuestros árboles, nuestras montañas. Y queremos ser indígenas, y queremos ser mexicanos. Y no queremos que nadie se vuelva a burlar nunca de cómo hablamos, ni de nuestro color, ni de nuestra cultura, ni de nuestra forma de vestir.

Porque ahorita se burlan de nosotros. Y ya, no queremos venir aquí a Nuevo Padilla a pescar, allá nosotros trabajamos. A lo mejor ustedes no quieren ir para allá, más que para conocer. Entonces, nos hacemos ese acuerdo. Pero en todas partes hacemos ese acuerdo: que cada quien pueda vivir en paz.

Ahorita, no puede salir un pescador sin el miedo de que a lo mejor lo va a golpear el infante de Marina. Pues si está yendo a trabajar. Hagan de cuenta que uno está yendo a robar una casa, anda con miedo que lo agarran. Pero va a trabajar por su familia.

Eso es lo que nosotros decimos. Entonces, si les preguntan: bueno ¿qué quiere el Marcos? Vivir en paz, que es lo que queremos todos. En paz. Pero para vivir en paz, hay que tener justicia y hay que tener libertad.

No tenemos libertad porque ustedes —o sea los políticos— nomás nos están oprimiendo. Y no hay justicia, porque ustedes la convirtieron como si fuera un jabón que a ver quién lo está comprando. Y cuando ya llega a nosotros ya llega el jabón jodido, o no tenemos el dinero para comprarlo, como nos platicó la compañera.

Siempre, en la justicia, en México, se va a ir con el rico. Porque es una mercancía. El juez es una mercancía. Entonces, si ustedes tienen una pelea con un rico, pues el rico le compra al juez. Y el juez dice: bueno, si me das tú más, yo te cumplo. Pero pues si no hay para comer, menos pa’ comprar al juez.

Entonces, hay que quitar al juez, decimos nosotros. Hay que hacer otra justicia, otra libertad. Y entonces sí, hacer otra democracia. Ya que no manden los políticos ni los gobiernos, sino que mande la gente. Eso es la democracia pues.

Y también queremos independencia, que aquí no manden los gringos. Porque ahorita sabemos que los que mandan son los gringos. Si un gringo quiere una ley —por ejemplo que pueda venir a cazar y a pescar, que está prohibido—, rápido el juez le da el permiso. Y hasta viene y lo recibe, y le pone una mesa. Hasta se hinca de rodillas para recibirlo.

Pero si un habitante aquí de Nuevo Padilla dice: oye, yo quiero el permiso. Ni le abren la puerta, ustedes lo saben.
—¿De dónde eres?
—De Nuevo Padilla.
—No hombre.
Y el otro dice:
—¿De dónde eres?
—De Houston.
—Pásale.

Pues si es un extranjero ¿por qué hace así? Pues si estamos en México, debía valer más el mexicano.

Entonces, es eso lo que estamos haciendo compañeros. Pasando por todo el país. Nomás que ya no vengo solo. O sea, no es sólo zapatista pues. Sino que ya juntamos gente en muchas partes. Ahorita viene gente de varias partes de la República, de otras organizaciones.

Y cada quien en su lugar se está organizando. Y todos estamos haciendo ese acuerdo. Y cuando ya nos conozcamos y sabemos qué necesita la gente en cada lugar, la vamos a llamar. Pero no para que vote. Sí para que bote, pero para que bote con la bota, que lo mande a la fregada pues al político.

Y entonces hagamos otro acuerdo, decimos nosotros. Otro acuerdo de cómo vamos a vivir, es una nueva Constitución. Una Constitución donde diga que al anciano se le tiene que respetar, porque no se le respeta. Ya si ya está grande de edad, ya lo tratan como si fuera basura.

Una Constitución donde diga que a las mujeres hay que respetarlas desde que están chiquillas, hasta que se va a la tumba. Como mujeres, respetarlas. Una constitución donde diga que el trabajador tiene que ser el dueño de su trabajo.

Una Constitución que diga que la tierra tiene que ser del campesino, que es el que la trabaja. Y el agua tiene que ser del pescador que es el que la pesca. Y que se van a respetar los pueblos indios.

Y todas las cosas que están pendientes, ahí van a quedar en esa Constitución. Entonces, ya vamos a estar de acuerdo. Aunque estás en Tamaulipas, o estás en Chiapas, o estás en Baja California, vamos a hacer un país nuevo. Eso es lo que queremos hacer nosotros: un país nuevo, mejor.

¿Va a haber problemas? De por sí va a haber problemas pues. Pero van a ser otros problemas compañero, compañera. Ahorita el pendiente que tenemos es si no nos vamos a morir. Ya los problemas que vamos a tener es que si le vamos a meter aire acondicionado o no a la casa. No es lo mismo que si va a haber comida o no.

