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Palabra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Feb012003

Agosto: Región Norte-Pacífico, la octava estela (Los Pueblos Indios enseñan a gobernar y gobernarse)

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.

Calendario de la resistencia

AGOSTO: REGION NORTE-PACIFICO, LA OCTAVA ESTELA.

(Los Pueblos Indios enseñan a gobernar y gobernarse)

Desde la Italia rebelde y digna, la nube da un complicado rodeo para regresar. Por razones del viento y de la historia actual, es atrapada por un remolino de piedras y aires indios. A ratos, son los cielos de Chihuahua y Durango; otros los suelos de Zacatecas o San Luis Potosí; después es Sonora, luego Colima; de pronto son las montañas de Jalisco y Nayarit, y, más allá, los caminos de Michoacán.

Pareciera que no habría nada que ligara a todos estos estados, pero resulta que abajo hay caminos subterráneos e historias que nada saben de divisiones políticas. Más de 20 millones de mexicanos viven en estas tierras. Y más medio millón de indígenas construyen una experiencia que puede enseñar mucho sobre lo que sería un buen gobierno. ¿Dije “construyen”? Bueno, debería haber dicho “reconstruyen”, porque es viendo hacia atrás y pensando hacia delante que estos pueblos indios ligan resistencia con autonomía… y con otras luchas.

Allá está Sonora y el puente a la Arizona norteamericana que tienden los Tohono O’odham (antes conocidos como “Pápagos”). Si hay alguna muestra de los inútiles y artificiales de las fronteras, aquí hay una: la Nación Tohono O’odham se reconoce como un pueblo dividido por la frontera internacional USA-México, pero junto por su historia y su cultura. Tan es así que, en ocasión de la Marcha del Color de la Tierra, este pueblo indio emplazó a los presidentes Fox y Bush, y a los dos congresos, a que cumplieran con los Acuerdos de San Andrés (que este 16 de febrero cumplen siete años).

Más allá están los Mayos o Yoremes de Cohuirimpo (uno de los ocho pueblos de la tribu Mayo), con una sabiduría que apenaría a cualquier filósofo posmoderno. Y así dicen: “La rebelión a los tiranos es obediencia a la verdad”, “…quitarte la tierra es quitarte el pan y la paz, la libertad y la alegría, el aire, el sol y la lluvia… quien se apodera de la porción de suelo que a ti te corresponde, se apodera en cierto modo de tu ser… destruye tan monstruosa aberración, haz que la tierra sea para todos, como la atmósfera y el mar, porque sin tierra continuarás esclavo y miserable”. “La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre nada sobre la mentira, como el aceite sobre el agua”. Reflexionando sobre las rebeldías indígenas que cada tanto aparecen, así dicen: “Una espina es un bosque de advertencias” (textos aparecidos en Ojarasca, suplemento de La Jornada. 2002).

En Baja California Norte, los indígenas Kiliwas, los hijos del viento, pierden la vida cuando pierden la tierra. Ahora sólo quedan ocho indígenas de este pueblo que fue saqueado por terratenientes, gobiernos, religiosos protestantes, ganaderos, burócratas del INI y de la Reforma Agraria, y que cantando contaba su historia a las nuevas generaciones (Cfr.Los Kiliwa. Los últimos nueve, Juan Cristián Gutiérrez).

Un viento lleva a la nube hasta Chihuahua, donde se vive y sufre el fracaso de convertir a zonas de México en estados de la Unión Americana; tanto el PRI como su pareja dispareja, el PAN, han demostrado que, en cuestión de hacer el ridículo, sus gobiernos nada tienen que pedirle a sus homólogos norteamericanos.

El asesinato de mujeres en Ciudad Juárez define perfectamente el desapego de los gobernantes: la frivolidad y la irresponsabilidad constituyen el eje de los programas de gobierno frente a este problema. Y no sólo es una actitud racista, machista y de clase. Sí, el gobierno de Chihuahua no tiene por qué preocuparse de lo que ocurre en Ciudad Juárez. Después de todo son sólo mujeres, obreras, jóvenes y pobres las que son asesinadas. Sin embargo, parece que es más lo que se oculta. Como si el o los asesinos fueran parte de ese pequeño grupo de poderosos que en el Norte determinan quién vive y cómo, y quién muere y cómo. El horror de las mujeres sacrificadas en Ciudad Juárez deja a cualquier película de asesinos seriales en la categoría de caricatura dominical. Nada, ni el clamor popular, ni los reportajes de la prensa local y nacional, ni las movilizaciones, ni las denuncias, han conmovido a los distintos gobiernos. Más que irresponsabilidad, su ineficacia sugiere complicidad (consulte usted sobre este asunto en la página web de “Comunicación e Información sobre la Mujeres. Cimac. www.cimacnoticias.com).

Pero en la sierra Tarahumara, los Rarámuris buscan otra puerta para salir del callejón de muerte y miseria. Y así se cruzan manos y miradas con los O’odham o Tepehuanos de Chihuahua y Durango, con los Tohono O’odham o Pápagos en Sonora. Su trabajo de resistencia es la reivindicación de su religiosidad, su comunidad y sus derechos por el bosque y el territorio.

Ricardo Robles SJ, acaso el que mejor conoce la realidad de la Sierra Tarahumara, cuenta cómo los Rarámuris, que trabajan con el corazón puesto en la comunidad, recientemente dieron un golpe fuerte a las simulaciones gubernamentales. Ellos lograron realizar una consulta (que pudo extenderse por las rancherías dispersas que salpican los cañones de la Sierra Tarahumara), cuyo resultado fue el rechazo a la contrarreforma Cevallos-Bartlett-Ortega. Porque los pueblos Rarámuri, Rarómari y Odani son botones de la feliz muestra de la lucha por la palabra. En mayo del año 2001, escribieron al Congreso de Chihuahua. “No estamos de acuerdo con lo que se aprobó… no se reconoce la autonomía de nuestros derechos a ser pueblos indígenas diferentes, mas no diferentes a ser ciudadanos mexicanos… pedimos que nos den un espacio para dar nuestra palabra, nuestro pensamiento… nosotros de por sí hemos vivido desde siempre sin respeto de nuestros derechos y cultura indígena.”

Los políticos, como era de esperarse, no escucharon. Los trataron con desprecio, racismo y prepotencia, es decir, con el modo de los políticos profesionales. Les dijeron que no había dinero para hacer una consulta con los pueblos. Los indígenas respondieron: la haremos nosotros. Y como los indígenas cumplen su palabra, a diferencia de los políticos, hicieron la consulta. Durante seis meses, sin más recursos que su digno corazón, recorrieron la Sierra Tarahumara y lograron la consulta más amplia y más confiable que se haya realizado jamás en esas tierras. Seis municipios, 64 comunidades y 4 mil 567 firmas o huellas digitales que decían “NO” a la ley Cevallos-Bartlett-Ortega. Cuando llevaron los resultados, en el congreso de Chihuahua les dijeron: “¡Ustedes no saben nada!”

Ciertamente se puede reflexionar sobre la incapacidad del Poder para escuchar, pero aquí se trata de señalar la capacidad de los pueblos indios para dialogar, para la palabra. Y por el camino de la palabra se encuentran a sí mismos, su historia, su cultura, sus dolores, sus esperanzas. Y también encuentran al otro…

Por ejemplo al Tepehuano en Durango y Zacatecas. Sí, en la Zacatecas del precandidato a la Presidencia de la República, Monreal, donde para las mujeres indígenas y no indígenas no hay más ruta que la prostitución, donde existe el mercado negro de dólares más grande de México, donde aumenta la tasa de suicidios, incluso entre los niños, donde proliferan las maquiladoras y la migración a Estados Unidos.

Y en Durango, los pueblos indios del norte de México encuentran la mano y la mirada de los Wixaritari. Los Huicholes se convierten así en un puente que une lo que la lógica perversa y cruel del capital separa: la resistencia indígena.

En lo que se llama la región Centro-Pacífico (pero que en realidad trabaja también con el norte, sur, golfo y sureste de México) se han generado varios encuentros de médicos, participan contra la bioprospección, contra la certificación de médicos, contra las consultas espurias del INI. Algunos de los pueblos luchan con amparos contra la reforma constitucional, otros en controversias, pero siempre acompañan esto con la construcción cotidiana de la autonomía, del autogobierno indígena.

Si algo tienen en común estos pueblos, además del color que son de la tierra, es que sus voces se reivindican como de las comunidades y le dan peso a comisariados, a autoridades tradicionales y a los comuneros y comuneras.