No se trata de que ya no va a haber problemas. Sí, pero van a ser otros. Ya no va a ser la angustia de qué vamos a comer, de qué va a vivir, que si ya se enfermó el niño, que si fue el agua o qué fue, o que si voy a salir a trabajar y me va a agarrar el infante de Marina.

No, la preocupación va a ser si hace mucho sol, y entonces hay que hacerle otro techo a la casa. Cosas así pues, de la vida normal. Que ahorita no podemos pensar en eso, porque ni siquiera nos dejan respirar pues.

Eso es lo que les queríamos contar compañeros y compañeras. Ahí piénsenlo por favor entre ustedes. Nosotros decimos: cada quien tiene su corazón y su pensamiento. Y si toma la decisión, pues se espere. Y organícese y dese a conocer y entérese de lo que está pasando en otros lados.

Estos compañeros de la Otra Campaña en Tamaulipas les pueden platicar de lo que pasó en Matamoros, en Nuevo Laredo, en Coahuila, en Nuevo León, en Veracruz, en Hidalgo, en San Luis Potosí. Sólo les estoy hablando de los estados que están alrededor de Tamaulipas. Pero también les pueden platicar de lo que está más retirado y que también es México.

Y vas a ver que hay gente así de todos los tamaños, todos los colores. Muchos pueblos indios, mucha gente que habla lengua indígena. No habla español, pero así en lengua indígena está diciendo: órale. Tenemos que defender a nuestra patria.

Gracias compañeros, gracias compañeras.

En la colonia Azteca

Reunión con adherentes

 
 

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3 Comentarios »

  1. A la honorable comisión intergaláctica:

    Por medio de la presente me permito informarles que soy un campesino de la Rusia zarista hoy reencarnado nuevamente.

    Observe en el canal del congreso que transmite la federación solo para los que pueden pagar servicio de cable y satélite de televisión de pago, así que estoy seguro que no todos lo miraron.

    Como campesino zarista me llene de celos al ver que por la enorme cantidad de dinero que les pagaron a los diputados del congreso no duraron los rauns necesarios del boxeo, creo que le hubiera salido mas barato al pueblo mexicano que aunque dicen no son los impuestos es el petróleo herencia de nuestros hijos una pelea del maromero o Julio Cesar Chávez campeones mexicanos de boxeo que casi quedan enfermos del cerebro por desquitar su sueldo en las Vegas en boxeo.

    Los señores diputados son iguales a los jugadores de equipos de fútbol, pelean en el partido y después se dan besos en los camerinos, mientras la multitud queda enardecida.

    Es mas según fuentes extraoficiales antes de pelear se quitaban los lujosos relojes y finos trajes, y antes se decían pégame pero cuidado con mi fino Rolex o tus lentes Gucci, eso se de línea italiana.

    Se que solo miro el canal del congreso para mirar como se comportan los ricos es decir que cara tienen los que ganan 500 mil pesos de aguinaldo y 80 mil pesos mensuales, asi que ya cele a estos ricos y soy un campesino zarista celoso, recuerde que le hicimos al zar cuando nos llenamos de celos. Bueno hasta pronto y ya me encele otra vez de los ricos.

    Comisión intergaláctica ya cele a estos y no me gusta desangrarme en mente con estos ricos opresores el hambre sigue.
    Oaxaca no apoyo al movimiento magisterial chiapaneco no los apoye. Esperamos que guerreo mueva la galera romana.

    Comentario de jose luis paez — Noviembre 30, 2006 @ 3:26 pm

  2. COMPAÑEROS DEL ENLACE ZAPATISTA, NUEVO PADILLA, ES UN MUNICIPIO MAS DEL ESTADO DE TAMAULIPAS Y NO UNA COLONIA COMO LO DESCRIBEN EN EL ENCABEZADO DE EL AUDIO, ESTÁ A 45 KILOMETROS DE CIUDAD VICTORIA, EN PADILLA FUSILARON A AGUSTIN DE ITURBIDE EN 1824, PERO POSTERIOR A INUNDACIONES, SE CREO LA PRESA VICENTE GUERRERO, DONDE NO DEJAN TRABAJAR A LOS COMPAS PESCADORES, POSTERIORMENTE SE LEVANTÓ EL MUNICIPIO DE NUEVO PADILLA, TAMAULIPAS…

    Comentario de Ruben D — Diciembre 3, 2006 @ 11:02 am

  3. MI muy querido sub marcos, tengo informacion sobre alguien que los esta espiando y dando toda la informacion al gobierno federal si quieres saner mas al respecto enviame mail a Camaronzito01@hotmail.com te dire el nombre y quien es si verifico tu identidad si no no…

    Comentario de juan — Diciembre 13, 2006 @ 2:54 am

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