En Jalisco y Nayarit, los Wixaritari están empeñados en seguir ganando juicios contra los invasores, pero al mismo tiempo buscan fortalecer la orilla de su territorio, para que no los vuelvan a invadir. Resienten la intromisión de la luz eléctrica y de las carreteras, de la posible contaminación con maíz transgénico, e insisten en tener una educación con contenidos propios. Son varias las acciones concretas que están emprendiendo. Por un lado, las autoridades comunales y tradicionales (en la Huichola ambas palabras caminan de acuerdo) de San Sebastián y Santa Catarina (dos de las grandes comunidades agrario-religiosas huicholas) emprendieron durante 15 días, cada una por un lado, pero de acuerdo, una caminata alrededor de su comunidad, sobre la línea límite de su territorio, pasando por encima de tierras invadidas por caciques, narcotraficantes, lo que fuera, para ora sí que pintar su raya y afirmar que de ahí nadie los iba a sacar y en cambio, ellos sí sacarían a quien los estaba invadiendo. Para eso, fueron abriendo, con topiles, una brecha de tres metros de ancho en la que quedó marcado el límite real de su comunidad. Hicieron realeos en los terrenos ya recuperados y se llevaron a las vacas, toros, mulas y caballos a sus corrales para que los pasen a recoger los mestizos, previo pago de multas que les imponen.

Pero la “modernidad” también se subvierte. Grupos de indígenas, equipados con sistemas de posicionamiento global, rectificaron los trazos de la brecha de acuerdo con los planos. En el camino fueron recogiendo historias de amenazas, maltratos de los invasores hacia las familias que viven en la línea (y que tienen el encargo de vivir ahí para defender la orilla). En uno de los parajes detuvieron a dos huicholes de los que se supo habían sido los sicarios contratados por narcos para victimar, hace como seis meses a una familia huichola a la que le quemaron su casa y colgaron a dos de sus miembros. Entonces las autoridades de San Sebastián, con la fuerza de los topiles, aprehendieron y amarraron a los asesinos y decidieron que no los iban a entregar al Ministerio Público. Afirmaron que no los iban a matar pero los mantendrían encerrados y los juzgarían y les aplicarían castigos de trabajos para la comunidad.

Los narcos y caciques supieron que se habían llevado a dos gentes que los podían delatar y dieron el “pitazo” al Ejército y a la Judicial, que peinaron la región durante varios días, pero no hallaron a nadie y nadie les dio señas.

El acuerdo entre autoridad comunal y autoridad tradicional en la Huichola es también otro acuerdo: el que se da entre jóvenes y ancianos.

Los Wixaritari, como luego dice, no están solos. Junto con la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos Indígenas (AJAGI) están echando a andar, con mucho éxito, varios almacenes comunitarios que compran al mayoreo los productos que necesitan las comunidades de afuera y los venden cooperativamente, mucho más baratos que las tiendas de la región. También iniciaron un programa muy innovador, en donde median- te talleres se concientiza a los jóvenes a cuidar que no haya incendios, que no se tale madera, que nadie saque recursos naturales, que no se deje basura y otras muchas acciones protectoras de la ecología.

¡Un momento! ¿O sea que los indígenas se organizan para evitar incendios, prohibir la tala de bosques y proteger los recursos naturales? ¡Pero si en la televisión dicen que son los indígenas los que están destruyendo nuestra ecología!

Pues sí, la televisión miente. Los pueblos indios no sólo defienden la tierra y la cuidan, también defienden y cuidan la solidaridad entre los seres humanos. En la sierra, lejos de los Teletones televisivos, se está construyendo en los hechos una red de personas de las comunidades que se comunican entre sí para echarse la mano en las emergencias, en trabajos de lectura de mapas, de apagado de incendios, y esto ha creado tal revuelo que ahora no pasa casi nada en la Huichola sin que se entere toda la comunidad, pese a la dispersión natural. Son ellos los que investigan qué ocurre y corren la voz. En fin, que avanzan y rápido en la creación de un sistema de seguridad civil comunitaria no sólo para delitos, sino para todo tipo de emergencias, totalmente autónoma, o sea sin “Plan DN-III”.

Hace unas semanas, en el fondo de una barranca en la Huichola, se reunieron casi 2 mil comuneros después de caminar hasta dos días. Mientras los kawiteros (oficiantes de las ceremonias) cantaban al modo wixaritari, la asamblea discutía y acordaba los caminos del buen gobierno… y de la solidaridad con otros hermanos. A esta reunión asistieron indígenas de Morelos, Michoacán, Colima, Nayarit, Jalisco y Durango, y en donde todos los comuneros de base huicholes que pudieron asistieron, empujando fuerte contra la famosa consulta del INI. El resultado fue un documento beligerante que salió al paso contra la consulta antes de que ocurriera y que disuadió a los mareados de no participar. En el documento, entre otras cuestiones, se insistió en hermanar silencios con los indígenas zapatistas del sureste mexicano. Días antes, en Bajíos del Tule, se tuvo un encuentro internacional de pueblos indígenas. Ahí estuvieron los Samis de Finlandia, Miskitos, Garifunas, Kunas, Amuzgos de Xochistlahuaca, Nahuas de Jalisco y Wixaritaris.

La Sierra Huichola. Un venado azul se asoma y la nube levanta el vuelo al cielo de los wixaritari, mientras un violín inicia una tonada: “Ya se mira el horizonte…”

Y en el horizonte aparece el cielo de Michoacán, el que ahora brinda cobijo y enseñanzas a la nube-piedra.

Michoacán es la tierra del llamado “Corunda Power” del Partido Acción Nacional, formado por la familia Calderón. Por un lado está el ex coordinador de los diputados panistas, Felipe Calderón Hinojosa. Felipillo, que sueña desde hace tres años con despachar en Bucareli, será enviado en breve a Banobras (el señor Calderón tiene acusaciones de malos manejos financieros en la fracción parlamentaria del PAN, así que tiene “experiencia” para dirigir un banco). Un puesto burocrático para quien nunca ha dejado de ser un burócrata.

Felipe Calderón, que sueña con emular a La Coyota Fernández de Cevallos, decidió no competir por la gubernatura de Michoacán frente a Cárdenas Batel, cuando supo que una parte de la estructura de Amigos de Fox en ese estado apoyaba al candidato perredista.

También del “Corunda Power” es la senadora María Luisa Calderón. La Calderona, como la conocen los zapatistas y los no zapatistas, famosa por su actitud despótica y su lenguaje de lenona, es una de las senadoras más incompetentes e ignorantes (lo que, en el caso del Senado, ya es decir bastante). La Calderona brilla también por su falta de inteligencia. Hace unos meses contrató a un tal Mario Maqueo, el cual se presentaba, ante los estúpidos del Senado y del gabinete foxista, como alguien que “buscaba romper la inercia de la carencia de diálogo entre el zapatismo y el gobierno”. El señor Maqueo vendía un cuento viejo: existían divergencias en el EZLN y había una posibilidad de que un ala del zapatismo quisiera reanudar el diálogo. ¡El sueño del gobierno y de los partidos políticos! ¡El EZLN dividido! Por supuesto que el cuento se vendió bien y caro, porque el gobierno gusta de comprar mentiras (claro, también de venderlas). Entre los absurdos que vendió el señor Maqueo estaba el que conocía al “Procurador de Derechos Humanos del EZLN” (¡¡!!), el cual despachaba en… ¡Comitán, Chiapas! De servir a esa muestra de delicadeza y finura que es La Calderona, el señor Maqueo pasó a las órdenes de otra persona fina y delicada (y con el mismo coeficiente intelectual): Santiago Creel.

También en Michoacán están: una de las secciones más combativas del sindicato del magisterio, la Sección 18; la Casa del Estudiante “Lenin”; los estudiantes de la Normal de Tiripetío, trabajadores del INEGI; el sindicato de empleados de la Universidad Michoacana; sociedad civil de Uruapan; vendedores ambulantes; El Barzón; la CNPA y más.

Hay, en muchos michoacanos, la sensación de que no hay cambio. El gobierno local ha venido haciendo alianzas con grupos empresariales y priístas. Y las acciones de gobierno son las mismas que con el PRI, incluso no cambian ni los discursos.

En el gobierno de Michoacán, frente al movimiento indígena, se lleva adelante la misma estrategia que en el gobierno federal: se ha dedicado a tratar de romper las organizaciones empujando a todos hacia posiciones de gobierno con el espejismo del apoyo del gobierno. Y algunos se han tragado el anzuelo. El que no es diputado tiene puestos de funcionario y se les inyectan recursos gubernamentales a mitad con las fundaciones internacionales. “El gobierno quiere diluir la resistencia”, dicen, “hay mucha cooptación”. Hace poco incluso quisieron cooptar a algunos líderes purhépechas vendiéndoles la idea de una universidad indígena.

Pero el gobierno de quien primero traicionó sus principios, luego traicionó la verdad y después a sus amigos, a quienes acusó de mentirosos (sólo le falta ordenar la represión para ser un “político” completo), no ha podido conformar una base propia en las comunidades ni de la Meseta ni de las orillas del Lago, y mucho menos entre los nahuas de la costa de Michoacán.

Ahí están por ejemplo, la Unión de Comuneros Emiliano Zapata (UCEZ). La UCEZ tiene un trabajo muy consistente, no tiene nexos con el gobierno y sigue en su camino de defensoría agraria entre los comuneros de Meseta y Lago, sobre todo entre los de las inmediaciones del lago de Pátzcuaro.

En los suelos de Michoacán, los campesinos e indígenas de la UCEZ son los combativos, los presentes, los agudos, los gritones, a quienes siempre quieren encarcelar. Están en resistencia, pues, en Pátzcuaro, Zirahuén (donde les han encarcelado comuneros) y en Caltzontzin.

Hay también un movimiento que intenta recuperar comunalidad y hasta autonomía en toda la Meseta Purhépecha, agrupando principalmente a los municipios de Paracho, Cherán Carapan, Charapan, Nahuatzen y Zacapu, aunque también se pega Caltzontzin. En donde se ha notado su visibilidad es en el movimiento por la defensa de la medicina tradicional.

En escaso un año se han sumado comunidades y organizaciones que en su discusión y en sus demandas incorporan cuestiones de naturaleza común: defensa de la madre tierra, protección de los territorios comunales, exigencia de reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indios, rechazo contundente a la biopiratería, a la introducción de maíces transgénicos y a los políticas oficiales que prohíben el uso de plantas o reducen arbitrariamente el ejercicio de la medicina tradicional con el claro fin de favorecer a empresas transnacionales.

Es la gestación de un movimiento con múltiples caras, político pero apartidista, que se esparce por muchas geografías y que, sumado a otros movimientos, es expresión de una resistencia colectiva e individual, invisible todavía.

En este impulso han participado la Comunidad Purhépecha de Caltzontzin con su Centro de Desarrollo de la Medicina Indígena Tradicional de Caltzontzin y los Médicos Tradicionales de la Comunidad Purhépecha de Caltzontzin, la Comunidad Purhépecha de Cherán y su Grupo de Médicos Tradicionales Kurikua Ka Irekuarikua, la Unión de Comuneros Emiliano Zapata y la Organización Legado Purhépecha. También participan los comuneros de la comunidad purhépecha de Zopoco y un grupo de médicas tradicionales de las comunidades nahuas de la Costa de Michoacán. Entre sus planteamientos, que son los que más visibilidad les dan hacia fuera, está un pronunciamiento, la Declaración de Caltzontzin (junio del 2002), de la cual transcribimos algunas partes:

“Nos oponemos a todas las políticas de gobierno arriba enunciadas, a la prohibición decretada por el gobierno federal el 7 de diciembre de 1999 y a cualquier otra prohibición en el uso de nuestras plantas medicinales y en el ejercicio libre de la medicina tradicional por parte del pueblo de México. (…)

Los firmantes nos declaramos en justa y legítima rebeldía contra todas las prohibiciones existentes o que en el futuro se decreten en el uso de nuestras plantas medicinales y en el ejercicio libre de la medicina tradicional. (…) Denunciamos la ilegal negativa del Instituto Nacional de Migración para la internación a nuestro país de cinco delegados del Movimiento Indígena Tawantinsuyu del Perú con el fin de participar en este Segundo Encuentro, y preguntamos a la sociedad civil nacional e internacional si realmente existe una transición democrática en este país”.

A nivel de autogobierno de asamblea comunitaria, toda la Meseta está activa, pero están, salvo en esas reuniones mencionadas, muy para adentro.

Las comunidades que más despuntan son Cherán, Nurío, Angahuan, Caltzontzin y Santa Ana Zirosto -que ha estado peleando durante años por defender más de 5 mil hectáreas de la mejor tierra de la Meseta, siempre por la vía pacífica y legal, y pese a eso tienen más de 187 órdenes de aprehensión y nueve procesos contra el Consejo Comunal, que datan de los noventa.

También, sin que nadie lo note, vienen empujando los nahuas de la franja nahua de Michoacán, que abarca por la sierra y la costa de Guagua hasta Boca de Apiza, ya en la frontera con Colima, y que tiene en Cohuayana, Ostula, Aquila, Pómaro y Coíre sus principales enclaves. Tienen muchos problemas, pues están rodeados de narcos y están sentados sobre varios y extraños nuevos minerales, lo que los hace muy codiciados.

Se libra la nube del remolino que le enseñó una parte de la doble historia que camina en los pueblos indios: la del saqueo en el que son cómplices políticos y empresarios, nacionales y extranjeros, sordera y prepotencia, racismo y represión, pero también la de la palabra india que busca y se busca, la que habla y escucha, la que viene de lejos e insinúa el futuro, la de la resistencia y la rebeldía…

Desde las montañas del Sureste Mexicano

Subcomandante Insurgente Marcos.

México, enero de 2003.

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